
foto: www.shutterstock.com/igor burchenkov
|
Superando el
TRAGO AMARGO
Al menos tres de cada cien venezolanos sufren de alcoholismo, pero la mayoría no recibe tratamiento porque niega su condición. Si usted o alguien de su familia bebe continua e incontroladamente, siga leyendo, porque la dependencia del alcohol es más peligrosa y común de lo que parece
Por Efraín Castillo
"Yo empecé a tomar desde muy joven. Cuando estudiaba, todas las celebraciones eran con alcohol. En ese tiempo sólo sufría grandes ratones o le daba un rayón al carro, pero nada grave. Con los años, la bebida llegó a ser una necesidad diaria. Era parte de lo que necesitaba para mantenerme activo y se generó en mí una dependencia tal que no me interesaba ninguna actividad que no estuviera rodeada de alcohol. A los 38 años tuve complicaciones físicas, me hospitalicé por mi propia voluntad porque no podía ni respirar y me di cuenta de que estaba siendo perjudicado. Había reconocido que tenía un problema y decidí parar. Sin embargo, creí que podía solo. Yo dije que no tomaba más y así estuve 10 años. Pero, en una oportunidad, tuve que hacer un brindis por mi trabajo. Estaba fuera de Venezuela, me tocó levantar la copa y aunque pude ponerla en la mesa, muerto de miedo me tomé un trago y, como no me pasó nada, terminé de tomarme la copita. Pensé que estaba curado. Regresando al país, pedí una botella de vino en el avión y me la tomé, y no me pasó nada. Así me pasé un año entero tomando solamente vino y, al poco tiempo, el alcohol era centro de mi vida. En dos años estaba fuera de control. Cuando me hospitalizaron nuevamente, acepté que era un alcohólico".
El testimonio es de Jesús, un profesional que ya pasó los 50 años de edad y que hace cuatro dejó la bebida. Como él, tres por ciento de los venezolanos sufre problemas de alcoholismo (de acuerdo a datos publicados en el website de la Organización Panamericana de la Salud, OPS) lo que quiere decir que, por lo menos, 840 mil habitantes de este país no pueden negarse a la bebida. Desde finales de los setenta, la Organización Mundial de la Salud tiene categorizado el alcoholismo como enfermedad bajo el nombre de "Síndrome de Dependencia del Alcohol". Lo define como un "estado de cambio en el comportamiento de un individuo que incluye, además del consumo incontrolado de bebidas alcohólicas, una continuidad de este consumo de manera no aprobada en su entorno inmediato, pese a las consecuencias directas que puede sufrir, incluyendo enfermedades, rechazo, perjuicios económicos y sanciones penales".
MUCHO MÁS QUE "RATÓN"
"El alcoholismo no tiene cura absoluta y siempre estará con uno. Puede detenerse y combatirse, pero exige una lucha permanente". Así reconoce Jesús su condición. "Tengo varios años sin beber, pero siempre seré alcohólico, como el diabético o el hipertenso. Alguien dijo que la relación con esta enfermedad era como una vela. Tú prendes la vela y cuando la apagas, deja de consumirse, pero cuando la vuelves a encender ya se ha derretido parte de la cera. Así es tu organismo. Yo detuve la enfermedad en el momento en que decidí volverme abstemio. Pero sabiendo mi condición, sé cuáles son mis limitaciones y todo el trabajo que tengo que hacer para mantenerme bajo control. De lo contrario, mi vida, como la vela, se va a consumir por culpa del alcohol".
Miguel Garassini, médico especialista del Urológico San Román de Caracas y presidente de la Asociación Latinoamericana para Estudios del Hígado, asegura que el consumo excesivo de alcohol es responsable de severas afecciones. "El alcohol puede producir la acumulación de grasa e inflamación del hígado y, después de 10 años de ingesta continua, puede conducir a una cirrosis hepática o a una hepatitis alcohólica. Ambas enfermedades pueden llevar a la muerte". El más reciente Anuario de Mortalidad del Ministerio de Salud registra que las enfermedades del hígado (con la cirrosis encabezando la lista) constituyen la décima causa de decesos en el país y produjeron el fallecimiento de más de 2.000 personas en el año 2006.
| "Hay que restringir el acceso al alcohol sobre todo a menores de edad... muchos de los alcohólicos comenzaron a beber cuando eran MUY jóvenes". |
Aunque Garassini aclara que no todos los alcohólicos desarrollan estas afecciones, advierte que esto no hace más positivo el panorama. "Se estima que hasta 25% de quienes consumen alcohol en exceso desarrolla cirrosis. Sin embargo, el licor también puede afectar el páncreas, generar problemas cardíacos, producir úlceras y otros daños gástricos, afectar el cerebro, generar demencia, sumando que los alcohólicos son pacientes desnutridos".
