El café
de los chefs
Tres chefs comparten cómo es su relación
con esta bebida.
La primera, Ana
Belén Myerston,
chef de Mokambo:
"Soy tomadora de café. Me gusta como disfrute, no como estimulante;
de hecho, a mí no me da insomnio. Me parece riquísimo tomarlo con un amigo. En casa lo
preparo todas las mañanas en una grecca.
Mi esposo (el chef Paul Launois) no toma café...
Yo lo disfruto así: negro y sin azúcar. Cuando
tengo tiempo voy a Saint Honoré". El segundo,
Juan Carlos Bruzual, director del Instituto Europeo del Pan: "Quien lo prepara en casa soy
yo, y mi esposa me pelea porque lo hago muy intenso. Me tomo unos 12 cafés al día. El que
más disfruto es el de la mañana, sentado en una poltrona. Son minutos en los que estoy sólo conmigo. Durante el día frecuento el Café Metropolitano, en Chacao, lo prepara un barloventeño de nombre Tito; es bien marrón
y espumoso". El tercero, David Posner, chef
de Ara Café: "Después de una comida nada es
más perfecto que un buen café. Siempre lo tomo expreso o negrito. En la tarde lo tomo al estilo guayoyo para poder dormir bien. Además de la calidad del propio grano, creo en las manos que
lo hacen. Recomendaría dos lugares: el del propio Ara Café y el del Café Buondi, en San Luis".
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El monasterio trapense Nuestra Señora de Los Andes, en Mérida, es lugar
de oración y también de café. Allí se cultivan, cosechan y procesan granos
de calidad. "La virtud que destacaría
es el sabor achocolatado y el after
taste que se consigue al probarlo.
También la calidad, debida a nuestros
procesos estandarizados de torrefacción
y a la presentación en empaque de larga duración", dice el padre Plácido. Este café
se llama Del Monasterio; se puede conseguir
en algunos lugares turísticos de Mérida y también se puede comprar en www.mercadolibre.com.ve.

Fotos: Oswer Díaz
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"ideal para la pereza
y la somnolencia, para el desánimo, la apatía y el exceso de resignación. Cuando el mal humor roba el espacio de los buenos humores, o cuando es
necesario pasar la noche en vela, no hay líquido más ameno y confortante que el café". Así lo asegura el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince. Quizá por ello no son pocos los ilustres bebedores de café. Michel Vanier, en El libro del amante del café, cuenta que Voltaire se tomaba más de 30 tazas diarias. Luis XV no sólo lo tomaba: el propio soberano efectuaba el tueste y preparaba la bebida. "El café fuerte me resucita, me causa un dolor que no carece de placer", decía Napoleón. Balzac lo bebía inmoderadamente.
Él recomendaba: "El café
machacado a la turca es más sabroso que el café molido
en molinillo".
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