Playas versus perfumes
Sí, perfumarse para echarse al sol es un
error. El alcohol que contienen la mayoría
de las fragancias se convierte en un
enemigo cuando entra en contacto con la radiación solar. El calor no sólo es capaz de alterar la esencia de un perfume, haciéndola más densa y pesada, sino que puede ser el agente principal de una fotodermatosis, caracterizado por picor, eritemas, granitos...
Manual de uso y disfrute
¿Hay que renunciar a nuestra esencia favorita
al ir a la playa? Depende. Porque no
es lo mismo salir de tragos nocturnos por los lugares de moda que echarse a la orilla del mar durante horas. Perfumarse es un ritual al que
no hay porque renunciar durante un asueto en el mar o la piscina, lo único que se impone es un cambio de gestos y costumbres.
El calor altera la esencia de un perfume volviéndolo mucho más denso. Si no quieres renunciar a tu olor personal, reduce la dosis al mínimo y úsalo sólo para salir
de noche. El sudor también puede alterar la esencia de una fragancia. En contacto
con la humedad, el alcohol puede provocar un problema de fototoxia.
No te apliques ninguna loción perfumada antes de exponerte al sol, ni siquiera la noche antes. Elige cremas sin perfume.
Las notas más frescas son las cítricas, acuáticas y las florales, por este orden.
La vainilla o el pachulí, muy presentes en las fragancias orientales, son por
el contrario las más densas; con el calor duplican su intensidad.
Versiones autorizadas
Si quieres evitarte cualquier encontronazo entre el perfume y la piel no tienes más
que sustituir tu fragancia por una versión adecuada para el calor y el sol.
Las aguas frescas sin alcohol permiten el uso sin consecuencias, incluso en la playa
o la piscina; hay quien dice que son excesivamente etéreas y no duran nada, pero eso es falso. La duración de un perfume no depende de su graduación alcohólica, sino de la concentración de su esencia y de la calidad de las materias primas de que se componga. Cuanto más “poder” tengan las notas de fondo, más durará su permanencia en la piel. Lo que sí es cierto es que pueden resultar más oleosas,
ya que la ausencia de alcohol en las formulaciones obliga a diluir los aceites esenciales en otro tipo de sustancias, que limiten su evaporación y la sensación al tacto es mucho más “pringosa”. El resultado olfativo puede parecer distinto entre una versión sin alcohol o con él, aunque mantengan la misma estructura aromática. La razón es que al modificar el excipiente de la fórmula —normalmente alcohol— las fragancias varían también su comportamiento.
¿Y en el pelo?
Algunas firmas han lanzado aromas especiales para aplicar directamente sobre el cabello. Usalas a placer, pero no olvides que su composición oleosa puede engrasar el cabello. Con los perfumes alcohólicos no te juegues la melena. El alcohol es un “deshidratante” nato de la fibra capilar, sobre todo si ésta ha sufrido algún cambio de color o forma. Si lo acompañas de rayos solares, cloro o salitre, puede provocar una catástrofe capilar: aspereza, falta de brillo, sequedad y encrespamiento. l
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