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Hecho a mano
El queso de cabra artesanal en Venezuela
está en muy buenas manos. A la vista
de los comensales en variadas presentaciones, es cada vez más
solicitado en
los mejores restaurantes del país. Los de la pareja Padial
Guerón son irresistibles... siga leyendo y entenderá
por qué. Idalia De León.
Fotos: Contratipo

El queso de cabra es el más antiguo
que registra la historia. La Biblia es generosa en referencias
sobre este manjar blanco que a todos gusta. Sin embargo, el paso
del tiempo, la llegada e influencia de la revolución industrial
y los sucesivos cambios en los hábitos de consumo que trajo
en la sociedad, terminó por darle preferencia al queso elaborado
a base de leche de vaca, y relegando, al de cabra, a lo estrictamente
artesanal. Acá en Venezuela, una exitosa experiencia de esta
naturaleza procura otorgarle nuevamente la supremacía al
producto de la cabra. Desde hace unos ocho años, Eva Guerón
y José María Padial se aventuraron a criar la llamada
"vaca de los pobres", y sacarle provecho a su generoso
fruto.
Cuestión de riesgo.
"Cuando empezamos a hacer esto yo decía que quería
hacer los quesos que no podía pagar" dice, a manera
de chiste, Eva Guerón, secundada por su esposo José
María Padial. Pero la verdad verdadera es que llegaron a
esto de elaborar y comercializar queso de cabra artesanal no sólo
para darse un gusto de vez en cuando, sino más bien casi
por casualidad. Dicen que al principio los movió la curiosidad
pero también el deseo de hacer un producto único.
Actualmente, estos mismos impulsos los mueven todos los días
a ellos y al equipo de cinco personas que los acompañan en
esta gustosa tarea.
Eva nació en lo que era Checoslovaquia
(hoy República Checa), pero llegó a Venezuela en 1964,
después de haber vivido y estudiado Relaciones Internacionales
en Estados Unidos. José María pisó por primera
vez suelo venezolano en 1977, procedente de su tierra natal Argentina.
Ambos dejaron sus respectivos países por razones políticas,
pero acá se encontraron y otra circunstancia en común
-culinaria esta vez- los mantiene unidos.
El acontecimiento que marcó el inicio
de esta aventura artesanal fue el nacimiento, en 1997, de Elvira,
la primera cabra que nació en las tierras que tiene la pareja
en la localidad de Turgua. Ya para ese momento Eva preparaba queso
para consumo personal, pero, poco a poco, ella y José María
fueron madurando la idea de tomarse en serio lo de los quesos con
el objetivo de que la finca en donde habitan las cabritas fuese
auto-sustentable.
"Al principio tuvimos muchos fracasos
pero suficientes éxitos como para decidir seguir adelante.
Empezamos los dos solitos en casa, José María pasteurizaba
y yo me encargaba de incorporar los cultivos y cuajos. Yo me compré
un libro, Home Cheese Making, y con eso empecé. Después
me documenté mucho por Internet, donde además hay
grupos de discusión sobre el tema", explica Eva.
Sobre la marcha aprendieron que en la confección
de quesos entran en juego algunas variables difíciles de
controlar cuando se trabaja de manera artesanal. Así, y sin
darse cuenta, empezaron a desarrollar un sexto sentido y una sensibilidad
especial para lograr el equilibrio ideal entre cantidades, temperatura
y tiempo de maduración. "Tienes que estar pendiente
-enfatiza José María-, pasa un poco como cuando un
chef te da una receta, la preparas y no te queda igual. Con los
quesos artesanales pasa lo mismo. No siempre quedan exactamente
iguales. Y allí está su mérito, en ese toque
diferente, porque el problema de los quesos industriales es que
se estandarizan los sabores, el queso no madura, y en consecuencia
pierde calidad, con excepción de algunos, por supuesto, como
el Parmesano, o el Emmental".
¿Qué
cualidades tiene que poseer quien se dedique a elaborar quesos?
JM: "Esto es cosa de campesinos. Se necesita constancia,
paciencia, pues al principio nos equivocábamos, no nos salían
bien los quesos y decíamos ¿qué pasa, qué
pasa? También hace falta riesgo, animarse a salir al mercado
y competir con quesos franceses, por ejemplo, lo cual asusta un
poco".
EG: "Curiosidad y capacidad para
experimentar. Siempre decimos: ¿qué pasa si hacemos
esto o lo otro? Por ejemplo, el queso Neblina, el San Benito, el
Estrella, surgieron como producto de nuestra experimentación.
