| “Le preguntaron una vez a Utuais, el sufi:
-¿Qué es lo que te motiva a vivir con tanto entusiasmo y entrega todos los días?
Y él respondió:
-Cuando me despierto en las mañanas me siento sorprendido de estar vivo y no muy seguro de vivir hasta la noche. Por eso me maravillo cada vez que saco agua del pozo o corto un trozo de madera.
-Pero esto lo sabemos todos.
-Sí, lo saben, pero no lo sienten, así como nadie se puede embriagar a base de comprender intelectualmente la palabra vino”.
A veces me sorprende la incapacidad que sufrimos de reconocer y valorar todos y cada uno de los pequeños milagros que ocurren en nuestra vida diaria. Parece que estamos programados para ignorar las grandes manifestaciones de la Divinidad y, peor aún, preferimos fijar nuestra atención primero en los eventos o en las cosas negativas que suceden a nuestro alrededor. Hemos aprendido en muchos casos, desde pequeños, a valorar y a resaltar los problemas, las carencias, los errores, los fracasos, sin darnos cuenta de que al vivir de esta manera lo hacemos sintiéndonos tristes, desanimados, frustrados y desesperanzados con respecto al futuro.
Para la mayoría de nosotros no tienen nada de extraordinarias actividades tan sencillas como: levantarnos en la mañana, sacar agua de la llave o simplemente el hecho de sonreír. Pero cuando nos hacemos conscientes de estos milagros cotidianos se activa la magia, nuestro corazón se llena de asombro y por un instante dejamos de vivir adormecidos, como en piloto automático, revivimos esa capacidad de disfrutar y maravillarse que tienen los niños. ¡Te invito a practicar una forma diferente y más positiva de ver e interpretar la vida! En los próximos siete días dedícate a observar cada situación o evento que tengas que vivir, busca el elemento positivo y minimiza lo negativo. Esto implica dejar de quejarte, evitar juzgar o hablar de una forma pesimista, negativa o irresponsable acerca de la situación. Hacerlo te ayudará a cambiar y a mejorar tu actitud frente a la vida. En el reconocimiento de los pequeños milagros está la posibilidad de volvernos agradecidos con la Divinidad, la vida y sus leyes inexorables, las personas que de una u otra forma contribuyeron para que las cosas salieran de una mejor manera, y hasta contigo mismo por desarrollar la capacidad de verlo y poder disfrutarlo. Todo es cuestión de actitud, si nos ponemos a observar con detenimiento descubriremos un milagro en cada paso que demos, y veremos cómo la vida nos apoya para que todo marche bien. Es tan esplendorosa la vida que lo extraordinario se vuelve cotidiano y es ahí cuando los humanos lo damos por hecho y ni siquiera lo notamos.
Empecemos por el milagro de levantarnos cada mañana, ¿cuántas cosas tienen que funcionar bien para que esto pueda suceder? Detengámonos por un momento a observar la naturaleza en todo su esplendor: cómo comienza su frenética labor al amanecer y sigue haciéndolo durante todo el día y la noche, cumpliendo ciclos de manera perfecta. ¿No te ha sucedido muchas veces que después de salir de casa por alguna razón te devuelves y te das cuenta que dejaste la cocina encendida? O estás fuera y prendes tu celular coincidencialmente y te entra una llamada urgente de tu esposa(o) que está con el auto accidentado. O cuando encuentras unos billetes olvidados en una vieja chaqueta que te resuelven la vida. O esa supuesta enfermedad grave con la que debían hospitalizarte y que al final no fue más que una indigestión… todas esas cosas son pequeños y maravillosos milagros que te reconfortan y suavizan la vida. Es una bendición vivir un día nuevo en el que aparentemente no sucede nada especial, pero que transcurre lleno de pequeños milagros. ¡Aprendamos a reconocerlos, valorarlos y agradecerlos! Para recordar:
Mantén siempre una visión optimista de la vida. Minimiza lo negativo y dedícate a resaltar todo lo positivo, que también está presente, para suavizar la situación. No seas profeta de lo negativo.
Detén la película y disfrútala. Tómate unos minutos para observar, profundizar y reconocer tus sentimientos en un momento dado. ¿Has notado cuánto han crecido tus hijos o han florecido las plantas de tu jardín?
Bájale la velocidad a tus días. Generalmente vas con tanta prisa que te pierdes la posibilidad de disfrutar de todas las cosas buenas y especiales que ocurren en tu vida. Detente y siéntelas para darle más calidad a tus días.
