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Tres son multitud
La profesora de escuela se había cansado de ser la segunda a bordo
Max Haines
Los triangulos amorosos son a menudo el ímpetu que conduce a los asesinatos sangrientos. Grace Lusk tomó la justicia en sus propias manos y eliminó a su rival.
El doctor David Roberts debía haberlo sabido de antemano. Uno de los veterinarios más importantes de Wisconsin, el caballero de 52 años, presidente de la compañía Roberts Veterinary, estaba jugando con fuego.
El nombre de la llama era Grace Lusk, una muy buena maestra de Waukesha, Wisconsin.
A Grace le parecía de lo más normal conseguir información sobre el ganado para sus clases, yendo directamente a consultar al doctor Roberts. El hecho de que Roberts le robara un beso a Grace en su primerísima reunión era causa de vergüenza absoluta, incluso en el año 1913.
Antes de poder decir pezuña o enfermedad vacuna, Grace y Dave ya estaban teniendo relaciones de naturaleza mucho más íntima. Cuatro años más tarde, cuando un curioso juez preguntaba, “¿Con qué frecuencia lo hacían?”, la respuesta era evasiva: “Siempre que nos encontrábamos”. “¿Y con qué frecuencia sucedía eso?”, preguntaba el juez. “Dos o tres veces al día”. El silencio era absoluto.
Toda esa actividad sexual hubiera sido considerada fantástica, excepto por una cosa. Ya existía una señora Roberts.
David, muy sabio a la hora de atraer damas hambrientas de pasión al cuarto más cercano, informó a Grace que su matrimonio era muy infeliz. “Lo ves, querida Grace”, le susurraba en su oído, “Mi mujer no me entiende”. Los típicos clichés caían a raudales en este ambiente. Grace los recogía, se los guardaba en su pecho enamorado y le prometía amor eterno. David le prometió cualquier cosa que le parecía conveniente en el momento.
Pasaron tres años desde su primer encuentro, y Grace empezó a pensar que ya había aguantado suficiente. Le comenzó a pedir a David que consiguiera el divorcio. Esto no pareció ir muy bien.
Poco a poco, Grace se dio cuenta de que tenía que tomar la justicia en sus manos. Escribió una carta a la señora Roberts revelándole todo. Ahora David había sido puesto en evidencia. Decidió sacarse el problema de encima mintiendo. Le dijo a su mujer que nunca había nombrado a Grace, porque era una jovencita inestable que estaba perdidamente enamorada de él. Ella le acosaba, constantemente, con llamadas telefónicas y cartas. Fue una buena intentona, pero la señora Roberts no se la tragó. Ella insistió en reunirse con Grace y aclarar el asunto de una vez por todas.
Un buen día, sin decirle a su marido adonde iba, la señora Roberts se dirigió a casa de Grace. Las mujeres empezaron a pelearse duramente. Entonces la señora Roberts tuvo una idea brillante. Llamó a su marido y le dijo que se presentara allí de inmediato, y que le dijera a esa maestrilla de escuela que él sólo tenía ojos para su esposa, quien era su verdadero amor.
El doctor Roberts se encontraba ante un dilema. Justo la noche anterior había estado con las dos mujeres, en momentos diferentes, por supuesto. Acompañado de su mejor amigo y colega de trabajo, L.D. Blott, condujeron hacia la casa de Grace. Según se aproximaban los dos hacia la casa, dos disparos alteraron la paz de Waukesha. Blott corrió hacia la casa. El doctor Roberts, quien siempre pensó que la discreción era una parte importante del valor, se quedó rezagado detrás, fuera de la casa.
Blott encontró a la señora Roberts, en el suelo, sangrando por un lado de su cuerpo. Salió corriendo afuera y le dijo a Roberts que fuera urgentemente en busca de un médico y de la policía. Roberts telefoneó a ambos inmediatamente sin tan siquiera preguntar quién había disparado a quién. Tal vez se dio cuenta de que no importaba lo que había pasado, él se había metido en un buen lío.
El médico llegó en poco tiempo, pero era demasiado tarde para la señora Roberts. Estaba muerta.
Grace confesó ante todas las autoridades que el doctor Roberts le había prometido una y otra vez que ella era su verdadero amor. Ella había escrito numerosas cartas describiendo actos sexuales lujuriosos, que incluso hoy en día serían considerados extremos. En 1916, tales cosas tan sólo se murmuraban a puerta cerrada.
Cuando el caso por asesinato llegó a los tribunales, recibió atención nacional como el típico episodio de un triángulo amoroso. Acusada de asesinato en primer grado, Grace atrajo mucha simpatía entre aquellas personas que consideraban que quien tenía que ser juzgado era el doctor Roberts.
El 29 de mayo de 1917, Grace fue declarada culpable de asesinato en segundo grado. Cuando se anunció el veredicto, Grace se volvió loca y tomó a su abogado defensor por el cuello intentando estrangularlo. La tuvieron que someter entre cuatro fornidos hombres para que soltara el cuello del pobre abogado.
Al mes siguiente, fue sentenciada a 19 años de trabajos forzados en la prisión estatal de Waupun. Tras servir seis años, recibió el perdón del gobernador John J. Blaine.
Mientras tanto, el doctor Roberts se las arregló para encontrar otra mujer receptiva a sus abundantes encantos. Se casó y vivió felizmente durante largos años.
Grace no fue tan afortunada. Su experiencia la dejó mentalmente desequilibrada. Después de recibir el perdón, emigró hacia el sur de Estados Unidos, siempre con un marido imaginario que justo había tenido que salir en viaje de negocios o era demasiado pronto para que volviera a su lado.
Grace murió, sola y abandonada, en 1930.
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