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Los muertos sí hablan
Max Haines
Cuando la declaración de una víctima
de asesinato es la prueba principal contra
los asesinos en un tribunal de justicia, el sensacionalismo y el
misterio están servidos
Cuando
se estaba construyendo el Canal de Welland, la península
del Niágara vio el nacimiento de un nuevo sector industrial
que atrajo a trabajadores de todas partes del mundo. La gran mayoría
se acostumbró a su nuevo entorno, y hoy día sus descendientes
son los líderes de los pueblos y ciudades de esa península.
En los años que sucedieron a la Segunda Guerra Mundial, varias
de estas personas seguían trabajando mucho. Esta es la trágica
historia de tres de esas personas.
Louis Nato, de 55 años, tenía una confitería
en Thorold. En esta pequeña ciudad industrial situada entre
St Catharines y las Cataratas del Niágara vieron la luz las
Papeleras de Notario.
Gracias a los clientes de esa fábrica y de otros de la zona,
Nato se ganaba bien la vida. Era un hombre campechano y querido
que, según decían sus amigos, nunca le había
hecho daño a nadie.
Elizabeth Johnson trabajó varios años ayudando a Nato
en su confitería, y limpiando su casa, que estaba en el mismo
edificio. La mayoría de la gente que conocía a Nato
tuvo la impresión de que se sintió muy herido cuando
Elizabeth se casó con George Popovich en enero de 1945.
Algún tiempo después, probablemente alrededor de la
medianoche del 16 de junio de 1946, Elizabeth y George fueron a
la confitería de Nato. Con algún pretexto, consiguieron
que les llevara en su vehículo Pierce-Arrow de 1932. Una
vez fuera de la ciudad, Nato recibió un violento golpe en
el ojo. La extraña arma empleada fue el tacón de un
zapato femenino.
El golpe dejó cegado a Nato, quien no pudo describir bien
el segundo golpe recibido en la cabeza, que le dejó inconsciente
contra el volante.
Quitaron las llaves del vehículo y sacaron a Nato de él.
Le pegaron patadas en el pecho y en la cabeza. Le quitaron los pantalones
y le robaron 283 dólares de su bolsillo.
Sus agresores volvieron a meter en el automóvil a Louis,
quien estaba prácticamente inconsciente. Unos minutos después,
se detuvieron abruptamente y volvieron a sacar a Nato del vehículo.
Esta vez le ataron una pesada cuerda al cuello y las piernas, mientras
le daban patadas y le golpeaban.
Abandonado, este valiente hombre consiguió desatarse y luego,
arrastrándose, llegar a una tienda adyacente a la suya.
Su amigo y vecino, John Rinsky, le abrió la puerta y Nato
le instó a que llamara al jefe de la policía.
Dennis Harold, el jefe de la policía de la ciudad, llegó
al lugar donde estaba Nato. El hombre había recibido una
paliza monumental, insistió en llevar a Harold al lugar de
la agresión antes de recibir atención médica.
El Pierce-Arrow fue localizado el día siguiente. En él,
encontraron la libreta de ahorros de Louis Nato y una toalla ensangrentada.
En el hospital, Nato sabía que iba a morir. Así se
lo dijo a su médico y a su enfermera. También les
hizo una declaración, diciendo que Elizabeth y George Popovich
habían sido sus agresores. Seis días después
de su terrible agresión, Nato falleció.
Elizabeth y George Popovich fueron inmediatamente acusados de asesinato.
La gente de la zona estaba muy irritada con la pareja. Durante sus
múltiples apariciones ante el tribunal, se congregaba mucha
gente. En una de estas ocasiones, un amigo de Nato, Sam Petri, agredió
a Popovich con un bate de beisbol que llevaba escondido debajo del
abrigo. Consiguió asestarle a George un golpe en la espalda
con el bate antes de que le controlara la policía. Petri
fue detenido pero como a las autoridades les pareció que
no ganarían nada llevando a más el tema, lo soltaron.
Los Popovich no sólo decían que eran inocentes del
asesinato, sino también que no sabían nada de la agresión.
Sostuvieron que estuvieron en una parada de taxis en Welland mucho
tiempo, hasta más tarde del momento en que se produjo la
agresión de Nato. El dueño del taxi dijo que habían
estado allí pero que se habían marchado mucho antes
de lo que habían dicho.
Al final, el jurado vivió la extraña experiencia de
oír a la víctima de asesinato hablar desde la tumba
en boca de su médico y su enfermera.
En virtud de la legislación canadiense, la declaración
que el fallecido hizo moribundo fue consideraba igual que la realizada
bajo juramento ante un tribunal. No fue considerada testimonio de
oídas y fue declarada admisible.
El jurado tan sólo deliberó durante poco más
de una hora y media
antes de dar su veredicto de culpabilidad. Los Popovich fueron sentenciados
a la horca. Todas las apelaciones fueron desestimadas.
En un frío y tempestuoso 5 de diciembre de 1946, en el patio
de la Prisión del Condado de Welland, Elizabeth y George
Popovich fueron ahorcados. l
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