 |
Lauren
Bacall |
 |
John
Wayne |
 |
Frank
Sinatra |
 |
Judy
Garland |
 |
Humphrey
Bogart |
 |
Jimmy
Carter |
 |
Nicole
Kidman |
 |
James
Stewart |
 |
Samuel
Goldwyn |
 |
Napoleon |
 |
Jean
Harlow |
¿Quién es una leyenda?
Luego que Lauren Bacall descalificara mordazmente
a Nicole Kidman, el crítico de cine Philip French asumió
el reto de diferenciar las verdaderas leyendas de los pobres mortales
Lauren Bacall causó una especie de alboroto
en el pasado Festival de Cine de Venecia al interrumpir a un reportero
de televisión británico que la estaba entrevistando
sobre la película Birth, en la cual ella hace el papel
de la madre de Nicole Kidman.
“Ahora usted está trabajando
junto a otra leyenda de la pantalla, Nicole Kidman”, comenzó
el reportero. Bacall, con su ronca voz, exclamó: “Ella
no es una leyenda, es una principiante. ¿Qué es una
leyenda? Ella no puede ser una leyenda a la edad de... no importa
la edad que tiene. No puede ser una leyenda. Para serlo hay que
ser mayor”.
La mayoría de los reporteros que cubren cine, que están
más interesados en la controversia que en el arte, suponían
que Bacall, de 80 años de edad, estaba desprestigiando a
Kidman, su coprotagonista de 37 años, porque ésta
había ganado un Oscar y ella no, o porque a Kidman le habían
hecho todas las preguntas en la rueda de prensa sobre la película
Birth. Bien, a su edad, Bacall se ha ganado el derecho de
afrontar abruptamente a un reportero que parezca tratarla con condescendencia,
usando libremente el lenguaje, y aunque “principiante”
es difícilmente la palabra adecuada para describir a Kidman,
Bacall sin duda tiene razón.
Bacall es, después de todo, una leyenda
que se convirtió en la viuda de una leyenda, Humphrey Bogart;
casi se casó con otra leyenda, Frank Sinatra; luego se casó
con un gran actor, Jason Robards, quien es una leyenda por sus actuaciones
en las obras de Eugene O’Neill, y, al igual que O’Neill,
es un bebedor legendario. Al tratar a su entrevistador con tal arrogancia,
estaba representando su papel de leyenda.
Sin embargo, ¿qué es una leyenda
y en qué se diferencia de un icono o de alguien bendecido
con carisma? Estos tres términos han sido tomados prestados
de la esfera religiosa y usados libremente para describir figuras
en el firmamento de nuestras religiones: el negocio del espectáculo
y el mundo de las celebridades. Hoy en día, para ser un icono
basta ser una menor representación de algún aspecto
de la cultura; no se necesita ninguna magia especial. El término
“carisma” lo tomaron prestado de la iglesia los expertos
en ciencias políticas de Estados Unidos, en los años
50, para describir esa calidad adicional e indefinible de ciertas
figuras públicas.
Las leyendas usualmente son iconos, e invariablemente
exudan carisma, pero tienen un aura física y síquica
especial que los aparta y los pone por encima de los demás.
Esto no necesariamente los hace superiores o más valiosos,
y no necesariamente tiene que ver con la verdad. De hecho, una de
las cualidades de muchas leyendas es que mienten, se dice mentiras
sobre ellos o se les atribuye bromas e historias falsas. Las legendarias
figuras del Salvaje Oeste como Billy the Kid y Wyatt Earp fueron
creadas por escritores de ficción barata mientras se ocupaban
de sus viles actividades.
Samuel Johnson fue una colorida figura literaria convertida en leyenda
por James Boswell. Oscar Wilde fue una leyenda menos por su obra
que por su ingenio y se convirtió en un icono de los homosexuales
luego de su muerte.
