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Matar al (neumo)coco
La innovadora vacuna neumocóccica
heptavalente conjugada ayuda a proteger al bebé contra enfermedades
tan serias como la meningitis, la bacteriemia y la neumonía.
En Estados Unidos ya forma parte del calendario infantil de inmunizaciones.
Raúl Chacón Soto
La nueva vacuna ideada para proteger a los
niños de las enfermedades neumocóccicas fue aprobada
en el país del norte en febrero de 2000. Hasta ese momento
no se disponía de ningún recurso para prevenir, por
ejemplo, la neumonía, puesto que la vacuna que se usaba para
tal fin es aplicable sólo en adultos. Otros países
siguieron los pasos de Estados Unidos, como España, donde
se introdujo en 2003 no sin despertar cierta polémica por
su relación costo-eficacia. Las autoridades españolas
han considerado que la vacuna es buena, sí, pero que son
tan bajos los riesgos de padecer de meningitis o de neumonía
que no se justifica su inclusión, a tan alto costo, en los
programas infantiles de inmunización que, como se sabe, financia
el Gobierno. Al parecer, según se puede leer en el diario
español , la nueva vacuna cuesta en ese país
52.000 pesetas (acá cuesta aproximadamente 200.000 bolívares),
mucho más que el conjunto del resto de las vacunas que se
suministran usualmente a los pequeñines; y sólo entre
siete y nueve casos por cada 100.000 infantes padecerán,
por ejemplo, de meningitis.
Cuestión de cuentas
Lo cierto es que Estados Unidos ha sido la única nación
que ha incorporado su vacuna oficialmente a su programa de inmunización.
Allá tampoco ha faltado cierta polémica, sobre todo
concerniente a la seguridad de la nueva vacuna. Después de
cuatro años, están empezando a ser publicados los
primeros trabajos sobre efectos secundarios en bebés y los
resultados han despertado una "ligera" -tampoco se trata
de ser alarmistas-, preocupación, al punto de que la FDA
, el organismo regulador de medicamentos y alimentos en ese país,
ha decidido mantener un seguimiento de nuevos casos de reacciones.
La recelosa actitud obedece, en especial, a la publicación
de un trabajo realizado por investigadores de la propia FDA y del
Centro de Control y Prevención de Enfermedades, en The
Journal of American Medical Association, donde se han analizado
todos los casos de efectos secundarios producidos en los dos primeros
años desde la aprobación de la vacuna en Estados Unidos.
"De los 4.154 informes sobre efectos secundarios después
de la inmunización contra el neumococo, 14,6% fue descrito
como 'casos graves'". Los datos, reconocen los mismos autores,
hay que tomarlos con cautela, especialmente porque muchos de los
efectos encontrados pueden ocurrir independientemente de la inmunización,
sobre todo si se toma en cuenta que 80% de los niños afectados
había tenido una historia de fiebres y convulsiones, precisamente
las reacciones más severas que se habían encontrado
en el estudio. Del mismo modo, la proporción de reacciones
graves (14,6%) es similar a la de otras vacunas. A pesar de ello,
se impone cierta cautela: "Los episodios graves, entre los
que destacan convulsiones, reacciones anafilácticas, enfermedad
del suero y trombocitopenia podrían representar unos riesgos
poco comunes y requieren de más evaluaciones". De lo
que sí no ha quedado duda es de la eficacia de la nueva inmunización:
no sólo reduce hasta en 69% los casos de infecciones neumocóccicas
en niños menores de 2 años (disminuye hasta 97% el
riesgo de padecer de meningitis), sino que baja el contagio en adultos
que conviven con el menor.
Y con ustedes, la vacuna
Como bien se sabe, una vacuna no es más que un producto biológico
que protege a las personas contra cierta enfermedad. Generalmente
están hechas de partes de bacterias o de algún virus
que ayudan al organismo a construir la protección. Tal como
se lee en la información proporcionada por Wyeth, uno de
los laboratorios fabricantes de la nueva vacuna: "cuando una
persona es inmunizada, su organismo tiene la posibilidad de combatir
la enfermedad sin correr el riesgo que implica la infección
real. El organismo del paciente desarrolla proteínas protectoras
llamadas anticuerpos que destruyen a la bacteria o al virus".
