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Marisa Monte, Arnaldo Antunes
y Carlinhos Brown

Tres que
son uno

Raúl Chacón Soto

Tres de los mejores exponentes actuales de la música popular brasileña se unieron para hacer Tribalistas, un trabajo casi "casero" -número uno en su país-, repleto de bonitas canciones que los reflejan en sus actitudes ante la vida y el proceso creativo.

O tribalismo é um antimovimento
Que vai se desintegrar no próximo momento
O tribalismo pode ser e debe ser o que você quiser
Não tem que fazer nada, basta ser o que se é
-Tribalistas. Antunes, Brown y Monte

Brown con Antunes, Antunes con Marisa, Marisa con Brown. En pareja lo habían hecho muchas veces, y hasta en trío también, pero no tantas, ni con la misma intensidad como ahora... y es que hacer la música, entre ellos, parece ser un asunto de intimidad, de cercanía de los cuerpos, de las voces. Por lo menos eso es lo han querido dar a entender con su nuevo trabajo, Tribalistas, un álbum con canciones que tararean todos por aquellas tierras desde el pasado diciembre, y que se ha convertido en todo un fenómeno de ventas que, además, ha sido muy bien recibido por la crítica especializada, por la originalidad de su sonido, la sencillez de sus temas y la ausencia de falsas pretensiones. Un disco que, como ya algunos se han arriesgado a afirmar, recuerda mucho (por su potencial de trascendencia) a trabajos de otros grandes de Brasil como el de Os doces bárbaros, de Caetano, Gal, Gil y Maria Bethânia.
"Uno, dos, tres... que es uno". Así se expresa Carlinhos Brown cuando habla del nuevo disco. Uno, dos, tres... que más que un trío, o una trinidad, es una tribu. De allí lo de tribalistas, que no sólo da nombre al CD y a uno de los temas, sino que es el apelativo que los define como un colectivo dedicado a la creación musical, alejándose del protagonismo que les otorgan sus propios apellidos. Por eso están borrados sus nombres de la portada. Por eso, y, porque también es un trabajo que se aparta de lo que cada uno venía haciendo individualmente. Es, como ellos mismos lo han afirmado en algunas entrevistas, el resultado de un esfuerzo en conjunto, donde cada uno explora vías y caminos que no hubiera tomado por separado. Al final, es una rara avis dentro de la oferta usual de la industria discográfica, y no sólo por la calidad de su música (que se aparta de las tendencias actuales del pop brasileño), sino por la manera cómo fue concebido, por todo el proceso que implicó el acto creativo.
Más que un trabajo ex profeso para reunir canciones y armar un CD, se trató del encuentro de unos amigos que ya desde hacía muchos años habían venido trabajando juntos en muchos otros proyectos. En uno de los viajes que hizo Marisa Monte para participar en el último disco de Antunes (producido por Brown), se encontraron los tres en Salvador de Bahía (la ciudad del percusionista), y empezaron a hacer lo que siempre hacen cuando se encuentran... componer canciones, sólo que esta vez lo hicieron con mayor intensidad y por más tiempo: siete días juntos, guitarras en mano, redondeando temas que apenas empezaban con un trocito de melodía o con dos o tres frases muy bellas que necesitaban colocarse en alguna partitura. Al final, y casi sin darse cuenta, tenían 18 canciones en sus manos (y en sus bocas, pues no las dejaban de cantar la semana entera). El resultado (producto de la mixtura de los más variados ritmos tradicionales con sonidos modernos) les gustó tanto que pensaron que podían grabarlas. Pero no había ningún plan, ninguna fecha y así pasó un año hasta que se llevaron al estudio. El disco fue hecho con dos días de ensayo y trece de grabación. No necesitaron mayor tiempo para encontrar el sonido que buscaban, pues este ya lo habían encontrado cuando convivieron en Bahía. De allí el predominio de lo acústico, de la percusión gentil y de los arreglos construidos sobre la participación de las guitarras. También la incorporación de miles de soniditos producidos por los más variados instrumentos que Brown se empeñó en tocar (y que le otorgan un carácter fresco y diferente a la música) y la lograda relación entre las tres voces, principalmente el contraste que se establece entre los sonidos casi guturales de Antunes y el melodioso timbre de Marisa. Los tres hablan de intimidad, de fluidez, de diversión, de relajamiento, de pasarla bien, de ser cada uno lo que es. Por eso su manifiesto tribal, a la larga, no es ningún manifiesto, porque no hay doctrina, no hay patrón.
De los tribalistas quizás no se llegue a conocer ningún otro título ni habrá presentaciones en vivo (¿quién sabe?), pero quedará el registro de lo que fue su trabajo, pues los tres habían decidido grabarse durante toda la semana que pasaron juntos en casa de Carlinhos. Cuatro cámaras fijas y una móvil se encargaron de seguirles los pasos durante las 24 horas del día (ellos ni repararon en su presencia, pues siempre estaban allí), por lo que todo el proceso de creación está plasmado en imágenes. Quien adquiera el DVD podrá ver cómo surgían las melodías, quién agregaba determinada frase a la letra, quién alzaba su voz sobre las otras. Pocas veces se tiene acceso a tanta intimidad... uno... dos... tres... que empiecen a cantar...l

rchacon@eluniversal.com

LA TRIBU
Carlinhos Brown
Desde pequeño, en Bahía, fue un privilegiado percusionista que más tarde se destacaría también como compositor y vocalista. Más de 200 canciones suyas han sido interpretadas por diferentes cantantes, entre quienes figuran los mejores de la música popular brasileña. Su discografía incluye los CD's Alfagamabetizado, Omelete Man y Bahia do mundo: mito e verdade. Su nombre brilla no sólo en Brasil, pues en el plano internacional es considerado uno de los mejores percusionistas el mundo y uno de los más representativos exponentes de lo que se conoce como world music. Brown también creó un grupo, Timbalada, conformado por más de 120 percusionistas, en su mayoría jóvenes pobres de su ciudad natal.
Marisa Monte
Hija de Carlos Monte, uno de los directores de la escola de samba Portela, estudió percusión, piano y hasta ópera antes de que empezara su exitosa carrera en Brasil. Su primer álbum fue un éxito, pero más lo fue su segundo trabajo, Mais, que muestra sus primeras incursiones en la composición, y le permitió saltar a las plazas internacionales. En su tercer álbum, Rosa y Charcoal, deja en evidencia que lo suyo es mezclar los sonidos del pop con los ritmos tradicionales de su país. El éxito sigue con Memories, Chronicles and Declarations of Love y ahora con Tribalistas. Es, sin duda, una de las reinas de la actual MPB. Su música tendrá un receso, pues se está preparando para estrenarse como mamá.
Arnaldo Antunes
Es paulista, y tiene 42 años de edad. Desde los 80 empezó su carrera como músico, poeta, y, en general, como artista multi propósito (videos, performances y otros tipos de creaciones). Entre 1982 y 1992 fue integrante del grupo Titãs. Su carrera como solista incluye seis trabajos discográficos: Nome, Ninguém, O Silencio, Um Som, Focus y Paradeiro (este último su mejor trabajo). Ha compuesto también infinidad de canciones con otros grandes de la MPB, en especial con Marisa Monte, la chica con quien comparte la autoría de temas como Beija Eu, Volte para o Seu Lar y Alta Noite. Hasta finales de año ocupará su tiempo con la gira de Paradeiro que lo lleva a todos los rincones de su extenso país.


Ver también en Encuentros:
- José Manuel Raga. Acuático
- Mundo Madonna

 
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