Además de esto, los alcohólicos están más propensos a sufrir accidentes de tránsito. Nuevamente según el Ministerio de Salud, las colisiones en carretera segaron la vida de más de 8.000 venezolanos en 2006. La mayoría de estos accidentes involucraron ingesta de licor. "El alcoholismo es un problema de salud pública que debería ser atendido con más fuerza -apunta Garassini-, porque produce afecciones físicas y sociales: lesiona las relaciones familiares y la productividad laboral, además de graves consecuencias psicológicas. Eso definitivamente repercute en el desarrollo del país y debería llamar más la atención de las autoridades".
Genética, entorno social, problemas de autoestima, depresión o ansiedad se cuentan entre los factores que pueden desencadenar el desarrollo del alcoholismo. Sin embargo, el caldo de cultivo está en buena parte relacionado con la cultura que hace del alcohol un invitado permanente en todos los ambientes. "En Venezuela, como en muchas partes del mundo -dice Jesús-, el alcohol es centro de las reuniones, acompañante de fiestas y amigo en la depresión". De hecho, según la OPS, el consumo promedio de alcohol por persona en el país es de nueve litros al año, el sexto más alto de toda América, además de que el inicio en el mundo de las bebidas se hace a muy temprana edad: seis de cada diez adolescentes venezolanos entre 14 y 17 años han probado el alcohol y 25% ha bebido al menos un trago en el último mes.
"Hay que restringir el acceso al alcohol sobre todo a menores de edad -señala Garassini-, porque está comprobado que muchos de los alcohólicos comenzaron a beber cuando eran jóvenes; también hay que promover un consumo responsable".
DEJAR DE BEBER = VIVIR
No es lo mismo tener vida que calidad de vida. Esta vieja máxima no es sólo un lugar común de los libros de autoayuda. Al menos así lo ve Jesús, para quien no fue el miedo a la muerte lo que le alejó del alcohol. "La primera vez que yo me hospitalicé estuve en terapia intensiva porque se me pararon los pulmones. Y yo decía que si hubiera muerto ni cuenta me hubiera dado. La segunda vez me diagnosticaron cáncer y estuve un año recibiendo quimioterapia. Me dijeron que podría morir, pero eso no me preocupó. Lo que a mí me hacía sentir mal era ese proceso de destrucción moral en el que estaba inmerso. El verme al espejo y darme cuenta de la torta que ponía. Eso para mí era estar muerto en vida. Es horrible sentirse como una piltrafa y saber que todo es consecuencia de algo que te domina como un esclavo".

foto: www.shutterstock.com/pavlovic A
|
La aceptación es el primer paso para salir del atolladero que supone el problema del alcoholismo, algo que Jesús define como rendición. "Aunque parece poco, es un paso importantísimo, porque en este juego macabro el alcohol es un enemigo que no quiere que te rindas, sino que desea mantenerte esclavizado. Y resulta que cuando uno se rinde es cuando gana, porque te liberas del yugo del alcohol. Por eso, lo mejor es decir 'No juego más'".
La próxima batalla es, entonces, tomar la decisión de buscar ayuda. "Parar de beber es la única forma de parar los problemas que el alcohol está causando en su vida -apunta una guía de la Academia estadounidense de médicos de familia publicada en www.familydoctor.org. Quizás no sea fácil parar. Pero sus esfuerzos serán recompensados con mejor salud, mejores relaciones con otros y un sentido de logro".
¿CÓMO PARAR?
Los especialistas coinciden en que una vez que el alcohólico ha aceptado su condición y decide buscar ayuda, el abordaje debe ser multidisciplinario y requiere mucho apoyo de su entorno. "Más personas entran en tratamiento si los miembros de su familia son honestos con ellas acerca de sus preocupaciones y tratan de ayudarlas para hacerles ver que la bebida les está impidiendo alcanzar sus propias metas", apunta el website institucional del servicio de salud estadounidense, www.nlm.nih.gov/medlineplus.

