
Soria
on the rocks
El jueves 1° de noviembre se presenta Mi whisky, tu whisky, el whisky, libro que, en el acostumbrado estilo de su autor, muestra las maneras venezolanas de recrear y apropiarse del escocés Por Adriana Gibbs. Fotos: cortesía Nelson Garrido
Una botella de whisky es un icono cultural, bien ha escrito
el profesor Alberto Soria, argumentando que este destilado habla antes de que se lo destape, significa cosas que están más allá de la bebida y es, definitivamente, moderno. "Si bien tiene tradición y sus orígenes están anclados en el pasado, el escocés es una bebida que la modernidad incorporó a sus preferencias en el siglo XX". Los escoceses le consideran su bebida nacional. Soria acota: "Y los venezolanos también". Mostrar los aportes venezolanos fundamentales a la cultura del escocés ha sido una de las intenciones de su más reciente aventura editorial. El libro se llama Mi whisky, tu whisky, el whisky, fue editado por Alfa, la casa editorial que publicó Permiso para pecar (libro que cuenta ya con tres ediciones), y se brindará a los lectores desde el próximo 1° de noviembre.
Allí Soria teje la relación entre el whisky y las mujeres, ofrece una "guía para presumir", y explica el verdadero valor de los años de añejamiento en barricas de roble, amén de dar un mini-doctorado en maltas y técnicas de cata. Explica cómo funciona el whisky con cuchillo y tenedor, cuenta la historia del scotch whisky, los detalles clave de cada destilería, y revela cifras y medallas más recientes de las marcas.
El autor ha consentido que Estampas publique, en exclusiva, uno de los capítulos del nuevo libro. Se invita a leer las líneas que siguen como si se tratase de un buen single malt.
El whisky y las mujeres
"Si algo tiene el whisky, es capacidad para convertir el placer en fidelidad. Quienes se enamoran y casan con una marca, no la sueltan. Eso lo sabe la familia, los amigos y los barmans, porque quien abraza marca con añejamiento no lo hace en voz baja, sino que lo proclama.
El escocés recompensa esa fidelidad con pureza y autenticidad defendida a capa y espada contra todas las copias intentadas. Sólo hace cambios sutiles para moverse hacia la modernidad. Sin renunciar a lo que siempre fue. A lo que siempre será. Me explico: Para conquistar a las mujeres a finales del siglo XX, algunas bebidas con una graduación alcohólica igual o superior al whisky (40 a 43 grados) hicieron y hacen cosas que el escocés no hace.
El vodka -por ejemplo- se bajó del caballo de los cosacos, se puso tacones y se sumergió en un montón de cocteles. El tequila, originalmente bebida de mexicanos recios y a caballo, se popularizó como trago de bikinis y tangas en la playa. El coñac añejo se convirtió en trago largo, tipo cuba libre. Y así siguieron otros.
Pero el escocés no. Ante las nuevas corrientes de consumo consolidadas por las mujeres independientes, profesionales, exitosas, libres para decidir como nunca antes, prefirió conquistarlas por lo que es.
Las categorías femeninas
Pero la seducción de las marcas y las preferencias entre una categoría y otra no responden en el paladar femenino a argumentos transitados por hombres durante cuatro siglos. En el XXI, ante una botella de whisky escocés hay tres categorías de mujeres:
a) Las que beben y saben de whisky,
b) Las que lo consideran un trago de hombres y no lo piden nunca, y
c) Las que están dispuestas a probarlo si alguien con un atractivo
especial para ellas, así sea pasajero, les ofrece marcas de categoría.
Para ellas las categorías no son conventos de donde no salen nunca, como hacen muchos hombres. Las consumidoras enteradas se mueven entre premiums, súper-premiums y whiskys de malta. Prueban, ensayan, se dejan. Cuando cambian de pareja, hacen como que están dispuestas a dejarse convencer sobre marcas con la curiosidad e ingenuidad de una novicia sentándose por primera vez en la barra de un bar, así ya tenga 20 años dándole sorbitos a los mejores tragos de escocés.
Si se divorcian -por ejemplo- no siguen con el whisky del desgraciado, sino que adoptan una nueva marca y nuevo añejamiento. 'Te fijas, ahora tomo uno mejor', es una estocada que, lanzada durante un encuentro social o una fiesta, al desgraciado le revuelve el estómago. Y lo atornilla sobre su vieja marca, porque afectado en su sentencia de calidad, jamás se pasará al nuevo whisky que ahora acaricia su ex.
Como trago de color ambarino, ante ellas el whisky asoma en aparente desventaja a comienzos del siglo XXI. Porque los tragos blancos luchan desesperadamente para estar de moda, y existen inversiones multimillonarias en marketing para sostener la tendencia. Para los trucos del bar, la noche y la playa, los tragos blancos parecen perfectos para seducirlas: se les puede dar color, se ocultan en el fondo de las combinaciones, y lucen muy bien con frutas y flores.
