| En el jardín con
John Galliano
París, Christian Dior y la alta costura son una combinación irresistible. Aquí la crónica de un
desfile memorable. Mario Aranaga. París /Enviado Especial. Fotos: Cortesía Christian Dior
A las 2:30 de la tarde en el club de Polo de París, en pleno bosque de Boloña, una pequeña y sofisticada multitud hervía de excitación. Sin duda, todos querían formar parte del acontecimiento de la temporada, el desfile de alta costura de Christian Dior, un anunciado homenaje al centenario del nacimiento del reconocido creador francés. Mientras caminaba hacia el lugar, los Rolls Royce y los poderosos Bentleys hacían una silenciosa y elegante cola mientras sus lujosos ocupantes descendían justo enfrente de las puertas del club. Princesas sauditas, aristócratas de la India, legendarias socialités tejanas y un batallón de editores, periodistas y fotógrafos se agrupaban sin prisa en las rejas del elegante portón. Mientras, los agentes de seguridad y protocolo, perfectamente trajeados de negro, solicitaban diligentemente las tarjetas y con cortesía cedían el paso a los privilegiados. Las caminerías, de pequeñísimas piedras blancas, guiaban a los invitados entre los cuidados jardines hacia el esperado destino: una enorme carpa blanca en medio de uno de los verdes campos de polo.
En la entrada de la carpa otros anfitriones, también de negro, indicaban la puerta derecha o izquierda, según el número asignado en la tarjeta, en el ínterin los famosos se saludaban y sonreían para las cámaras. Traspasado el umbral, una caja negra con un montaje impresionante te recibía, las gradas laterales y una pared de teleobjetivos resguardaba la puesta en escena: una interpretación —muy Galliano— del jardín de la casa familiar de Monsieur Dior en Granville, Normandía. Los bancos de piedra, la grava negra y brillante —como difícil pasarela— y la gran reja barroca como telón de fondo enmarcaban un espacio sorprendente y mágico.
El delicado olor de la muguet —flor favorita del diseñador— llenaba el lugar de una increíble energía. Las editoras más poderosas del mundo de la moda hacían su nada discreta entrada, Anna Wintour de Vogue América, acompañada por el fotógrafo Mario Testino; Anna Piaggi de Vogue Italia, con una corte de jóvenes modelos se ubicaba justo en frente de su tocaya, en primera fila, por supuesto. Susy Menkes, la temible crítica del Tribune inglés, se ubicaba con su ineludible moño en el otro extremo de la sala. La actriz Drew Barrymore con su relacionista público, la espigada y muy bella Charlize Theron con su corte de fotógrafos y camarógrafos, la todavía hermosa ex modelo Marissa Berenson, Rita Wilson por otro lado, y en el momento de mayor agitación la presencia de la minúscula Christina Aguilera con su enorme guardaespaldas; en fin, todos y cada uno de la élite de la industria de la moda y el lujo se saludaban mientras posaban y respondían las preguntas de los reporteros. Era indudable que el presidente del grupo de lujo LVMH, Bernard Arnault, era el discreto anfitrión de una gran fiesta. Desde las gradas superiores, la primera fila y lo que en momentos sería la pasarela, parecía la pista de una gran discoteca, llena de lentes oscuros enormes, sombreros estilo vaquero, mucha ropa negra y todo el brillo de las luces y las cámaras. El show de la moda estaba montado y eso antes de comenzar el desfile. De pronto las luces de la sala bajaron y luego el negro, esa era la señal, ahora sí comenzaba el show, el otro show...
Un carruaje, con caballo y todo, marcó el inicio del desfile. En la imponente carroza color
granate, con el interior perfectamente iluminado, llegaba al particular jardín un pequeño
y rubio Christian Dior vestido
de marinero, acompañado de su elegante madre, una imagen
que dejó sin habla a toda la sala. La música y la proyección de imágenes
tras
la reja del fondo anunciaba que el show prometía sorpresas.



Tampoco el back stage de Dior es un back stage normal. La evidente satisfacción de los embajadores de la marca y del equipo responsable del show tenía una recompensa en los comentarios de los invitados y en las copas con champaña que circulaban sin ninguna reserva. El lugar, lleno
de espejos y modelos que se quitaban
el maquillaje, parecía una enorme habitación repleta de amigos. Más allá, en una esquina cerrada y protegida por un infranqueable portero, John Galliano, los vestidos, sus modelos consentidas (Linda Evangelista, Naomi Campbell, Karolina Kurkova, Stella Tenant, Shalom Harlow y Michelle Alves), las celebridades, las editoras de moda y los responsables del negocio,
disfrutaban de la certeza de haber hecho un poco de historia.
| En primera fila
Infaltables
Las celebridades son invitadas de rigor a los desfiles. En esta ocasión Charlize Theron, Christina Aguilera y Drew Barrymore fueron algunas de las estrellas que compartieron la primera fila con las editoras de moda, los compradores y las millonarias clientes del consentido John Galliano.
La reina del moño
Susy Menkes es la crítica de moda por excelencia. Desde sus columnas en el periódico International Herald Tribune, acelera o frena el ascenso de los creadores. Sentada en la primera fila de los shows con su emblemático peinado, no se le escapa una.
La más poderosa
Anna Wintour, nacida en Inglaterra, dirige desde hace 12 años la edición americana de Vogue (la primera en aparecer en 1892). Pero no es la reina mediática sólo por eso; bajo su mandato, Vogue América se ha convertido en la revista más exitosa y rentable del mundo. Su sola presencia en un desfile puede encumbrar a un diseñador.
La excéntrica
Con su siempre llamativo aspecto, Ana Piaggi, editora de Vogue Italia, es la referencia crítica de las pasarelas más importantes del mundo. En París, además de los shows de los diseñadores italianos, sólo se le verá en Dior y, quizás, en otros desfiles afortunados. No se dejen engañar por su aspecto, en su revista la extravagancia está siempre controlada por la elegancia. l
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Creditos del show CD alta costura otoño-invierno 2005-2006
43 modelos, cada una con un traje
Cabellos: Orlando Pita
Maquillaje: Pat McGrath
Musica: Jeremy Healy
Concepto: John Galliano
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