foto: www.shutterstock.com/yuri arcurs
|
Pero, ¿cómo iniciar la pelea? El proceso no es sencillo y debe incluir algunas actividades:
•La visita a un médico que evalúe las condiciones físicas del individuo y determine si necesita tratamiento para detener o contrarrestar los efectos que el alcohol haya producido en uno o varios órganos.
•La desintoxicación. "Lo más importante es la abstinencia alcohólica -apunta el doctor Miguel Garassini. Hay que sacar el alcohol de la sangre y eso es un proceso que lleva tiempo, pero es fundamental, sobre todo si ya tienes comprometidos varios órganos".
•Apoyo farmacológico. Durante la desintoxicación, suele presentarse en el alcohólico el llamado Síndrome de Abstinencia, definido como el "conjunto de síntomas que la gente tiene cuando deja de beber después de consumir alcohol por largo tiempo. Algunas personas pueden tener temblores corporales y sudores fríos, hasta episodios de delirio o psicosis", apunta www.familydoctor.org. Durante este período, deben administrarse medicamentos que alivien estos síntomas y mantengan seguro al paciente.
•El apoyo psicoterapéutico. Detrás del alcoholismo, puede haber baja autoestima, depresión, conflictos interpersonales y otros asuntos psicológicos no resueltos. "El tratamiento debe contener estrategias para mejorar la conciencia de la enfermedad, un programa de modificación de conducta y actividades de educación que ayuden al paciente y a la familia a comprender la enfermedad. También debe ayudar al paciente a redefinir su identidad y elaborar un nuevo proyecto de vida", apunta el psiquiatra Pedro Delgado en un artículo publicado en www.humana.com.ve.
•Rehabilitación y apoyo terapéutico grupal. La participación en asociaciones en las que los afectados reciben ayuda de personas que han sufrido los mismos problemas que ellos puede ser muy útil.
ALCOHÓLICOS ANÓNIMOS: HERMANDAD DE AYUDA
"Un destello de esperanza que sí funciona y cambiará su vida". Ésa es la primera invitación que hace en su página web la organización Alcohólicos Anónimos a quienes sienten que tienen problemas con la bebida. Fundada en 1935, en Venezuela funcionan 280 grupos de AA con 2.000 miembros en varias ciudades. "Alcohólicos Anónimos es una comunidad mundial y voluntaria donde hombres y mujeres de toda condición se reúnen para lograr y mantener la sobriedad. El único requisito para ser miembro es el deseo de dejar la bebida", apunta el sitio www.aanonimos.org.ve
Para Jesús, la ayuda de AA fue fundamental en su recuperación. "Yo creía que podía solo, pero no. Y en Alcohólicos Anónimos conseguí una hermandad que me escuchó sin que nadie me juzgara. La gente piensa que el anonimato del programa busca evitar la vergüenza que puede significar esta condición, pero lo bueno del anonimato es que nos une en torno a lo que nos hermana, que es el alcoholismo, y no alrededor de lo que nos separa, que son nuestras diferencias. Aquí hay profesionales, parqueros y obreros. Nadie te pregunta quién eres, de dónde vienes o si estás solvente. Sólo una sonrisa y ya".
| "Siempre tendrás la tentación del licor, pero estando en Alcohólicos Anónimos consigues las ARMAS para enfrentarte a ella" |
El autocontrol, la disciplina y la ayuda grupal son parte del programa de recuperación. "AA no promete resolver los problemas de su vida. Pero podemos enseñarle cómo vamos aprendiendo a vivir sin beber 'un día a la vez'. Nos mantenemos alejados de aquel primer trago. Si no nos tomamos el primer trago, no podremos tomarnos el décimo", agrega la página web.