No es cosa de físico
No es necesario tener un físico impresionante para convertirse
en una leyenda. Napoleón no lo era, tampoco Theodore Roosevelt,
uno de los tres presidentes estadounidenses del siglo XX convertidos
en leyendas. Es útil, sin embargo, haber participado en alguna
lucha, haber realizado poderosas hazañas o haberlas representado
en un escenario. Igualmente, resulta útil tener cierto ego
que ayude a promocionar el mito personal. Churchill fue y sigue
siendo una leyenda, mientras que su sucesor como primer ministro
del Reino Unido, Clement Attlee, en su apacible manera de ser un
gran hombre, no lo fue y no lo es.
Usualmente, las personas se convierten en
leyenda luego de fallecer, pero hay muchas excepciones. Bogart no
se convirtió en el inmortal que es ahora hasta que alcanzó
el nivel de culto en los años 60. John Wayne se convirtió
en leyenda mucho antes de morir, y dos presidentes hablaron de él
como si sus batallas en películas hubieran sido reales. Jimmy
Carter dijo: “John Wayne fue más grande que la vida.
En una era de pocos héroes, él fue una pieza genuina”.
Gerald Ford expresó: “John Wayne fue una persona única,
magnificente, que asumió cada reto de su vida y respondió
a los problemas de la nación con valentía, sabiduría
y convicción”.
Bacall fue la contrafigura de Wayne en su
última película, El último pistolero,
cuyo tema central fue la propia leyenda de Wayne. Wayne protagonizó
con James Stewart (una estrella, un icono, pero no una leyenda)
la magnificente película de vaqueros de John Ford El hombre
que mató a Liberty Balance, un filme sobre historia y
mitología. Esta contiene la frase más famosa pronunciada
por un reportero: “Este es el Oeste, señor. Cuando
la leyenda se convierte en realidad, hay que publicar la leyenda”.
Bacall, probablemente, tiene razón.
Uno no se puede convertir en una leyenda en la juventud, y es discutible
que alguien vivo y más joven que uno pueda ser una leyenda.
No hay nada remotamente legendario sobre Kidman, de hablar directo
y corazón cálido, quien es una actriz infinitamente
más versátil que Bacall, aunque aún carece
de su presencia y mística.
Sin embargo, una muerte temprana puede ser
el nacimiento de una leyenda perdurable. Alguien dijo, cruel aunque
certeramente, que la muerte de Elvis Presley a los 42 años
era “una genial estrategia de carrera”. Las películas
de Rodolfo Valentino rara vez se ven hoy en día, pero la
adulación que acompañó a su funeral en 1926,
a la edad de 31 años, ayudó a ser de él el
icono del amante en la pantalla y ha asegurado que su leyenda permanezca
viva, mientras otros silentes enamorados como John Gilbert y Ramón
Novarro, quienes sobrevivieron a la era del sonido, han sido olvidados.
La leyenda del cine más celebrada que
murió joven -24 años- es, por supuesto,
James Dean. Su apartamento en Nueva York y el sitio del fatal accidente
automovilístico en Salinas se convirtieron en lugares de
peregrinaje. Alec Guinness, quien fue un gran actor pero no una
leyenda, contribuyó a la leyenda de Dean, y se convirtió
en una figura menor de ésta, con su frecuente relato de haber
advertido al joven actor un día antes del accidente que no
hiciera el fatal viaje en su Porsche. La muerte de John Lennon en
1981 lo convirtió en una leyenda; Paul McCartney es simplemente
una estrella del rock.
La muerte en circunstancias misteriosas puede
convertir a las estrellas en objetos de permanente interés,
aunque no necesariamente en leyendas. Las extrañas circunstancias
que rodearon el suicidio del primer esposo de Jean Harlow, sin duda
contribuyeron a la leyenda de ella, que se instauró antes
de su muerte a los 26 años. Asimismo, la muerte de Marilyn
Monroe a los 36 ha sido esencial en hacer de ella una leyenda igual
que Presley. Jayne Mansfield, quien por un tiempo fue rival de Marilyn,
murió decapitada en un accidente de tránsito a los
34 años, y sobrevive como un ídolo de las artes cómicas,
no como una leyenda.