Pero las enteradas saben que un whisky adornado con paragüitas de colores y flores, no es que parezca afeminado... sino que no es whisky porque no parece whisky, así como el kilt (feileadh mor en su versión original) es un kilt escocés, y no una falda.
Ellas lo prefieren maduros
A medida que envejece, el whisky gusta más a las mujeres. Un escocés de menos de diez años les parece más que scoth whisky aguardiente. Les quema la garganta, raspa el paladar como si fuera una lija. De los 12 a los 15 años, la preferencia aumenta. Y el antojo se acerca al capricho en los 18 años de añejamiento.
Por lo general, en el paladar femenino los whiskys con 18 años de añejamiento se dividen en dos categorías. Los que a ellas le gustan, y los que a su paladar les parece muy concentrado y serio. Si la marca ha logrado triunfar socialmente en su estrategia de posicionamiento y mercadeo, será entre ellas bien aceptado. Pero jamás la preferencia será determinada por la mayor presencia de maltas de la región X o Y, por la presencia mayor o menor de turba, o por las fuentes de agua de la destilería. En el mundo femenino, el me gusta o no me gusta es factor racional y organoléptico decisivo.
La nariz femenina
Hasta la década de los años 80 del siglo pasado, en el bar y en el restaurante sólo contaban las narices y el paladar de los hombres. Hoy no. En un laboratorio de estrategia del whisky en Escocia escuché no hace mucho esta reflexión: 'En los últimos 20 años el vino le prestó enorme atracción al paladar y la nariz femenina y avanzó muchísimo. Nosotros (el whisky escocés), no tanto'.
En las botellas de calidad y alto precio, tiene el escocés capacidad para utilizar imágenes y términos introducidos en la mente del consumidor moderno por el vino. Puede hablar de las barricas comunes que comparten, de los estilos de añejamiento de las diferentes destilerías como si fueran chateaux, y hacer apelación constante a la pureza y la armonía con la naturaleza, que en el scoth malt whisky no es una quimera sino una realidad. Recorriendo destilerías a lo largo de 25 años hemos observado que, antes, ellas sólo estaban en funciones de relaciones públicas. Y que desde la década de los años 80 su presencia en cargos importantes y decisivos en la industria es cada vez mayor. Sirva este dato como ejemplo: A mediados de 2006, cuando Tom Aitken's, la gran nariz de Dewar's, se jubiló, Stephanie McLeod fue la primera mujer en asumir el cargo de Master Blender en la historia del whisky escocés.
(…) Los seductores con whisky escocés, que en las tres Américas son pocos pero en Venezuela un montón, me han contado que siendo la botella de ellas (sea la marca y añejamiento que ofrezcan de su preferencia o no), ese no es momento para presumir de nariz de macho-curtido-en-las-tradiciones del whisky. Hay que ser flexibles, afirman con una sonrisa. 'Más les vale', replican ellas, con otra sonrisa.
Disfrutar con inteligencia
Es adecuado introducir aquí algunos tips, porque maestros y tutores enseñan que el interés de cómo disfrutar los tragos con inteligencia, tiene una cantidad insospechada de lectoras. (…) Lo que sigue son comentarios breves sobre la sobriedad, la calidad de los alcoholes y la pureza de las destilaciones:
1. Moderación y lentitud. El whisky escocés no es un refresco ni una cerveza. Tiene 40°, y diluido en un vaso largo con hielo y full agua, también tiene 40°. Los whiskys ambarinos tienen el mismo contenido alcohólico que los whiskys de color claro. La única forma que disminuirá el efecto del alcohol es que usted ordene que le sirvan media medida.
La moderación no sólo está referida a la cantidad, sino a la rapidez con que se bebe. En el bar, el más rápido nunca gana y siempre pierde. Permitir que rellenen el vaso cuando aún no ha terminado su bebida -hábito muy común en las fiestas- y el seguir en el ritmo a los más rápidos en consumo, es la forma más segura de perder.
2. Cultura etílica. A ellas les resultará conocida la sentencia varonil con la cual se presume sobre un alto nivel de tolerancia al alcohol. Si se les ocurrieran tomar un curso acelerado o seguirles la corriente, perderán. Salvo que ellas tengan casi dos metros de estatura, pesen más de 120 kilos, y beban todos los días.
3. Mezclar o no mezclar. Algunos galenos sostienen que mezclar los tragos no afecta, y que da lo mismo un tipo de bebida que otra porque lo que importa es la graduación alcohólica. Obviamente que la graduación alcohólica es importante, pero también lo es la calidad del alcohol, sostienen otros profesionales.
