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Hombre de mar

¿Un momento entrañable?
"Un atardecer, mar adentro en Pui Pui, en la península de Paria, esperando una ola".

Cuando está en aguas abiertas... ¿qué talento extraordinario le gustaría poseer?
"Me encantaría que se me active un chakra y me ponga la mente en blanco para no pensar; en cierto sentido lograr dominarla, pues sé que uno puede estar bien entrenado, pero el descontrol mental puede ser determinante".

¿Su mayor miedo en el mar?
"Un tiburón, pero uno está tan concentrado en la actividad que te olvidas de eso".

¿Qué récord le gustaría batir?
"No me gusta medirme. El récord se los dejo a otros. Para mí estos proyectos ponen a prueba las distancias que separan el simple instinto animal de alcanzar una meta con el hecho de haber encontrado tu espacio espiritual".

¿Algún amuleto cuando se lanza al agua?
"No hay alguno en especial… pero recuerdo que en la madrugada del día que iba a hacer el trecho marino Araya-Margarita me desvelé un poquito y en la cubierta recé dos Padrenuestros y un Ave María".

José Manuel Raga
Acuático

Adriana Gibbs. Foto: Guillermo Felizola

Este nadador de aguas abiertas no descansa su brazada. Tras cruzar el trecho marino que hay entre la península de Araya y la isla de Margarita, ahora planea un reto mayor: nadar desde la península de Paria hasta la isla de Trinidad.

Habla de modo parecido al ritmo que alcanza en las aguas; esto es, rapidísimo. Pero también sabe de pausas, de ese respiro que debe tomarse de cuando en cuando para poder continuar. El signo regente de José Manuel Raga es Cáncer -elemento agua- y, ciertamente, este joven de 31 años de edad fluye con naturalidad en lo acuoso. Primero disfrutó de la transparencia de las piscinas, luego se aventuró sobre una tabla a correr tras las olas, después aprendió a diseñar estrategias en equipo como jugador de polo acuático y desde hace cinco años se lanzó a mar abierto, donde está dispuesto a quedarse por buen tiempo: "La natación es un deporte aislante en el que uno se entrena dando vueltas y vueltas en un mismo espacio, sobre la base de un tiempo determinado. En cambio, en aguas abiertas se practica natación en contacto con el mar, el aire y el sol; se llega a una conexión total en que puedes estar nadando horas y horas, y lo disfrutas. De allí mi inclinación hacia esta disciplina".
Es fondista de aguas abiertas; es decir, se dedica a nadar extensas distancias en períodos largos de tiempo. Se inició en los caudalosos ríos Orinoco y Caroní, luego nadó desde la península de Araya (Morro de Chacopata) hasta la isla de Margarita (Playa Isleta), hazaña que lo convirtió el año pasado en el segundo venezolano en hacer esa ruta. Ahora se dispone a otra gesta: atravesar las aguas del mar Caribe que separan a Venezuela de Trinidad.
El recorrido que ejecutará el atleta es de 20 kilómetros -cerca de 11 millas náuticas-desde Punta Peña, en la península de Paria (Estado Sucre), hasta la localidad de Punta Entrada, en el suroeste de Trinidad. La fecha tentativa para tal expedición es el 10 de septiembre, día de luna llena: "Ese es el mejor momento para el cruce, porque la marea estará más baja y la lluvia aquietará el mar. Además, por ser esta zona de aguas calientes y de menor salinidad que la de Araya, el desgaste será menor", explica Raga.
El reto, sin embargo, no será fácil, ya que el hecho de cruzar aguas abiertas trae consigo importantes riesgos: "Quizás los dos más significativos son la presencia de animales grandes y el remolino que se forma en la zona llamada 'La Boca de Dragón', a consecuencia de la confluencia de la corriente del río Orinoco con la proveniente de la isla de los Testigos, al extremo oriente de las aguas territoriales venezolanas".
Por si fuera poco, el nadador también deberá sortear la presencia de la isla Chacachacare y la isla de Monos. "En ese punto el efecto de la corriente es grande; por eso, tomaré a esas islas como boyas; las bordearé por sus ensenadas, donde las aguas son más tranquilas, para desgastarme menos", señala sobre el mapa.

