
Roraima HALLAR EL MUNDO PERDIDO
Regresamos millones de años en la historia, descubrimos un paisaje remoto, encontramos un lugar inolvidable, caminamos hacia una presencia misteriosa… sí, coronamos la cumbre del Roraima
Texto y fotos: Johan Ramírez
Estábamos en Paraitepuy, ansiosos por comenzar la excursión. A lo lejos se veía el Roraima, El Gran Verde-Azul (su significado en lengua Pemón). Lucía inmenso y tan lejano que casi parecía inalcanzable. Nos rodeaban otros tepuyes no menos impresionantes: Kukenán, Wadaka, Ilú; y, al otro lado, La Gran Sabana extendida hasta el infinito. Desde allí comenzamos nuestra caminata de dos días, unas quince horas en total, hacia el encuentro con el pasado… una experiencia inolvidable, maravillosa, aleccionadora; fue comprobar que ésta, como muchas de las cosas importantes de la vida, se logran sólo paso a paso… así fuimos, a marcha lenta pero constante, a lo largo de 25 kilómetros muy irregulares, subiendo y bajando las cotas de un paisaje fabuloso. Recorrimos las venas de este mágico lugar mirando siempre nuestro destino, tan imponente y tan místico, que sólo nombrarlo emocionaba: Roraima… habíamos decidido ascender hasta tu cima.
Ánimo y paciencia
Las primeras horas de camino, del primer día, estuvieron llenas de energía. Sentíamos que era posible hacer todo el recorrido en un día, pero pronto nos dimos cuenta de que necesitaríamos mucha paciencia. Por momentos, daba la impresión de que por más que avanzáramos, no nos acercábamos ni un ápice a la montaña, y siempre, tras subir una empinada colina, se abría un valle gigantesco que amenazaba con robarnos el ánimo.
"Estamos realmente lejos", le decía a Alyzza, hija del guía y mi fiel compañera de camino, indígena hasta los tuétanos e invencible a la hora de resistir la marcha sin descanso. "Lazy boy!", me contestaba en el inglés que aprendió en Guyana.
| Visita al espacio |
Una vez sobre el tepuy, Alex nos guió en sorprendentes excursiones. Subimos al Maveric, una enorme montaña con forma de carro, y desde allí arriba -el punto más alto de Roraima- vimos un amanecer maravilloso.
Luego nos llevó a los fantásticos Valles de Cristales, llenos de un blanco brillante, donde caminamos sobre el suelo repleto de cuarzo. "Antes era mucho más bonito, pero la gente se roba el cuarzo y cada vez queda menos".
Después visitamos el Abismo del Norte, desde donde se puede divisar la selva de Guyana, y, finalmente, La Ventana, un sitio fabuloso. Desde allí vimos una de las imágenes más hermosas que se puedan contemplar. Las nubes estaban bajo nosotros, formando un piso blanco impecable, sólo interrumpido por la grandeza del Roraima y del Kukenán, que emergían de la nada con una magia indescriptible.
También sobre la cima nos bañamos en los jacuzzis naturales, fríos como agua de nevera. Visitamos La Cueva del Guácharo, y otro Valle de Cristales.
Tanto El Punto Triple -donde convergen las fronteras de Venezuela, Brasil y Guyana-, como El Foso -un hueco de diez metros de ancho por diez de profundidad-, quedaban a unas ocho horas de camino desde nuestro campamento. Por la lejanía decidimos no visitarlos, sino que preferimos hacer una excursión más corta para conocer otros atractivos.
En conclusión, caminar sobre la cima es como explorar un planeta lejano, fuera incluso de nuestra galaxia. Todo es absolutamente distinto, extravagante, sin parámetros de tamaños y belleza. |
En la vía nos toparíamos con dos ríos: el primero fue el Tök (o Tek, como lo rebautizamos en español), y tras una larga caminata, llegamos por fin al Kiu'nan (Kukenán), cuyo cauce se alimenta con las aguas de un salto con el mismo nombre, que, por cierto, mide más de seiscientos metros de alto. Allí paramos para almorzar, tras cinco horas de camino.
Repentinamente, el cielo se tornó gris y una fría brisa anunció la inminencia de la lluvia. Pero no fue una lluvia cualquiera la que se vino sobre nosotros, sino un aguacero incontenible con gotas que parecían lágrimas de gigantes. En medio de tan inusual paraje, referencia innegable de la prehistoria, con la fuerza del viento soplando sin cesar y los goterones que casi rompían las hojas de los árboles, aquello no parecía sino el comienzo del diluvio bíblico. Era atemorizante.
