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María
Rivas
Camaleónica
Renovada y con nuevos bríos, la
voz de El Manduco, celebra 20 años de carrera artística
con el lanzamiento de una producción autobiográfica:
Acuador.
Idalia De León. Fotos: Dumont&Regalado
Una de las monjas del Colegio La Consolación
le dijo: "Rivas: ¿en cuál universidad vas a estudiar?
¿En la Bolívar o en la Católica?". Y ella
le contestó: "No madre, yo voy a ser misionera en la
India". También, por aquella época un profesor
de música le espetó: "Usted tiene una pobre voz
blanca, jamás será cantante". Se traumatizó
por un mes. María Rivas no llegó a ser misionera,
y eso lo sabe todo el mundo, pero sí una popular cantante
(una de las razones de esta entrevista), pero lo primero, como se
verá en este texto, es un camino que la acompañó
y que la acompaña siempre.
Grabó seis discos, interpretó
jazz en la Caracas nocturna de los ochenta, puso a todo el mundo
a cantar y a bailar el sugerente ritmo de El Manduco, y se
sintió cómoda con la salsa de El Motorizado.
Un currículo paralelo da cuenta de que la mezzosoprano, "con
pinta de soprano", está cerca del misticismo desde los
siete años cuando experimentó un sueño repetitivo
en el que besaba a Jesús en la mejilla; que practica la meditación
desde los 13 años y que dio clases de yoga en la Cárcel
de Los Teques, y en el Instituto Nacional del Menor; por no mencionar
sus habilidades en otro terreno como el dibujo, que la llevaron,
a los 17 años, a ilustrar los figurines de moda de los suplementos
de Sears.
María Rivas es una menuda catira ojos
claros que se siente "negra por dentro, y bien negra".
Hija de gallega y de papá oriental, de Caicara de Maturín,
"indio, como me decía él, de la estirpe chaima
de las Cuevas del Guácharo", por sus venas también
corre sangre negra de la península de Araya. Con 45 años
confesos sin rubor, está de plácemes por el lanzamiento
de su nueva producción que lleva por nombre Acuador.
Un disco producido por Miguel Chacón, al que cataloga de
autobiográfico y que le llevó dos años cocinarlo
hasta lograr la sazón deseada. "El proceso político
del país me hizo esperar el mejor momento", aclara.
El nombre del disco lo buscó en el zodíaco, y es el
que representa a los nacidos a comienzos de año. "Yo
soy acuario".
"Es un disco con una nueva visión
de María Rivas, siempre tomando el ingrediente del jazz,
pero en esta oportunidad con un poco de trance, de hip
hop, de trip hop. Todas las letras son mías, menos
dos. Una es del Pollo Sifontes (Quisiera) y el otro tema
es de Evio Di Marzo (Sei tú sólo tú),
quien canta conmigo a dúo. El disco es también un
llamado al respeto a la mujer como parámetro primordial y
polar del varón en la nueva era, y así poder ser más
ecológicos. Las letras hablan de que nosotras somos diferentes
a los varones, de nuestro instinto de preservación, del amor
incondicional. En este disco hay una nueva voz de María Rivas,
yo digo que es la voz sin ego. Es un disco elegante, muy plástico,
muy artístico, y que no tiene nada que ver con El Manduco,
ni con El Motorizado".
Rivas también está de plácemes
porque ya tiene dos décadas de carrera profesional. Empezó
a cantar en su casa desde los 13, y a los 17 participó en
un concurso de voces femeninas y masculinas de Radio Capital
que amenizaba Gustavo Pierralt, y en el que el jurado estaba formado
por Frank Quintero y Delia, entre otros. Allí cantó
la canción de Aldemaro Romero Así eres tú.
Después recibió muchas ofertas discográficas
que no se cumplieron y luego, cuando ya se le había enfriado
el guarapo en relación con la música, apareció
el jazz.
¿Y
dónde quedó El Manduco, María?
"Cuando nos pusimos a crear El Manduco junto con Gilberto
Simozas, fue un reto a todas esas canciones de Diveana y Natusha
que estaban sonando en esa época, en las que había
una sexualidad un poco banal. Me dije que quería hacer una
cumbia o un merengue que tuviera una letra edificante. Algo que
fuera folclórico, pero también verdadero y no vulgar.
El Manduco se convirtió en un estigma, yo siempre
tengo que cantarlo. A él yo le debo mi casa, significó
la edificación de muchas cosas en mi vida. Gracias a esa
canción conocí el mundo".
¿Con cuál género te
sientes más cómoda?
"Siempre me ha gustado la música electrónica,
el jazz rock, la música pop, pero el destino me llevó
al jazz, el cual disfruto mucho. Pero ahora me encantaría
dedicarme al mundo del chillout, trip hop, el transmusic.