Boceto de retrato
Aunque le gusta el azul, Raga no ha dejado de pisar tierra. Es administrador y trabaja en la empresa francesa Lafarge. Describe su cotidianidad de la siguiente manera: "Si no estoy en mi trabajo, estoy nadando; si no estoy nadando, estoy en mi casa. Si no estoy en mi casa estoy en la playa, o haciendo windsurf". Más que deportista se considera un apasionado del deporte. Jugó en el equipo de fútbol del Colegio San Agustín, durante toda su primaria y secundaria. Las artes marciales también estuvieron presentes en su vida en esos años. "A ellas les debe su perseverancia y disciplina", afirma su entrenador Víctor Montero, al siluetear una suerte de perfil de su alumno: "Es una persona perseverante que se traza sus metas paulatinamente y lucha por conseguirlas. Para su próximo reto diría que, además, tiene a favor su resistente musculatura y el hecho de nadar bien; y en contra, su tipología que no es la propia de un nadador olímpico. El es de contextura fuerte y eso lo hace más pesado en el agua".
La rutina que Raga cumple religiosamente bajo la dirección de su mentor, en el Valle Arriba Athletic Club, consiste en un trabajo diario en la piscina -generalmente 4.500 metros estilo libre- acompañado en algunos días de la semana por trote, yoga, spinning stretching y masajes; éstos últimos con la finalidad de combatir el desgaste muscular propio de la natación y de ganar flexibilidad.
Uno de los puntos centrales en el nuevo entrenamiento es la respiración. "Ahora respiro por los dos lados, cada tres brazadas. Eso se traduce en un mayor ensanchamiento de mis pulmones y una mejor distribución de la carga respiratoria", destaca. No tiene un régimen dietético en especial, aunque tres semanas antes del reto deberá aumentar su consumo de carbohidratos. "Esto es para tener la reserva de combustible necesaria, a fin de concluir la prueba", acota Raga.

LA FECHA TENTATIVA PARA EL CRUCE ES EL PROXIMO 10 DE SEPTIEMBRE

Mirando atrás
Nadar en aguas abiertas tiene, al decir del atleta, una ambigüedad. "Puede ser relajante o muy estresante, dependiendo de una circunstancia tan puntual como el estado del tiempo". Lo dice por lo que ocurrió el pasado 31 de agosto, cuando nadó el arisco mar de la ruta Araya-Margarita. Ese día no amaneció en buenas condiciones, pero él decidió jugársela: "Fueron 12 horas, 11 minutos y 53 segundos nadando. En el recorrido nos desviamos cinco kilómetros de la ruta original. Eso se tradujo en el doble del esfuerzo previsto originalmente para llegar a la meta. Debido al oleaje, cada vez que una brazada calaba en el mar, la otra quedaba en la cresta, y cuando bajaba un brazo, el otro quedaba en el aire; eso me desgastó mucho. Durante dos horas estuve luchando contra la corriente, sin avanzar. Llegó un momento en que me dije: dejo esto y lo delego en ellos allá arriba; soy el ejecutante de una acción y punto. Que sea el entrenador el que diga si me debo o no salir". El sabía que Raga podía llegar y lo alentó a seguir. "Le debo muchísimo a Montero, por ejemplo, el hecho de que no me haya sacado del agua en el cruce. No sé qué impacto psicológico hubiese representado para mí una retirada del mar".
Completó el trecho y la experiencia representó todo un aprendizaje: "Pienso que mi actitud en el agua ha cambiado. Ahora cuando me meto en la piscina no me siento más fuerte o más débil, sino más bien relajado. El agua ya forma parte de mí".
Además de Montero, Raga estará acompañado por el mismo equipo que estuvo con él en la ruta Araya-Margarita, la cual tuvo un costo de casi seis millones. El aún no sabe con precisión cuando le costará esta expedición, dada las circunstancias actuales del país. La empresa donde trabaja, Lafarge, fue una de las instituciones que le ayudó en el patrocinio, y para la nueva aventura las gestiones están en avance. Trinidad aguarda por su firme brazada. l

agibbs@eluniversal.com


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