Sin embargo, tras diez minutos de chaparrón, todo volvió a la calma. El cielo se despejó, y emergieron de nuevo los formidables tepuyes, ahora más iluminados y limpios, como recién bañados…
Continuamos nuestro rumbo, tres horas más para recorrer cinco kilómetros hasta una explanada llamada "Base militar". Allí cenamos, armamos el campamento, y junto a una fogata pasamos largo rato conversando. Era una velada deliciosa. Finalmente fuimos a dormir, teniendo la oscura silueta del Roraima junto a nosotros. Esa noche, parecía, él sería el protector de nuestro descanso.
A la conquista
A la mañana siguiente, apenas abrí los ojos pensé en la montaña. Cómo habrá amanecido, me pregunté. En seguida salí de la carpa, y allí estaba, iluminada y oscura a la vez, haciendo con el sol un contraluz cinematográfico inigualable. Rayos se colaban por entre las grietas de la cima, proyectando unas luces muy hermosas. La imagen, sin duda, es imborrable.
Tras el desayuno nos pusimos de nuevo en marcha. Con nuestros morrales al hombro salimos con un propósito concreto: al cabo de varias horas, siete u ocho aproximadamente (dependía del clima y del ritmo que lleváramos), alcanzaríamos la cima de la montaña.
"Lazy boy!", me recriminaba Alyzza cada vez que pedía un descanso, mientras Alex, su padre y guía de la excursión, se convertía en el papá de todos los viajeros, atento a cómo estábamos, y a responder con rigor nuestras preguntas.
Al alcance de la mano
Aquella mañana divisamos muchos paisajes asombrosos. La Gran Sabana lucía espléndida, de un verde muy especial y adornada con nubes tan bajas que desde lo alto parecían estar al nivel de los árboles. Sin embargo, conforme avanzamos hacia el tepuy, una espesa niebla comenzó a cubrirlo. De pronto había desaparecido, tanto la montaña como el sol, y así nos sumergimos en "la base", un trecho muy boscoso y notablemente más cerca de la pared. Entonces, el deseo de tocarla se convirtió en el aliciente adicional que necesitábamos.
Después de un rato llegamos al Campamento Base, última parada formal antes de alcanzar la cima. Recargamos nuestros botes de agua en las quebradas que bajan del cerro, descansamos unos minutos y continuamos. Estábamos cerca, no había tiempo que perder.
Entretanto, Alex iba explicándome las características de cada flor, me mostraba los variados tipos de orquídeas, las plantas carnívoras, y los frescos arándanos que colgaban por doquier cual bolitas de Navidad.
Conforme avanzábamos, la rampa se hizo más empinada e irregular, lo que me ayudó a comprender que cada paso era importante, y más aún, necesario… como en la vida misma.
Cruzamos varias quebradas, seguíamos subiendo, y fue cuando apareció aquel muro impresionante junto a nosotros. Era un mole majestuosa.
Desde lo lejos parecía inaccesible, muy distante para intentar llegar hasta su encuentro, siempre lisa y como pintada de azul. Pero ahora, a escasos cincuenta centímetros de mí, se veía impenetrable, sólida, amarilla, rosada, anaranjada, salpicada de verde, irregular, antiquísima. Estiré, pues, mi brazo, como quien se mueve en cámara lenta, y la toqué. Es fría, húmeda, áspera… y parecía mentira que luego de tanto caminar ahora estuviera allí, tocando la pared del gran Roraima.
| Check list |
Preparado. Ascender el Roraima es una tarea muy exigente. Si decide aventurarse, es recomendable que entrene un par de semanas, trotando o subiendo alguna montaña varias veces por semana. Las caminatas son largas, y considere que deberá hacerlas cargando su propio equipaje.
Ayuda. Si usted no desea cargar su equipaje, o no puede hacerlo, puede contratar los servicios de un porteador indígena. Éste llevará su bolso, y a cambio deberá pagarle por cada día trabajado.
Empaque. Las noches en La Gran Sabana, y en la cima del Roraima especialmente, son muy frías. Es importante que lleve varios abrigos y chaquetas, así como monos, medias, guantes y gorro.
Priorice. Al empacar, sólo lleve lo estrictamente necesario. Recuerde que, durante las caminatas, deberá cargar su morral durante seis horas diarias. Tome las previsiones antes de salir, de lo contrario, llevará peso innecesario durante toda la excursión.