Es posible convertirse en una leyenda y luego
ser olvidado o, como en el caso singular de Gloria Swanson, llegar
a ser leyenda por haber sido olvidada. Tenía 53 años
cuando apareció en El crepúsculo de los dioses
de Billy Wilder en 1950, pero estuvo casi tan ausente del mundo
de las celebridades como la solitaria actriz de cine mudo Norma
Desmond, a quien encarnó en el filme.
Cuando el vagabundo guionista Joe Gillis conoció
a Norma/Gloria luego de buscar refugio en su mansión, dijo:
“Espera un momento, ¿no te he visto antes? Conozco
tu cara. ¡Tú eres Norma Desmond! Solías estar
en el cine mudo. Eras grande”. A esto, ella inolvidablemente
respondió: “Yo soy grande. Son las películas
las que se han quedado pequeñas”.
Se puede ser una leyenda local, pero eso es
más como ser una figura a la que se le rinde culto. Así
fue Sydney Morgenbesser, filósofo de Nueva York que murió
en agosto de este año a los 82 años. Nunca escribió
un libro, pero es reverenciado en el medio académico por
sus artículos, su estilo de enseñanza y sus bromas,
muchas de las cuales son apócrifas. Se dice que en el metro
de Nueva York se le acercó un policía y le dijo insistentemente
que debía apagar el cigarrillo. “Si se lo permito a
usted, tendré que permitírselo a todo el mundo”,
explicó el policía. Morgenbesser contestó:
“¿Quién cree usted que es?, ¿Kant?”,
y fue arrestado por ofender a un oficial de policía.
El más famoso de todos los productores
cinematográficos, Samuel Goldwyn, le debe su reputación
a historias inventadas sobre él, y a la interminable incongruencia
al hablar y los usos creativos del lenguaje, que se denominó
“goldwynismo”, y que se le atribuye a él. Esto
lo convirtió en una leyenda, que trascendió las películas
que produjo. Es un ejemplo de alguien que deliberadamente trabajó
para transformarse a sí mismo en una leyenda.
Bacall se convirtió en una leyenda
por haberse casado con Bogart, 25 años mayor que ella, y
haberlo domado, por estar a su nivel en cuanto al beber, fumar,
hablar rudamente y ser independiente. Ella fue parte de su leyenda,
pero sostuvo la suya a lo largo de los años. Sus dos papeles
significativos fueron en Aplauso, la versión musical
de Eva al desnudo, y Dulce pájaro de juventud,
de Tennessee Williams, en ambos casos como una gran estrella del
patinaje.
Su leyenda apuntaló sus papeles, confirmando
la máxima de Gilbert Adair: “Sólo una estrella
puede hacer el papel de una estrella”. Sinatra dijo una vez
de ella: “Van a poder hacer el velatorio de la viuda de Bogart
en una cabina telefónica”. Yo lo dudo, pero recuerdo,
tristemente, el lamento de Judy Garland: “Si soy una leyenda,
entonces ¿por qué estoy tan sola?”. Garbo, quien
figura entre las leyendas más duraderas, estuvo constantemente
rodeada de amigos; sin embargo, supuestamente decía en numerosas
oportunidades: “Quiero estar sola”.
Luego de escribir estas palabras abro mi correo
electrónico y descubro un mensaje del canal Turner Classic
Movies sobre un tributo fílmico, que comienza así:
“Bacall, una de las leyendas vivientes de Hollywood, llegó
a los 80 años el 18 de septiembre”.
l
The Guardian News Service. Derechos de El Universal
Traduccion Teresa Leon
Ver también en Encuentros:
- Eileen Abad "Ya
no tengo arreglo"
- Adictos al heroismo
- 1er Concuros de cocina
- El evento tras bastidores
|