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Primos
asesinos
Esta es la historia de mujeres inocentes
que se encontraron con hombres malos.
Max Haines
David Alan Gore nació y creció
en el sur de Florida. Fue al Vero Beach High School y durante un
tiempo, trabajó como auxiliar de sheriff en el Departamento
del Condado de Indian River. En el medio, sirvió cortas sentencias
en prisión por ofensas contra mujeres.
El primo de Gore, Fred Waterfield, también
había sido un estudiante popular en Vero Beach High School,
donde ambos jugaban en el equipo de fútbol americano. ¿Por
qué estos hombres jóvenes decidieron asediar mujeres
como alguien perseguiría a una presa salvaje?, nunca ha sido
explicado. Sabemos que en 1979 estaban paseando por el Condado de
Indian River, intentando secuestrar a miembros inocentes del sexo
opuesto. Luego de algunos intentos confusos, Gore y Waterfield tuvieron
éxito en secuestrar a una mujer. La apuntaron con un arma
y anduvieron en auto hasta llega a un lugar aislado entre los famosos
naranjales del Condado de Indian River. Ambos hombres violaron a
su indefensa víctima antes de liberarla. La mujer informó
sobre la violación, pero los cargos en contra de los dos
hombres fueron retirados más tarde cuando la mujer se negó
a aparecer en la corte. Como los cargos nunca fueron presentados
en contra de ellos, nunca sabremos cuántas mujeres cayeron
presas de Gore y Waterfield en los 18 meses siguientes.
En 1981 Gore se unió al Departamento
del Sheriff del Condado de Indian River. Habiéndosele asignado
la patrulla nocturna, tenía un método seguro para
ganarse la confianza de las mujeres inocentes. Para endulzar el
pastel, su primo Fred le ofreció 1.000 dólares por
cada fémina atractiva que pudiera secuestrar y entregar.
Ying Hua Ling era una estudiante de secundaria atractiva. Su padre,
un inmigrante recién llegado a Florida, estaba empleado como
inspector de agricultura del estado. Gore siguió los movimientos
de Ying Hua durante dos días. Observó que estaba vulnerable
luego de bajar del bus escolar y caminar hasta su casa. Se acercó
a la chica. No fue difícil. Una muestra rápida de
su placa fue todo lo que hizo falta. Dijo que la llevaría
a su casa y le haría unas preguntas sobre un vago asunto
oficial.
Luego de la llegada a la residencia Ling, Gore
de alguna forma se asombró al encontrar allí a la
madre de Ying Hua, Hsiang Huaua Ling. Él sacó un arma,
esposó a las dos mujeres y las forzó a entrar a su
vehículo. En el camino a un punto alejado de un naranjal,
llamó a su primo Fred, avisándole que tenía
su entrega.
Cuando Fred llegó a la escena, no estaba
contento con Gore. Castigó a su primo por traer también
a la mujer mayor. Waterfield entonces violó a Ying Hua antes
de matar a la madre y a la hija.
A la mañana siguiente, los dos socios
pusieron los cuerpos de las víctimas en tambores y los enterraron
entre los naranjos.
Cinco meses más tarde, Judith Kay Daley
de 35 años, una recepcionista de un doctor de Belmont, California,
se convirtió en la tercera víctima del dúo.
La señora Daley estaba vacacionando en Florida cuando Gore
la vio caminando desde su carro hasta la playa en su traje de baño.
Gore abrió el capó del carro de Daley y dejó
el vehículo inoperante. Cuando la señora Daley regresó
a su auto, Gore amablemente le ofreció ayuda. Cuando no logró
arrancar el auto, sugirió conducirla hasta un teléfono
público. Ni bien ella se sentó en el asiento delantero,
Gore sacó un arma y esposó a la aterrorizada mujer.
Luego llamó a Fred, y le informó, "Tengo un paquete
para ti." Waterfield llegó, violó a la señora
Daley y abandonó la escena del crimen. Gore la asesinó
y arrojó el cuerpo en un canal lleno de cocodrilos.
Una semana más tarde Gore levantó
a una muchacha. El auxiliar asistente del sheriff intentó
llevarla a una zona descampada. La muchacha alerta sospechó
que algo no andaba bien. Saltó del vehículo del policía
y reportó su experiencia a las autoridades. Como resultado,
Gore perdió su empleo en la oficina del sheriff.
Sin poder mostrar su placa, era más
difícil que Gore persuadiera a las inocentes mujeres a que
subieran a su carro. En varias ocasiones, las mujeres rechazaban
sus ofrecimiento de asistencia. Finalmente, fue aprehendido con
armas en su poder y fue sentenciado a cinco años en prisión.
Gore estuvo de vuelta en las calles a los 18 meses.
