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Dossier Venezuela
de punta a punta

Tras la pista de
El Pao


Descubra los parajes que esconde este pueblo minero del estado Bolívar, un museo natural con una historia por contar
Por Betzhabet Melo Fotos: José Quiroz

Un sol radiante y una fresca brisa, el verdor de unos cerros, el marrón de otros y una atmósfera apacible propicia para el descanso y el esparcimiento, hacen de El Pao uno de los poblados con mayor atractivo turístico del estado Bolívar, ideal para respirar aire puro, practicar deportes extremos o, simplemente, liberarse del bullicio de la ciudad.

En la vía

Una vez en Puerto Ordaz, partiendo desde el parque La Llovizna, bajo un clima favorable, en tan sólo 45 minutos podrá conectarse con las maravillas naturales que ofrece este exótico paraje, perteneciente a la parroquia Andrés Eloy Blanco del municipio Piar. Es un paseo sin desperdicio, desde que se parte del parque hasta que se llega al caserío, tras 48 kilómetros de recorrido.

Durante el viaje tendrá la oportunidad
de detenerse en San Onofre, una de
las paradas gastronómicas más visitadas de la zona. Es un club campestre atendido por sus propios dueños, con un variado menú de especialidades criollas como cachapas, carne en vara y cochino frito. Este
lugar también cuenta con una
piscina para que los más pequeños
se refresquen en un ambiente seguro.

Más adelante, se encuentra La Neverita, un fresco arroyo donde la naturaleza
se brinda para el descanso y la recreación. Allí encontrará cabañas, baños públicos y un local comercial
en el que podrá probar platos propios
de la región.

Por el mismo camino, casi llegando a El Pao, entre curvas, caseríos, formaciones rocosas y grandes arbustos, puede deleitarse con el cacao artesanal que ofrece
uno de los oriundos de la zona, Andrés Carrillo. El fruto es procesado por él mismo
y el sabor del producto final -cacao en bolitas, panela o granulado- es ampliamente reconocido y alabado, tanto por los habitantes del sector, como por los foráneos
que han sentido su aroma y dulzura. El mismo Carrillo le ofrecerá harina
de maíz cariaco, otro de los productos que buscan los visitantes.

Para visitar

Si decide emprender esta aventura, no puede dejar de ir a las lagunas Norte y Sur, así como al club La Piscina, espacios emblemáticos recomendados por los mismos lugareños. Ya sea en bicicleta
-si tiene buena condición física- en
rústico o a pie, es seguro que la armonía de estos espacios le encantará.


La Laguna Norte surte de agua a los poblados cercanos
y no es utilizada como balneario. Sin embargo, su intenso
color, unas veces verde agua y otras azul turquesa, junto
a su privilegiada ubicación, la convierten en un paisaje
sin igual, especialmente si se observa desde lo más alto.
Según los lugareños, esta formación de agua, ubicada
en el centro de la montaña, da una energía especial
a los visitantes.

El manantial emergió como consecuencia de las
excavaciones realizadas en el cerro para extraer el hierro.

En el lado sur también se encuentra un riachuelo. Éste
es aprovechado por quienes conocen sus profundidades
para darse un chapuzón de vez en cuando y dejar a un lado
el típico calor de estas tierras. La zona está adornada de variada vegetación,
lo que le da un contrastante colorido agradable a la vista. En las cercanías se
puede disfrutar de un mirador, desde el que se observan las riquezas naturales
que envuelven a este peculiar pueblo.

La Piscina es otra opción adecuada para el disfrute
en familia. Es un sitio cómodo y al alcance de todos, atendido por la familia Guzmán. Se encuentra al final
del pueblo -la mayoría de los residentes conocen el
lugar. Desde hace más de cinco años ofrece a quien
la visita esparcimiento seguro. En este complejo turístico puede refrescarse y comer a la vez. Es recomendable
para aquellos que no son muy amantes de la aventura.

De igual forma, la antigua mina de hierro, ubicada en el sector denominado Campo Florero, está dispuesta para quienes deseen trasladarse a la época en la que abundaba el mineral ferroso, e imaginarse cómo era el proceso de explotación del hierro. Tal como quedó en 1996, la estrafalaria maquinaria utilizada en el proceso de extracción se encuentra diseminada entre las grandes extensiones de cerro que adornan el paisaje -lo que da una idea de su pasado. Desde estas formaciones rocosas se puede observar un paisaje excepcional, donde abundan las tonalidades de verde.


