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Colores que alimentan

¿Cansados de pensar en cómo “disfrazar” los vegetales dentro del menú de sus hijos? He aquí unas opciones que de seguro no los dejarán mal parados en su afán por darles los mejores nutrientes a los pequeños de la casa. María Elisa Espinosa

Que mas estresante para unos padres —y mucho más para una madre, sobre todo si es de la categoría “mamá gallina”— que pensar en un menú diario para los hijos, especialmente cuando el reto es que cumpla con todos los requerimientos nutricionales del caso y, por lo tanto, que en el plato se incluya, al menos, un vegetal.

Pero sepa que sí es posible que un niño se vaya familiarizando con la remolacha, la espinaca, la zanahoria o el calabacín (por mencionar sólo algunas de las opciones), sin siquiera levantar sospechas de que se está comiendo “de ese monte raro”. O mejor aún, haciéndolo ver como lo más natural del mundo. Pues a todas estas, lo es.

¿Cómo lograrlo? El asunto es más fácil —y divertido— de lo que muchos puedan pensar. Una de las opciones es la arepa de color. Sí, como lo oye (o lee en este caso). Este es un platillo que llamará la atención no sólo del pequeño comensal, sino de toda la familia, al ser servido sobre la mesa del desayuno o, por qué no, de la cena, tratándose de un país como Venezuela donde la harina de maíz precocida suele ser el pan nuestro de cada día.

Simplemente lo que se requiere hacer es una masa con un licuado del vegetal que se elija, e incorporar a ésta un puntico de sal que le va muy bien, y otro de azúcar o papelón también. De allí al horno o a la arepera eléctrica. ¡Y el color se hizo! De seguro no se arrepentirá al probar estas tostadas de textura y sabor tan especiales.
La experiencia (siendo apenas una de las muchas razones por las que recientemente fueron merecedores del Premio a la Excelencia que otorga Venezuela Competitiva), la han podido vivir desde hace años los alumnos de la Escuela Canaima, en La Vega, Caracas, buscando con ello, precisamente, aportar mejores nutrientes dentro de un menú limitado por los pocos recursos económicos con que cuentan en esa comunidad educativa para garantizar religiosamente un desayuno, un almuerzo y una merienda de calidad para todo su alumnado.

Así lo explica Isabel Castellano, rectora de la institución, cada vez que le preguntan cómo fue que llegó a esta receta, aunque tampoco deja de darle crédito a la inventiva de Lutecia Adam (Laboratorio de la naturaleza 1 y 2), quien generosamente la ha asesorado en estos menesteres, y otros más.

Lo cierto es que, con arepas de auyama, espinaca, bledo, remolacha o cualquier otro vegetal cuyas características permitan convertirlo en una buena base para el posterior amalgamamiento con el maíz, en la Escuela Canaima (y por efecto multiplicador, en muchas familias de sus egresados o actuales estudiantes) la mesa suele estar servida con mucho color, pero lo mejor de todo, con mucha más calidad nutricional de la que se está acostumbrado a ver tradicionalmente en la mayoría de las casas venezolanas, según acota la educadora.

Pero las opciones no se limitan al maíz. También se pueden preparar panquecas —para muchos, una cosa impensable— de remolacha, por ejemplo, o de calabacín (¡con concha incluida!) o de zanahoria..., solitas o rellenas con queso rallado, quedando así muy bien entre quienes compartan la mesa ese día.

Las posibilidades son tantas como la disposición a experimentar nuevos sabores a través de estos dos menús que perfectamente se podrían disfrutar en un desayuno dominical en familia, o llevándolos en la lonchera como dignos sustitutos del rutinario sándwich. O mejor aún, como sucesores interinos de las muy calóricas y poco nutritivas opciones que generalmente reinan en las cantinas escolares. l

mespinosa@eluniversal.com

AREPAS VERSATILES

l Para cualquier versión que se escoja se procede de manera similar, más allá del vegetal seleccionado. Eso sí, siempre debe ir crudo.

l Lo primero es preparar con agua como base el licuado en cuestión (bien sea con hojas de espinaca, zanahoria, remolacha, etcétera). La proporción dependerá de la cantidad de arepas que se tenga previsto hacer. Como estimado, se puede trabajar con 1/2 de litro de agua para seis unidades medianas, colocando la cantidad de vegetal suficiente para lograr una consistencia ligeramente espesa.

l A dicho licuado se le coloca un punto de sal (en el caso de la preparación con espinaca se sugiere un toque de dulce para contrarrestar el amargo del vegetal, pero es opcional); se vierte sobre un bowl y, poco a poco, se le va incorporando la harina de maíz precocida hasta que adquiera la consistencia deseada. Esto es a gusto del consumidor, aunque se recomienda que el vegetal tenga suficiente presencia en la preparación.

l Se amasa la mezcla y se corrige con agua potable, de ser necesario; se hacen las bolitas y se aplastan tal como si se tratara de las arepas tradicionales. De allí pueden ser colocadas sobre un budare y/o pasarse al horno; también puede utilizarse una arepera eléctrica, para lo cual se recomienda una masa más hidratada.

PANQUECAS PARA REPETIR

l En este caso se utiliza la receta tradicional para panquecas pero sustituyendo la leche por el licuado del vegetal que se haya escogido.

l Basándose en la receta “Panquecas I” del libro Mi Cocina de Armando Scannone, los ingredientes y el procedimiento serían los siguientes:
3 huevos, 1/2 de cucharadita de sal, 2 cucharadas de azúcar, 3 cucharadas de mantequilla o margarina derretida, 1 1/2 tazas del licuado del vegetal seleccionado, 1 1/2 tazas de harina de trigo, 1 1/2 cucharadas de polvo de hornear.

l Batir los huevos en un envase grande, mezclar la sal, el azúcar, la mantequilla y el licuado, revolver bien. Agregar a esta mezcla la harina de trigo junto al polvo de hornear y mezclar nuevamente.

l Sobre una hornilla póngase a calentar un budare o sartén engrasado previamente con mantequilla o margarina; verter alrededor de 1/4 de la mezcla y dejar cocinar hasta que aparezcan burbujas en toda su superficie; luego voltear con una espátula para dorar el otro lado.

l En virtud de que cada vegetal puede responder de manera diferente, se recomienda hacer una primera prueba sobre la sartén y, en caso de que sea necesario, corregir la mezcla, lo cual se puede hacer con chorros de leche hasta alcanzar la textura deseada.

 

 
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