En mayo, 1983, los dos hombres levantaron a
dos muchachas que pedían ayuda, Barbara Byer y su amiga Angelica
Lavalles, ambas de 14 años. Las muchachas fueron violadas
antes de que Gore les disparara en la cabeza. El cuerpo de Barbara
fue enterrado, pero su trabajo fue tan agotador que los hombres
decidieron arrojar el cuerpo de Angelica en el mismo canal en el
cual habían desechado a la señora Daley.
Cinco mujeres completamente inocentes cayeron
víctimas de las garras de los dos asesinos depravados. Todavía
habría otro asesinato final. Un hombre joven pedaleando su
bicicleta en Vero Beach no podía creer lo que veía.
Allí, a 45 metros, había una muchacha desnuda corriendo
por la calle y gritando. Corriendo detrás de ella había
un hombre grande de cara rojiza, también totalmente desnudo,
llevando un revólver. Mientras el hombre joven de la bicicleta
observaba, el hombre agarró a la chica y la arrastró
nuevamente a la casa. Una vez allí, sin dudarlo, le pegó
un tiro en la cabeza.
El hombre joven pedaleó lo más
rápido que pudo hasta su casa, donde le contó a su
madre lo que había visto. La mujer llamó a la policía.
Momentos después de haber recibido la llamada de la mujer,
la policía recibió un segundo llamado de un hombre
describiendo la misma inusual imagen de que había un hombre
desnudo disparándole a una mujer desnuda, pero el que llamó
dijo que el incidente había ocurrido en un naranjal a cierta
distancia de la casa.
Como el que llamó había usado
el número de emergencias 911, el llamado fue rastreado hasta
la casa. El dueño de la casa era un pariente de Alan Gore,
un ex convicto con un archivo de ofensas en contra de mujeres. La
policía teorizó correctamente que Gore había
realizado el segundo llamado en un intento fútil por llevar
a la policía al naranjal, dándole tiempo a escapar
de la casa. Sabía muy bien que el muchacho de la bicicleta
había visto lo ocurrido.
A los pocos minutos, un ejército de
oficiales de la policía había rodeado el escondite
de Gore. Uno de los oficiales notó que había sangre
chorreando del maletero de un Monaco blanco estacionado en la entrada.
Se abrió la tapa. Dentro, estaba el cuerpo de la estudiante
de la Vero Beach High School, Lynn Carol Elliott.
La policía le advirtió a Gore
que estaban a punto de usar gas lacrimógeno si no se rendía.
Eso fue suficiente para Gore. Salió de la casa con las manos
en alto. Una búsqueda en la residencia descubrió a
otra adolescente desnuda escondida en un armario. Le contó
a la policía que ella y su amiga Lynn Carol, habían
sido levantadas al pedir ayuda. Ambas muchachas habían sido
brutalmente violadas varias veces por Gore y Waterfield.
Waterfield se había ido inmediatamente
luego que Gore asesinara a Lynn Carol. Fue recogido sin incidentes
en un taller mecánico de su propiedad. En muchos casos, la
policía no conocía el destino de las mujeres que habían
desaparecido. Al haber admitido los asesinatos, Gore clarificó
muchos de estos casos. Fue capaz de llevar a la policía hasta
los cuerpos de sus víctimas.
Gore se declaró culpable por los asesinatos
de las Ling, la señora Daley, Barbara Byer y Angelica Lavalles.
Por estos crímenes fue sentenciado a cinco cadenas perpetuas
consecutivas. Por el asesinato de Lynn Carol Elliott, fue sentenciado
a muerte.
Fred
Waterfield se presentó a juicio también por el asesinato
de Lynn Carol Elliott. A pesar de que él no llevó
a cabo el asesinato, fue hallado culpable y sentenciado a 15 años
en prisión. Enjuiciado por el secuestro y asesinato de Barbara
Byer y Angelica Lavalles, fue hallado culpable y sentenciado a dos
cadenas de por vida consecutivamente.
Al pasar la sentencia, el juez que presidía
estipuló que Waterfield no debía ser considerado para
libertad condicional durante 50 años.
Una nota al pie inusual de esta tremenda saga
de Gore y Waterfield es la aseveración de Gore de haber renacido
religiosamente. Profesando ser un hombre nuevo, comenzó a
escribirse cartas con una mujer a través de una organización
de Amigos por Correspondencia Cristiana. La correspondencia eventualmente
desencadenó en amor. Esposado y muy bien custodiado, Alan
Gore se casó en la cárcel del Condado de Indian River.
Actualmente reside en la Prisión estatal de Stark, Florida,
y está condenado a muerte, y ha estado encarcelado durante
los últimos 21 años. l
Ilustraciones: David Márquez
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