La Iglesia San José
Obrero
es una parada
ineludible a la hora
de conocer las tradiciones

 

En la plaza Angostura
permanece la historia
de este poblado, pues
fue construida con
rieles de hierro



El pueblo y su gente

El Pao posee la única plaza central de un
pueblo venezolano cuyo nombre no es
el del Libertador, pues se le denominó Angostura. Este espacio se erigió poco después de haberse instaurado el campo minero. Para su construcción fueron
utilizados algunos rieles de la vía ferroviaria, los cuales se pueden observar claramente
en los creativos bancos que la adornan.

Como en todo pueblo, no faltan la iglesia y las típicas celebraciones en honor a su santo patrono -en este caso San José Obrero-, a quien rinden homenaje cada vez
que el calendario marca el primero de mayo. Esta es una festividad propia
de la región que cada año une a la comunidad y mantiene viva la tradición.

La arquitectura de la mayoría de las casas, tanto de El Pao Viejo como de El Pao Nuevo, lleva el sello de los años cincuenta, década en la que éstas fueron edificadas. Su gente aún conserva las estructuras como "tacitas de plata", apenas con pequeños cambios, sin perder su esencia inicial.

Una curiosa feria distingue a esta población. Detrás del caserío se puede visualizar
un espacio comercial distribuido en dos hileras paralelas, que a muchos les recuerda a una vecindad. Estos locales sirven para la venta de productos y servicios,
dispuestos a quien los necesite, desde navegación en Internet y centro de comunicaciones, hasta una sastrería que aún conserva utensilios antiguos
pero fiables.

Y si lo agarra la noche entre visita y visita, La Casona, posada pequeña pero acogedora, es el lugar ideal para descansar. Ubicada en Campo Florero,
era la antigua residencia del presidente de la compañía Iron Mine. Es una
de las edificaciones más lujosas de la zona y ofrece confortables y cálidas habitaciones para bienestar de quien visita el lugar.

Acá encontrará, además, toda la información adicional que necesite sobre
la región, para no perderse detalle alguno.

Cuentan por ahí ...
No había nacido Ciudad Guayana cuando, a principios
del siglo XX, un grupo de campesinos, del lugar que hoy
se conoce como El Pao Viejo, descubrió la inmensa
riqueza de hierro de alta calidad que se escondía bajo
los cerros que rodean estas tierras, para entonces
vírgenes. Este importante hallazgo atrajo a diversas
compañías extranjeras, entre ellas Iron Mine,
empresa estadounidense que lideró la explotación
en la zona.

El 24 de julio de 1950 se transportó la primera carga
del preciado metal. Para tales fines se construyó un
vía ferroviaria que llegaba hasta el puerto de Palúa,
desde el cual se embarcaba la materia prima en barcos,
para ser posteriormente trasladada al exterior del país.
En 1974 el manejo de la mina pasó a manos del estado
venezolano, y en 1975 se incorporó a los trabajos de explotación
la empresa Ferro-minera Orinoco, perteneciente a la Corporación
Venezolana de Guayana. Así se fue erigiendo un modesto, pero confortable
urbanismo, en donde los primeros habitantes, aparte de los campesinos oriundos
de la región, fueron los empleados inmigrantes que se encargaban de llevar adelante
los trabajos de la mina, una de las más significativas de toda Venezuela, de la cual
se extrajo, hasta 1996, al menos 111 millones de toneladas de mineral. Quienes
vivieron aquella época recuerdan, como dato curioso, la instalación de un bowling
manual, el primero del país. Éste servía como centro de recreación para quienes
laboraban en esta localidad. Las versiones sobre el origen del nombre de este
poblado son diversas. Unos cuentan que se debió a la inscripción con las iniciales
P.A.O. que tenían las tablas traídas por los extranjeros para la construcción
de las casas. Otros dicen que surgió de la abreviatura de las actividades
y oficios que desempeñaban sus primeros habitantes: Purgo, árbol también
conocido como balatá de donde sacan el caucho; agricultura y oro, cuyas
letras primarias conforman la palabra Pao.

Ver también:
- Ugly Betty Viene más fea
-
Ángel Sánchez Primavera verano 2008 Una pasarela con arte
- Soria on the rocks
- Dossier Venezuela de punta a punta: Para subir al cielo
- Dossier Venezuela de punta a punta: Las más hermosas
- Dossier Venezuela de punta a punta: El rostro andino de Lara
- Dossier Venezuela de punta a punta: Las seis maravillas de Guanta
- Dossier Venezuela de punta a punta: Tras la pista de El Pao


 
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