Sé agradecido. Da siempre las gracias a todas las personas que te permitieron vivir la experiencia de una mejor manera. Agradece al señor Dios por todas las bendiciones y los regalos esenciales.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!l
HOLA, MAYTTE. Hace unos días pasé una pena enorme con un buen amigo y todavía no le he dado la cara. El me invitó a salir con su grupo y yo le dije que sí, pero en realidad no tenía ganas de hacerlo. Más bien decidí olvidarlo y acepté la invitación de otros amigos. El problema fue cuando nos encontramos en el mismo lugar más tarde. Yo me hice el loco y me fui sin hablar con él. Estoy consciente de que metí la pata y quiero arreglarlo, pero no sé como. JAR.
Con frecuencia hacemos algunas situaciones más grandes y graves de lo que son al no enfrentarnos a ellas para aclararlas y resolverlas. La única manera de solucionar este malentendido es hablando directamente con tu amigo. A algunas personas les sucede que por temor a la reacción del otro prefieren mantener la distancia hasta el punto de llegar a la ruptura de la relación. Lo más acertado en este caso es pedir disculpas y reconocer que hemos cometido un error, eso nos hace ganar el respeto y la consideración de los demás debido a nuestra honestidad y valentía. Te sugiero que lo llames y le des todas las explicaciones, incluyendo el temor a perder su amistad. Háblale de lo importante que es para ti y pídele que te disculpe. Estoy segura de que si es un buen amigo lo aceptará sin molestarse o perder la calma. Además, es posible que tu amigo se sienta más tranquilo al saber que ambos pueden hablarse con sinceridad sin afectar el sentimiento de amistad. ¡No dejes pasar más tiempo, llámalo hoy mismo!

QUERIDA MAYTTE: Tengo 25 años, estoy soltera y en la búsqueda de una pareja ideal. Todas mis amigas se han casado y sólo quedo yo. A veces me preocupa no tener a alguien para casarme, me siento deprimida y no quiero salir. Me gustaría, al igual que ellas, encontrar un buen hombre para tener mi casa sin tener que trabajar o preocuparme más. ¿Cómo puedo hacer para tener la misma suerte de ellas? MG.
Cuando buscamos una pareja para que resuelva nuestros problemas y carencias personales corremos el riesgo de tener una relación vacía, sin la fuerza para enfrentar y superar los momentos difíciles. Además, estar enamorados es indispensable para que se dé una relación verdadera. Yo te sugiero que dejes de buscar y te concentres en definir cuáles son tus metas materiales, luego haz un plan de acción para conseguirlas por tu cuenta. Ojalá esa persona llegue a ti cuando tengas definido el rumbo que le darás a tu vida, de manera que sea una persona afín con tu naturaleza y con tus sueños. Nuestra felicidad depende de cada uno de nosotros, pero al compartirla con una persona especial tenemos la posibilidad de hacerla crecer. Te sugiero que dejes de esperar por un príncipe azul que resuelva tus problemas y estés más abierta a conocer y compartir con las personas que te rodean. Reconoce las ventajas de estar sola temporalmente y utiliza ese tiempo para conocerte y estar lista para compartir tu vida sentimentalmente.¡Sé tú misma y ábrete al amor verdadero! Recuerda: para que una relación prospere y sea sana tenemos que llegar con la actitud de dar y no esperando recibir.

HOLA MAYTTE. Lo pensé mucho antes de escribirte, pero necesito un consejo tuyo. Mi hijo es un maravilloso estudiante, a pesar de que tanto su papá como yo nunca le hemos pedido que saque notas altas. El se exige demasiado y siempre espera salir sobresaliente. Si no sale como él espera se decepciona profundamente y nos cuesta mucho trabajo volverlo a animar. ¿Cómo puedo ayudarlo? M P.
Mientras más éxitos obtenemos más se fortalece nuestra autoestima, siempre y cuando nuestras expectativas no sean demasiado grandes. En el caso de tu hijo, su afán de perfección le causa una gran tensión y cuando no logra su meta, por alguna razón, se decae emocionalmente. Hay niños que se esfuerzan por obtener altas calificaciones para ganar así el reconocimiento y la aceptación por parte de algún ser querido, incluyendo a sus compañeros de clases. Vale la pena conversar con él para conocer sus motivaciones verdaderas, tal vez puedan bajar su nivel de exigencia aumentando las expresiones de cariño y respeto hacia él. Es bueno que le enseñen a ganar y a perder, a incorporar el fracaso dentro del proceso de alcanzar el éxito y a reconocer y a valorar el esfuerzo que realiza para conseguirlo, más que el resultado en sí. ¡Anímalo y reconoce su trabajo! A estos niños hay que enseñarles a disfrutar un poco la vida y a no tomarse tan en serio las tareas escolares. Evita preguntarle por el rendimiento de sus otros compañeros para no fomentar la competencia. La autoexigencia y la búsqueda de la perfección son causa de frustración y ansiedad. Resaltar otros aspectos de su personalidad puede darle más balance y ayudarlo a bajar su nivel de exigencia en el área académica. maytte@maytte.com
|