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Si lo que necesita es descanso, sol, arena y mar, entérese de que en el estado Zulia existen dos bellísimas playas perfectas para experimentar los contrastes entre la rumba y el sosiego
Por Edwin Prieto. Fotos: Andrea Fernández y Ana Viloria

Riberas de fina arena, aire puro, aguas templadas y cristalinas, suave oleaje, sol y diversión. Si estas son las cosas que usted necesita para disfrutar en los días de asueto, no busque más. Dentro de las fronteras del Zulia, muy cerca de Maracaibo, se encuentran dos de las mejores playas del occidente del país. Palabra de honor.

Son dos joyas naturales, bastante concurridas en días de vacaciones, donde usted puede decidir entre la fiesta y la tranquilidad. Se trata de San Carlos y Zapara, islas pertenecientes al Municipio insular Almirante Padilla, que poseen costas bañadas por aguas del lago Coquivacoa y del mar Caribe. ¿No las conoce? ¿Qué espera para sumergirse en estos excelentes balnearios, que nada tienen que envidiarle a otras playas venezolanas?

Con toda la intensión de aventura no olvide, pues, incluir en su equipaje su traje de baño y el protector solar, y déjese envolver por las bellezas naturales que se encuentran al norte de Maracaibo. Ya en esta ciudad, debe recorrer 45 minutos en vehículo hasta el muelle de El Moján y abordar cualquiera de los peñeros que cruzan el lago para llevarlo a su destino. Tiene para escoger, desde los más tradicionales de madera, hasta los modernos con música incluida.

Sujétese bien, pues a partir de ese momento comienza un emocionante recorrido entre inmensos manglares y exótica fauna, mientras la estela que produce la embarcación al cortar las aguas del lago le proporciona un refrescante baño. Créalo, la satisfacción está garantizada.

Rumba y mucha diversión

Luego de 20 minutos de recorrido, su primer destino es San Carlos, ideal si lo que desea es rumbear y pasarla muy bien entre música
y arena. Es la isla más concurrida del estado, con todas las facilidades de estadía y seductoras playas. Se ubica en el extremo norte del Municipio Almirante Padilla y colinda al norte con el golfo de Venezuela
y al sur con la bahía de Uruba, San Carlos. Tiene una extensión de casi 30 kilómetros
de largo por dos kilómetros y medio de
ancho, con playas de agua dulce
y de agua salada.

Si llega temprano en la mañana, de seguro que en el muelle lo estará esperando "Firulai", un can de pelambre clara, también conocido como el perro de los turistas. Este simpático animal elige un grupo de visitantes, al que acompaña y cuida durante el recorrido por la isla. Es una suerte de guía turístico. Si se encuentra con él, considérese afortunado.

San Carlos dispone de seis cómodas posadas, variados restaurantes y baños públicos para satisfacer los requerimientos de los viajeros que desean pernoctar en la isla. También puede alquilar toldos y sillas, para acomodarse a lo largo de la ribera que se encuentra al pie del castillo San Carlos de la Barra.

La población es de más de tres mil 500 habitantes; gente agradable y sencilla que se esmera en atender a los turistas. No se sorprenda si algún lugareño se asoma en la puerta de su casa para invitarlo a quedarse, ofreciéndole posada a precios solidarios y compartiendo desde el baño hasta la cocina. En otros casos, las familias alquilan completamente su vivienda y se mudan temporalmente a casa de sus parientes.

Aunque posee 20 kilómetros de ribera hacia el golfo de Venezuela, su playa más concurrida posee casi un kilómetro de longitud y se encuentra al norte del pueblo con vista al castillo. El mar es llano y, generalmente, el oleaje es moderado, aunque a veces el viento puede soplar con gran intensidad aumentando el tamaño de las olas. Se puede acampar en la orilla, sobre todo en temporada alta, cuando se reserva un espacio para carpas. Por toda la costa se ubican diversos lugares de esparcimiento, donde puede acercarse para bailar y disfrutar con los amigos hasta bien entrada la noche.

Su seguridad está garantizada por un destacamento de la Guardia Nacional y un comando de la Policía Regional.



Vestigios del pasado

La historia de San Carlos comienza cuando
13 españoles llegaron a la isla, en 1674,
para construir un fortín de madera, con la finalidad de proteger a la provincia de
Maracaibo de los ataques de piratas.
Luego de constantes destrucciones
y reconstrucciones de la fortaleza, el
entonces gobernador de La Grita,
Rafael Badureira, pidió al rey Carlos II
de España, el permiso y los recursos
para la construcción de otro fortín con
características más resistentes.