Jesús resume el programa como uno de sus grandes éxitos de vida. "A estas reuniones todos llegan destrozados, pero luego ves a la gente recuperada. Es como un club del que todo el mundo sale triunfador. Pero para eso necesitas fuerza de voluntad, porque el mayor tratamiento es el fortalecimiento del pensamiento y el alma. Es eso lo que verdaderamente te permite mantenerte alejado del alcohol. Siempre vas a tener la tentación del licor, pero estando en el programa consigues las armas para enfrentarte a ella, de la mano de otros como tú, aprendiendo del fracaso cuando fracasas y entendiendo que si fallaste puedes volver a intentarlo. Y de eso se trata la vida". efcastillo@eluniversal.com
Cuando la
familia
también
necesita apoyo
"Uno es un alcohólico que no bebe, porque sufre las consecuencias de quien está esclavizado al alcohol". Éstas son las palabras de Beatriz, una ingeniera con tres hijos que vivió durante 25 años con un alcohólico y hace seis años decidió acudir a las terapias de ayuda grupal dirigidas a los familiares, organizadas por Alcohólicos Anónimos. "Yo me enfermé, sufría de hipertensión, dolores de cabeza y tuve un pre infarto. Cuando fui al médico me dijo que no tenía nada físico y que debía ir al psiquiatra, quien me habló de Al-Anon Familia y probé. Lo primero que me preguntaba era por qué estaba allí, si yo no estaba enferma, si yo no bebía. Pero fue duro aceptar que aunque no consumía alcohol, estaba en una relación dañina que además destruía a mis hijos. Cuando acudí a las reuniones y escuché a esposas, hermanos y otros familiares de alcohólicos, entendí que no estaba sola, pero lo más importante es que aprendí a entender a mi esposo. Supe que esto era una enfermedad y empecé a trabajar en resolver mis problemas. Antes creía que yo era la perfecta, que el borracho era el loco y resulta que yo también tenía problemas que con el programa aprendí a descubrir y a enfrentar. En Al-Anon te enseñan a aceptarte, a confiar, a descubrir tus defectos de carácter y a remediar todas esas cosas. Yo era controladora, irritable, y entendí que no podía controlar a nadie. Puse la casa en orden y las cosas empezaron a mejorar. Yo estaba como en una cárcel, rodeada de pura rabia, odio, vergüenza, dolor. Pero entendí que sí hay salida".
Aunque se separó de su esposo por otras razones, cree posible reconstruir los hogares afectados por el alcohol. "Si hay amor y fuerza de voluntad, puede salirse del atolladero. Aunque mi ex esposo sigue bebiendo, hoy lo veo con mucha mejor comprensión, trato de ayudarlo y orientarlo. Además, entendí el sufrimiento de mis hijos y los ayudé a superarlo y seguir adelante".
|
¿Cómo saber si necesita ayuda?
En varias páginas web están disponibles preguntas que pueden ayudarlo a dilucidar si usted o un familiar tienen problemas con el alcohol. A continuación, uno de esos cuestionarios, elaborado por la Universidad John Hopkins de Baltimore (Estados Unidos) y disponible en www.alaclibres.org:
1. ¿Bebe usted a solas?
2. ¿Se siente obsesionado por el deseo de beber en ciertos momentos del día?
3. ¿Desea tomarse una copa a la mañana siguiente?
4. ¿Ha sufrido amnesia a causa de la bebida?
5. ¿Ha tenido dificultades financieras por causa de la bebida?
6. ¿Compromete la bebida su posición o negocio?
7. ¿Es la bebida causa de ausencia en su trabajo?
8. ¿Bebe usted para reafirmar su confianza en sí mismo?
9. ¿Bebe usted para olvidar preocupaciones o molestias?
10. ¿Acepta su familia su forma de beber?
11. ¿Hace desgraciada a su familia el hecho de beber?
Si contestó afirmativamente a por lo menos cuatro de estas preguntas, pudiera tener problemas con el alcohol y tal vez sea tiempo de pedir ayuda. |
Fuentes consultadas
•www.aanonimos.org.ve
•www.paho.org
•www.who.int
•www.mpps.gob.ve
•www.tuotromedico.com
•www.familydoctor.org
•www.nlm.nih.gov/medlineplus
•www.humana.com.ve
•www.alaclibres.org
Coordenadas
•Alcohólicos Anónimos Venezuela.
Telfs.: (0212) 541.8894 y 543.2286.
www.aanonimos.org.ve
•Miguel Garassini. Médico especialista en afecciones hepáticas.
Urológico San Román.
Telf: (0212) 992.8313. |