EN LA ZONA MÁS ALTA DE LA TRINIDAD
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CHARLES BREWER CARÍAS
Es el explorador más importante del país. Tras 280 expediciones, su cuerpo está en la capital, pero él habita desde hace mucho en la ciudad de sus recuerdos
Por Johan M. Ramírez
Foto: Natalia Brand
"Vivo en una Caracas paralela"
Fue odontólogo por 20 años, estudió biología, psicología, filosofía y letras, pero nada de eso lo define. Él es y siempre ha sido un explorador irrenunciable. Con una sonrisa recuerda sus expediciones infantiles en la remota Caracas de hace 60 años, algunas a recoger cristales de cuarzo con pedacitos de oro en una quebrada que aún hoy corre bajo la autopista de Prados del Este; otras, a buscar renacuajos a las orillas del Guaire, o a curiosear a los matorrales de El Rosal o de Santa Rosa de Lima, donde había una laguna y siempre un montón de venados tomando agua. Era hermosísimo, uno casi puede imaginarlo.
Pero la urbe de 340 mil habitantes donde nació ahora es una metrópolis intensa, cosmopolita, en la que no sólo las personas sino también los carros se cuentan en millones. Sin embargo, él no ha movido ni un milímetro su ansiedad por la exploración. Ha realizado unas 280 expediciones en toda Venezuela, especialmente en Guayana, en el Parque Nacional Canaima, todas de carácter científico.
"Mi Caracas es distinta a la de muchos. Ninguna de las tentaciones que ella ofrece me son atractivas. Jamás he ido a un bar, no sé dónde se comen las mejores pizzas ni conozco de restaurantes, porque lo que me llama y me hace sentir niño de nuevo, no tiene nada qué ver con los altos edificios y el trajín de los autos", señala.
"Mi Caracas es distinta a la de muchos. Ninguna de las tentaciones que ella ofrece me son atractivas. Jamás he ido a un bar, no sé dónde
se comen las mejores pizzas ni conozco de restaurantes" |
De hecho, siempre ha vivido en los bordes de la capital para no dejarse atrapar por lo urbano. Su carro no tiene aire acondicionado ni radio, y él mismo, cada noche, duerme en un sleeping bag que tiende en el suelo junto a la cama de su esposa. "Lo hago para no depender de la vida de ciudad. Sé que es estoico, pero un explorador necesita disciplina", dice.
Asimismo evita al máximo salir en Caracas. Le resulta, pues, algo "infernal" y, además, siente que le roba tiempo para escribir y dar testimonio de lo que ha visto. Pero no siempre puede sortearlo y de pronto se halla en medio de su karma insufrible. Entonces le llegan visiones redentoras. Preso en el tráfico Charles Brewer Carías piensa en la majestuosidad del Roraima, del Auyantepui, del Sarisariñama o de La Gran Sabana, y toda molestia se diluye. "Tengo un millón de imágenes en la cabeza y así soy feliz, atrapado en mis memorias. Por eso vivo una Caracas paralela: yo habito en la ciudad de mis recuerdos", sonríe.
"Y creo que esta capital sería distinta si más gente conociera esos lugares. Me da lástima ver personas cuya diversión es mirar vidrieras. ¡Salen a pasear a centros comerciales!", dice alarmado.
Por eso quiso ofrecer a los caraqueños otras posibilidades, y cuando fue Ministro de la Juventud, en el gobierno de Luis Herrera Campíns, logró el cierre dominical de la Cota Mil para el esparcimiento de los ciudadanos y prohibió la publicidad de licores en vías de tránsito y medios de comunicación. "¿Qué sucede hoy? -cuestiona-. ¡Cuántas vallas hay en la autopista ofreciendo alcohol y utilizando mujeres semidesnudas para llamar la atención! ¡¿Qué le pasa a esta ciudad?!".
Y aunque le preocupa, su mayor inquietud está a kilómetros de Caracas, donde él yace sembrado desde hace medio siglo. Es que de joven vivió en el Amazonas con los Yekuana, se hizo uno entre ellos, aprendió su lengua… ¿Y cuánto tiempo se quedó allá, cuándo regresó? "Perdona la ambigüedad -respondió-, pero nunca lo hice, como nunca regreso de mis expediciones. Sigo en ellas: cada instante es un encuentro, un descubrimiento, una prolongación de la experiencia. Y así, créeme, no quiero volver jamás".
johan_ramirez3@hotmail.com
Asistente de fotografía: Anita Carli
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