En 1676 comenzaron los trabajos y en 1682 estuvo completamente lista la estructura que hoy se mantiene en pie: un castillo en forma de estrella con cinco puntas, construido con piedra caliza, de ojo, cal y cenizas, materiales provenientes de isla de Toas. Para compactar el material rocoso, utilizaban argamasa y sangre de toro, pero también cadáveres de los 400 esclavos que se encargaron de levantar la estructura. Muchos restos de huesos, cabello y uñas se encontraron entre las paredes durante la restauración.

Este pueblo de pescadores es orgullo histórico nacional, pues allí se consolidó la independencia política de Venezuela con la Batalla Naval del Lago en 1823. Décdas más tarde, el dictador Juan Vicente Gómez utilizó el castillo como cárcel para recluir a todos los que se oponían a su gobierno. La estructura fue utilizada como presidio hasta 1950 y constituye una joya de la arquitectura militar colonial, por lo cual fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1965. Actualmente se encuentra en recuperación y ofrece al visitante la información tangible para que conozca los hechos interesantes que allí se vivieron. Al recorrer el patio interior y los calabozos se percibe una energía que transporta al pasado, y que hace rememorar las batallas de las que fue testigo. De sus 46 cañones originales, se han podido recuperar 13. El más importante fue el Schneider, arma donada por el gobierno alemán, que hoy se encuentra en el parque Rafael Urdaneta de Maracaibo. Dentro del castillo se conserva la base del cañón sobre una construcción hueca, que posee una vara de metal en su interior. Si quiere experimentar una sensación verdaderamente extraña y particular, párese sobre la base del cañón y hable, va a escuchar su propia voz como en estéreo. Otra experiencia digna de contar.

Paz, tranquilidad y relax

Un segundo destino es la isla de Zapara, ubicada a la entrada de la bahía de El Tablazo, con una longitud de siete kilómetros. Es lo que muchos denominarían un pequeño paraíso, al cual llegará luego de media hora de navegación en peñero desde El Moján o de tan sólo 10 minutos desde la isla de San Carlos. Casi desértica, cubierta por médanos de hasta 30 metros de altura y con algunos cocoteros que embellecen el paisaje, brinda un agradable entorno para pasar los días en paz. En el litoral norte de la isla hay unos arrecifes que suavizan el fuerte oleaje proveniente del mar Caribe. Cuenta también con las ruinas de una fortaleza construida por los españoles a comienzos del siglo XVIII: el fuerte de Nuestra Señora del Carmen y Santa Rosa de Zapara, el famoso Torreón.

Llegar a Zapara es entregarse al pasado. Es como atravesar una puerta a otra dimensión; una donde, por ejemplo, el movimiento de tracción es por burro. El suministro de electricidad es de 12 horas durante la noche, no hay teléfonos ni televisión ni vehículos, aunque sí hay cobertura para la telefonía celular. Los más de 800 pobladores de la isla son amables y le brindan al visitante la mejor de sus sonrisas. Especialmente el maestro Francisco "Piñita" Rodríguez, quien se encarga de recibirlo y guiarlo, además de ofrecerle comida casera, exquisita y económica, y de ñapa brindarle un lugar para dormir en la espaciosa enramada de su casa, para que viva la aventura de pasar una noche a la intemperie, arrullado por el viento marino y las tenebrosas leyendas de piratas. Eso sí, debe llamarlo con anticipación. Si desea un poco más de comodidad, recientemente abrió sus puertas una modesta posada que ofrece seis cuartos con camas y baño privado.

Rumbo al norte se encuentra "la mar", donde las olas del golfo arrecian con fuerza en la orilla de la costa. Es una playa muy limpia y extensa, casi virgen, donde puede experimentar el verdadero significado de la palabra libertad. Al sureste de la isla están los imponentes médanos de Zapara. Son inmensas formaciones de arena que van tomando diversidad de formas, según el paso constante del viento. Si logra subir a lo más alto, puede rodar por la loma y dejarse caer en la playa; sin duda, su niño interior será el protagonista.

Sea cual sea su idea de un viaje de vacaciones perfecto, recuerde que en el Zulia encontrará verdaderos paraísos donde se puede vivir al máximo la fiesta playera o, simplemente, retroceder en el tiempo y dejar las comodidades para sentir lo que significa estar en contacto con la naturaleza.

Coordenadas
En Zapara: Francisco "Piñita" Rodríguez.
Telfs.: (0262) 808.9121 / 0414 651.1447

Ver también:
- Ugly Betty Viene más fea
-
Ángel Sánchez Primavera verano 2008 Una pasarela con arte
- Soria on the rocks
- Dossier Venezuela de punta a punta: Para subir al cielo
- Dossier Venezuela de punta a punta: Las más hermosas
- Dossier Venezuela de punta a punta: El rostro andino de Lara
- Dossier Venezuela de punta a punta: Las seis maravillas de Guanta
- Dossier Venezuela de punta a punta: Tras la pista de El Pao




 
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