Creo que tuvimos el atrevimiento de hacer quesos madurados".
Hoy, la pareja comparte con los lectores de
Estampas la variedad de quesos de cabra que degustan los
comensales de varios de los mejores restaurantes caraqueños.
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Coordenadas
Como Eva Guerón y José
María Padial no tienen la infraestructura para la venta
directa de los quesos que elaboran, los ofrecen a los chefs
de algunos restaurantes caraqueños (Mockambo, Café
Atlantique, Malabar, Atar Creaciones Culinarias, entre otros)
y en
establecimientos como El rey David y Supermecado San Lorenzo.
Sólo dos veces al año,
usted puede comprarlos en el ya tradicional Encuentro del
Grupo
Turgua, que se realiza en el taller del ceramista Guillermo
Cuellar, ubicado en esa localidad mirandina.
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San
Benito
La capa de color negruzco que caracteriza su superficie la proporciona
el carbón pulverizado elaborado a partir de árboles
frutales de Turgua. Es un queso que con el paso del tiempo adquiere
un sabor similar al del azul. Se acompaña, regularmente,
con vinos fuertes.
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Cedral
Es un queso semi-madurado pariente del Cammenbert y es producto
de la mezcla entre las leches de vaca y de cabra. Lo bautizaron
Cedral porque es el sector de Turgua en donde mantienen la cría
de cabras. Su sabor, cuando se conserva en un ambiente húmedo,
es sutil, y el queso adopta una textura semilíquida en
su interior, de manera que al cortarlo, prácticamente
se desintegra. Cuando se conserva envuelto y en un ambiente
más seco, su textura es más uniforme y cremosa,
ideal para una tabla de quesos.
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Tepuy
Esta pirámide semi-madurada está elaborada con
100% de leche de cabra, cubierta de "ceniza" (carbón
pulverizado) y recubierta con una capa blanca. El Tepuy tiene
un sabor delicado y, a la vez, perfilado, que se va profundizando
a partir de las dos semanas. Según el tipo de maduración,
se vuelve más cremoso y picante o más denso.
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Fresco
Ideal para untar debido a su suave y dócil textura. Se
presenta también como ingrediente para ensaladas, salsas
y otros platos salados y dulces. Posee la virtud de que se puede
guardar por varios meses en el congelador, y una vez que se
decide consumirse se procede a su descongelación; sin
embargo, no se puede colocar nuevamente en el freezer, sino
guardarse en la nevera hasta un máximo de dos semanas.
Se elabora con 100% de leche de cabra.
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Neblina
Se caracteriza por contener una capa de carbón pulverizado
que lo atraviesa horizontalmente, la cual, al cortarse el queso,
adquiere una apariencia que evoca a la de la neblina. Es un
queso muy blanco elaborado con una mezcla de leche de vaca y
de cabra. Su sabor es delicado y, a la vez, provocador.
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Tronco
de ceniza
Cilindro de queso de 100% leche de cabra, inoculado y recubierto
con "ceniza" (carbón pulverizado de árboles
frutales). Joven, resulta suave de sabor y untable a temperatura
ambiente, pero rebanable cuando frío. A medida que madura,
el sabor se vuelve más perfilado con un marcado recuerdo
de Roquefort.
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Feta
en aceite
Este tipo de Feta continúa su maduración en aceite
de oliva extra virgen condimentado con diversas hierbas como
el tomillo, el orégano, el romero o el cilantro. Este
queso aporta los aderezos esenciales para suculentas ensaladas.
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Estrella
Pariente del Neblina, el Estrella Matutina tiene un aspecto
seductor, con su abrigo azul-grisáceo y su corona de
anís estrellado, ingrediente que también se incorpora
a la capa de carbón de árboles frutales que lo
atraviesa horizontalmente. Una experiencia gustativa delicada
y única.
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Douglas
Es tipo chedar y el nombre, Douglas, lo lleva en reconocimiento
de un amigo que alabó su sabor, pues apreció que
era "muy superior a los quesos franceses y que guarda mucha
semejanza con el Wensleydale". El color responde al extracto
de onoto. Tiene un tiempo de maduración que va desde
seis meses hasta un año. Es un excelente queso de mesa
que también puede ser rallado. |
Ver también en Encuentros:
- María Rivas.
Camaleónica
- El verano está
que arde
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