4. El estómago vacío. Debido a su bajo peso molecular, el alcohol es absorbido rápidamente por el cuerpo y según explica la medicina, comienza la absorción por el estómago y no en el intestino (como lo hacen los fármacos). Un estómago vacío, absorberá más rápidamente y por eso -supone uno- los tequeños tienen tanta demanda y fama.
5. La pureza. Además de echar a perder un trago elaborado después de años de maduración, las mezclas pueden actuar como un disparador del alcohol. (…) Cuando mayor es la calidad del producto, menos decoración y maquillaje. Es de clientes con estilo -cuentan los barmans- además de beber lentamente, acompañar la pureza con tragos alternados de agua mineral de calidad.
6. Los trucos no funcionan. No hay trucos para salir rápido del consumo excesivo en una noche, ni para beber sin control y evitar embriagarse. El mito de que "un palo saca otro palo", es eso. No hay ninguna sustancia, que disminuya el nivel de alcohol en el torrente sanguíneo. (…) La metabolización del alcohol requiere reposo y tiempo, y el cuerpo rehidratación. Nada puede sustituirlos".
| Campaneando |
Alberto Soria ha mantenido una larga relación con el whisky escocés, producto de sus viajes, recorridos por destilerías, encuentros y catas con expertos locales. En Venezuela realiza conferencias y catas sobre gastronomía y "buen vivir". Es autor de Permiso para pecar, Viaje irreverente pero razonado por las cocinas de la modernidad, y Gastronomía inter-continental en América Latina.
En su historia de vida, ¿primero fue el vino o el whisky?
"Se nace bebiendo leche y después se evoluciona", enseñaba Brillat-Savarin. Así fue: primero el vino, después los spirits que uno podía comprar como estudiante, y más tarde el whisky escocés. Cuando se llega profesionalmente al scotch whisky desde vino, hay ventajas.
Muchos de los grandes single malts maduran en barricas que vienen del mundo de los vinos fortificados. Un falso dilema separa a los bebedores de vino de los de whisky. El primer mercado del scotch es Francia. Y el de mayor consumo per cápita, Grecia".
¿Cómo fue su acercamiento al whisky?
"De a poco, nariceado por la publicidad. Después, a medida que uno va aprendiendo, prescinde de los años para darle importancia a lo que enseñan los tutores. Me iniciaron en spirits dos narices de mi familia, sabias en eso de paladear la calidad, no el precio: la de Don Luis y la de Don Andrés".
¿Qué disfruta usted, en especial, de este destilado?
"El escocés se disfruta cuando se está solo, y cuando acompañado. Cuando uno anda depre o cuando eufórico. Cuando llueve mucho o cuando hay sequía. Salvo eso -como explicaba sobre el champagne Madame Bollinger- nunca lo toco, salvo que tenga ganas".
¿Compartiría la historia personal y afectiva de este libro?
"Por supuesto. Lo escribí gracias a Ricardo Fajula y demás mentores. Y está impreso, gracias a Leonardo Milla y Carola Saravia. A Michael Jackson, el bueno, quien se acaba de ir para reunirse con Robert Burns, siento que le debo mucho".
¿Cuánto tiempo le llevó escribirlo?
"Escribir, un año. Aprender lo suficiente para hacerlo, casi 20. Esos son muchos viajes, destilerías, catas y botellas. El tiempo necesario fue muy grato, gracias a profesores, tutores y amigos. En el libro cito sus nombres".
¿Qué destacaría usted, particularmente, de este libro?
"El enfoque venezolano. Los escoceses afirman que nadie sabe tanto de whisky escocés como ellos. Los venezolanos también".
¿Cuáles hallazgos le sorprendieron en el proceso de escritura?
"Cuando lo redacté por segunda vez, me divertí haciéndolo. La primera versión era sólo para amantes del whisky. La segunda versión tiene el estilo que hizo exitoso a Permiso para pecar. Imaginé que los capítulos deberían ser como un banquete, donde usted observa el menú, escoge qué pone en el plato y qué deja para más tarde. La mayoría de los libros sobre el whisky han sido escritos desde el inglés y el francés, con un fuerte enfoque hacia las marcas y su historia. Escribí pensando en el lector y el consumidor, por eso el título. Creo que las lectoras se divertirán. Los abstemios también".
¿Cómo es el whisky de Soria?
"De malta pura de una sola destilería. En el lenguaje del whisky, un single malt. Lo bebo en vaso corto, con un chorrito de agua mineral helada o dos cubitos de hielo. Por ahora. Mis preferidos son The Balvenie 12 años y Glenfiddich 15 años, creados por el malt master
David Stewart para las destilerías con esos nombres. En el fondo, 'mi' whisky es el
que comparto con mis amigos. Espero también eso le ocurra a mis lectores".

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