Importante. No olvide el protector solar, el repelente en crema,el jabón azul y el protector labial.
Atención. Durante el camino podrá bañarse en los ríos, por favor no contamine las aguas con jabones de tocador, champús o cremas de baño. |
El soberbio Kukenán también deslumbra a los visitantes |

Así luce el Roraima desde el río Tek |
Último tramo
Allí reposamos un poco, admirando la grandeza de aquella roca, y conversando con los porteadores: Miguel, su esposa y su hija, quienes cargaron los enormes bolsos que contenían los enseres de nuestro viaje.
Más adelante, incluso tras haber parado para almorzar a mitad de la escarpada, llegamos al Paso de Lágrimas, el tramo más difícil de todo el viaje. El terreno está muy inclinado, y uno debe caminar sobre grandes piedras sueltas, asegurando cada paso, pues una caída podría ser muy peligrosa. Para colmo, desde lo alto de la pared cae sin parar un suave rocío, a veces fuerte llovizna, que nos moja y humedece las rocas haciendo todo más complicado.
Finalmente lo superamos, y seguimos subiendo. Paulatinamente el día fue poniéndose brillante, y en un punto del ascenso, me senté a fotografiar una extraña formación que estaba aún más arriba de nosotros. Tomé un par de imágenes, y me di media vuelta. Entonces me topé con un hermosísimo paisaje. El Roraima comenzaba a descubrirse, se veía casi la mitad de la pared, pero lo impresionante era cómo las nubes se elevaban con rapidez, mientras abajo se exhibía la grandeza de la sabana, tan conmovedora como siempre. Era una recompensa exagerada por el esfuerzo realizado.
Sólo me senté a mirar, a deleitarme con esa vista tan fuera de este mundo. Al continuar la marcha, me percaté de que ya estábamos muy cerca de la cima. A lo sumo diez minutos. Entonces subí con renovados ánimos, impulsado por la inminencia de la conquista final. Parecía, en ese momento, que el pesado morral se aligeraba, y que el cansancio de las largas caminatas desaparecía de pronto. Y es que había divisado ya el final de la subida, algunos viajeros ya estaban arriba, sonrientes y admirados. Por fin llegué al tope, di el último paso sobre la rampa, y me paré sobre el terreno llano de la montaña. Habíamos conquistado a El Gran Verde-Azul, habíamos superado los obstáculos de su difícil ascenso, cruzamos una larguísima senda a través de la sabana, y ahora estábamos allí, a dos mil ochocientos metros sobre ella. Yo me sentía, literalmente, en la cima del mundo.
Nos felicitamos todos los viajeros: Víctor, Marilda, Belkis, Mayte, Thomas, Louise, Emily, Andrew, Alejandro; y allí estaban también sonrientes Alyzza, la tenaz caminadora y estupenda compañía, y su pequeño hermano Álvaro. Entonces se me acercó Alex, nuestro guía, y amable, como siempre, me estrechó la mano y me dijo: "Bienvenido, amigo mío: has llegado a El Mundo Perdido".
| Ni lo piense |
Llama la atención el deterioro que ha sufrido el tepuy a consecuencia del turismo. Visitarlo es maravilloso, y uno jamás entiende cómo alguien, en medio de tan conmovedora naturaleza, puede extraer la flora, romper las rocas, o robarse los cristales de cuarzo.
Mientras ascendíamos nos encontramos con Susana Rodríguez y Kike Villegas, quienes realizaron la excursión sólo con un propósito: devolver al Roraima un pesado cristal que un familiar había robado hace años. Gran ejemplo.
Así, durante las excursiones sobre el tepuy, evite dejar huellas de su visita. Proteja al Roraima, no lo maltrate. Ni piense siquiera en la posibilidad de extraer los cristales de cuarzo. Llevárselos es un delito, y a su regreso a Paraitepuy, las autoridades de Inparques revisarán sus pertenencias para verificar que no haya tomado ninguno. De haberlo hecho, usted será multado, al igual que el guía del grupo. Evite inconvenientes, y respete el ecosistema. |
Coordenadas
Aponwao Tours
El viaje realizado fue una cortesía de Aponwao Tours. Para reservar, consultar costos u otros destinos, puede llamar al (0289) 995.1175 / 808 8843, o escribir a info@aponwaotours.com. También puede visitar www.aponwaotours.com.
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