
Ángel Sánchez
Primavera - Verano 2008
Una pasarela con arte
El diseñador venezolano regresó al calendario de la moda internacional con una colección inspirada en el arte abstracto latinoamericano. Estampas visitó su taller durante los días previos a su presentación. Por Mario Aranaga. Nueva york
Desde el taller oficina de Ángel Sánchez, en la séptima avenida neoyorquina, fuimos testigos de las horas cruciales que antecedieron su presentación en el Museo de Chelsea de la ciudad de los rascacielos. Mientras todo el equipo trabaja afanosamente por
el proyecto, nosotros, tratando de estorbar, quisimos compartir
un poco la vertiginosa rutina de un creativo totalmente internacional. Estilistas, coordinadores de casting, productores y relacionistas públicos juntan esfuerzos para trabajar al nivel que exige la industria en Nueva York. Confirmar invitaciones, seleccionar modelos, coordinar las salidas en la pasarela, escoger la banda sonora
del show, la iluminación, la prueba de maquillaje, los peinados...
en fin mucho trabajo y, en algunos casos, demasiados talentos
juntos, pero siempre con un objetivo claro: mostrar la mejor
colección. Ángel y su equipo trabajan ordenadamente, cada uno
a lo suyo: unos atienden a las modelos que vienen al casting,
otros revisan los detalles de los vestidos listos, él arregla una
pieza sobre una modelo, el estilista contratado para el show
cambia y combina algunas prendas. Sus asistentes comentan, intercambian ideas y, finalmente, deciden. Se respira la tensión,
pero controlada. Es indudable que todos, aunque en ocasiones
no coincidan, quieren el mejor de los resultados.
Vincular la moda con el color y la emoción
del arte no es una idea nueva. Sin embargo,
el último concepto creativo de A.S. está
elaborado desde lo básico, desde la esencia
y la proporción. Es indumentaria y es arte.
Sus diseños tienen una elegancia limpia
con siluetas clásicas, pero, a la vez,
muy modernas.




Es una colección totalmente inspirada en sus raíces,
es un homenaje personal a los impulsores del arte
abstracto latinoamericano; lo que, a su modo,
hace única esta versión "para usar" de esa tendencia clave en la historia del arte en América Latina.
El resultado no pudo ser mejor, la colección tiene
un efecto gráfico y colorido muy elegante
y, a la vez, discreto, sereno.


"Todo el tiempo estamos en contacto
con estilistas y editores, es una
competencia fuerte. fíjate, América
Ferrera, la protagonista de Ugly Betty, seleccionó un vestido mío para los
premios emmy y el servicio de correo
lo perdió, esas cosas pasan" A.S.
 
"Este es un
momento clave
para mí. estoy contento,
me siento satisfecho
con mi colección, regresé a las pasarelas de nueva york y estoy generando un poco de interés en los medios"
A.S.

"Gran parte de mi trabajo se
basa en la proporción,
el movimiento de la ropa
al ser usada, cómo la tela
interactúa con el cuerpo.
eso es lo esencial" A.S.
 

Las cuarenta piezas en pasarela son una especie
de exposición de arte en movimiento. Cada vestido,
cada falda y cada chaqueta expresan variaciones
de líneas, colores y gráficas, mostrando toda la
riqueza de un movimiento que traspasó las fronteras
y se hizo reconocido en el mundo. El elegante cinetismo
del maestro Jesús Soto, la feminidad del trabajo
de Gego, así como las líneas y el color de Alejandro
Otero, fueron, por un momento, protagonistas de un encuentro donde la moda y el arte se unieron
de una manera realmente inolvidable.
Fotos pasarela: Cortesía Ángel Sánchez
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