Me gustaría mezclar, por ejemplo, tambores venezolanos con
discomusic. Siempre me gusta experimentar".
¿Cómo hace María para
transformarse?
"Es una suerte de captación; como que veo, en el momento,
lo que está pasando. Eso es muy de acuario. Fíjate
que yo me puse a hacer unos raps, y en eso me llama Vagos
y maleantes para que le hiciera un rap para la canción
La bella y las bestias. Fue coincidencial, eso se llama energía
morfogenética, es como cuando te ves en el espejo y dices
'no me veo bien con ese pantalón pegado. Me gustaría
acampanado', y de pronto ves una revista y te das cuenta de que
es una tendencia que empieza a estar de moda. Yo creo que capto
eso, una suerte de telepatía colectiva".
¿Qué etapa vive la música
hoy?
"La música comercial vive un momento retrógrado,
un tiempo donde domina un aspecto animal, si se quiere, instintivo,
y casi primitivo. Por ejemplo, el mundo del reggaetón
es duro, fuerte. Yo estoy haciendo ahora una versión de El
Manduco en reggaetón para tratar de darle una connotación
más evolucionada, más sensual que sexual. Vivimos,
como dice el I Ching, el tiempo de los vulgares; es una historia
contemporánea vulgar en muchos aspectos".
¿Qué opinas de los programas
cazatalentos como Fama, sudor y lágrimas?
"No me parece mal que la juventud quiera ser cantante, artista.
Pienso que el planeta debe ser un gran parque de diversiones, un
inmenso Disney World. Se trata de ser feliz y de rescatar los valores
humanos".
¿Hasta qué punto llega tu
nivel de compromiso con lo ecológico?
"Es tan bello que mi primer premio fue el H. Phelps del ambiente,
cuando escribí la canción Hasta cuándo yo
no aguanto. En aquella época, cuando Aristóbulo
Isturiz era alcalde de Caracas, trabajé en los conciertos
ecológicos que limpiaron a la ciudad de punta a punta. Con
ese trabajo la gente empezó a desarrollar la conciencia de
reciclar. Es la experiencia más importante de mi carrera,
el hecho de sentir el valor de un artista cuando es bien utilizado.
Sigo con lo ecológico porque hago yoga, por mi deseo de ser
ecológica conmigo misma, de no ser hipócrita conmigo".
l
De
corazón
¿Para qué sirve la música?
"Para emancipar el alma, para sentirse feliz; es el lenguaje
de Dios. Los acordes son los estados del espíritu para
trascender".
¿Un lugar de Caracas?
"La plaza que estaba frente al Panteón Nacional
donde yo recibía clases de pintura con Pascual Navarro".
¿Un ritual en tu vida?
"La devoción. Siempre rezo. Todos los días,
de una u otra manera, le hablo a Dios. Ahora estoy haciendo
el rosario, sobre todo a partir de los últimos acontecimientos
que ha vivido el país".
¿Qué no falta en tu
nevera?
"Tomate".
¿El nombre de tu autobiografía?
"Una mujer emancipando a una mujer".
¿Qué cantante o música
buscas por instinto?
"Un negro".
¿Qué palabra define
a Venezuela?
"Como decía mi padre: 'Qué país,
qué paisaje, qué paisanaje'".
¿Tu duo ideal?
"Con Peter Gabriel".
¿El libro qué estás
leyendo?
"Textos sobre los gnósticos, La Biblia,
la cual siempre tengo en la mesa de noche y el I Ching.
El código Da Vinci me encantó".
¿Un lugar en el mundo?
"Los Himalayas".
¿El lugar preferido de tu casa?
"El jardín".
¿Una virtud?
"Creer en la felicidad".
¿Una película?
"La historia sin fin, Drácula de Coppola
y Relaciones Peligrosas".
¿Un defecto?
"Desordenada hasta la pared de enfrente. Soy experta
en hacer montañas de ropa en mi cuarto que van creciendo
como las estalagmitas de la Cueva del Guácharo".
¿Cuántas horas debería
tener el día?
"Deberían ser 30".
¿Quién te inspira musicalmente?
"En una época Led Zepellin, y Peter Gabriel cuando
estaba con Phil Collins. Después Al Jarreau, Elis Regina,
quien se explayaba en la libertad de ser una cantante irreverente,
era como una Janis Joplin latinoamericana. María Teresa
Chacín con Aldemaro Romero, éste último
representaba para mí la Venezuela en la que yo fui
feliz como niña; Sergio Mendes, Antonio Carlos Jobim,
quien fue el hombre más enamorado de la mujer en el
mundo
de la música; Ella Fitzgerald, de quien me encanta
su niño interno".
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