A la bacteria que, en este caso, se quiere matar, se le conoce,
científicamente, como Streptococcus pneumoniae; familiarmente
se le dice neumococo, y es el verdadero "coco" de esta
historia.
Las enfermedades causadas por este minúsculo
organismo pueden ser graves, sobre todo cuando se trata de las del
tipo invasivo. Neumonía, bacteriemia y meningitis son algunas
de las más comunes, y de las más peligrosas. ¿Atacan
estas enfermedades a un número significativo de pequeños?
Según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades
de Estados Unidos, en ese país, las enfermedades neumocóccicas
invasivas son responsables de 200 muertes, cada año, de niños
menores de cinco años. También lo son de 700 casos
de meningitis, y de 13.000 de bacteriemia (infección de la
sangre). Saque usted sus conclusiones.
Quienes defienden la aplicación de la
vacuna sacan a colación otro aspecto que no deja de tener
importancia, y es que todas estas enfermedades sólo se combaten
con antibióticos, medicamentos que, cada vez -sobre todo
por su uso indiscriminado-, se vuelven impotentes ante los nuevos
y poderosos neumococos que se han hecho resistentes a casi todo
ataque. Visto así, la prevención gana adeptos, pues
de manera indirecta se estaría ayudando a prescribir los
antibióticos con menos frecuencia y, de ese modo, también
se estaría ejerciendo menos presión sobre la bacteria
para que genere resistencia. Lo cierto es que, para muchos, es sólo
cuestión de tiempo para que la vacuna termine por implantarse.
rchacon@eluniversal.com
| CUATRO
PREGUNTAS BASICAS |
¿Quién
debería ponerse la vacuna?
Niños menores de dos años, y los menores de cinco
que no hayan sido vacunados y estén en alto riesgo de
padecer una enfermedad neumocóccica (quienes tienen enfermedades
que debilitan el sistema inmunológico, como la diabetes,
cáncer o dolencias del hígado, o toman ciertos
tipos de medicamentos como esteroides, o sufren de una enfermedad
crónica del corazón, o tienen el VIH). |
¿Cuál
es el esquema de vacunación?
El esquema de rutina comprende cuatro dosis, que deben suministrárseles
al bebé cuando cumpla dos, cuatro, seis y, finalmente,
entre 12 o 15 meses. Si para el momento de la primera dosis
ya el niño está crecidito, el esquema variará
según la edad que tenga. Para bebés con edades
comprendidas entre 7 y 11 meses, sólo se aplicarán
tres dosis; entre 12 y 23 meses, dos dosis; y para mayores de
24 meses, una sola dosis. |
¿Existen
efectos secundarios?
Sí, como los de casi toda vacuna. En especial una ligera
reacción en el sitio de la inyección, algunos
casos de fiebre, irritabilidad, cansancio y pérdida del
apetito. El riesgo de que cause serios daños o, incluso,
la muerte, es muy pequeño, si bien en estos momentos
la FDA está haciendo seguimiento a más casos de
reacciones contrarias para determinar su completa seguridad.
La vacuna está contraindicada en niños con hipersensibilidad
o alergia a alguno de sus componentes específicos. |
¿Es
eficaz en adultos?
Un estudio trató de probar la eficacia de la vacuna en
pacientes mayores de 65 años. Se escogieron 47.365 personas
a quienes se les hizo seguimiento durante tres años.
La inmunización fue capaz de reducir los casos graves,
pero paradójicamente, los pacientes vacunados tuvieron
14% más de riesgo de padecer neumonía. En otras
palabras, la vacuna puede ayudar a salvar vidas pero no disminuye
los casos de enfermedad. |
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