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Eterno Monsieur
Dior
El centenario del nacimiento de uno de los grandes nombres de la moda obliga a repasar su obra vinculada con la belleza y lo femenino. Maytte Navarro
Para algunos criticos, Dior es, junto a otros diseñadores de la década de los 50, uno de los últimos representantes de la época dorada de la alta costura. Incluso a los no muy interesados en materia de moda y glamour les es familiar el nombre de Christian Dior. ¿Pero quién fue realmente este francés cuyo centenario de nacimiento su país celebra por todo lo alto y a quien el mismísimo Ministerio de la Cultura y de la Comunicación galo ha designado como hombre del siglo?
Dior nació el 21 enero de 1905 en Granville, una localidad de Normadía cuyo paisaje sirvió de inspiración a muchos pintores. Pasó sus primeros años en Les Rhumbs, la casa familiar, convertida hoy en museo, el único de Francia dedicado a un diseñador.
Formó parte de una familia con una larga tradición de labradores, que ascendieron socialmente gracias al éxito que tuvieron en la fabricación de abono. Debido a ese olor peculiar que a veces impregnaba al pueblo, los vecinos solían comentar “huele a Dior”. Su padre fue uno de los productores más importantes de fosfatos y sulfuros fertilizantes. La fortuna creció, hasta que la Bolsa le hizo una mala jugada y se arruinó.
Este hijo de Alexandre Louis-Maurice y Madeleine Dior tuvo cuatro hermanos, Raymond, Jacqueline, Bernard y Catherine. Se caracterizó por su carácter tímido y consideró el jardín de su casa el mejor refugio. Sin embargo, no podría decirse que era un ser pasivo, le interesaban profundamente las artes. De hecho, estudiaba Política tan sólo porque su padre quería que fuera diplomático, pero cuando llegó la mala racha comenzó a trabajar como ilustrador y luego se incorporó al taller de Robert Piguet.
Arribó 1939 y con él la guerra. Entonces Dior se hace campesino, se va al sur de Francia y, dos años después, regresa a París, a su definitivo encuentro con la creación.
Su total entrega al mundo de la moda y la estética apenas duró once años, y realmente conoció el triunfo a los 41. Para entonces, tras trabajar con Lucien Lelong, a quien había rejuvenecido su línea, en 1946 finalmente instala su propio taller en el número 30 de la avenue Montaigne. De allí en adelante otra sería la historia. En 1947 lanza su primera colección y crea con ella el New Look, por lo que termina haciéndose conocido en todo el planeta. De esa misma época es uno de sus trajes más famosos: el Diorama, nombre que compartió con un perfume, y formó parte de su segunda colección. Estaba realizado en lana negra, requirió 230 horas de trabajo y 26 metros de tela que pesaban más de tres kilos. La suerte ya estaba echada y la moda ya no sería la misma. Llegaron, pues, las clientas famosas como la duquesa de Windsor, Marlene Dietrich y Eva Perón. Las revistas extranjeras comenzaron a ocuparse de él, y en 1949 ya figuraba entre los cinco hombres más conocidos de Francia. Su trabajo se volvió incansable. En 1953, el dictador de la moda, como solían llamarlo, daba una nueva orden: la falda se alejaba del suelo y su largo rozaba la rodilla. Así, cada temporada indicaba un cambio en la línea. Esto atrajo la atención de los especialistas por lo que cada colección se convertía en toda una noticia. Tanto, como para que en marzo de 1957 fuera el primer diseñador en ilustrar la portada de Time Magazine. En total sumó 22 colecciones. Después de la línea Corolle, con la que nace el New Look, creó otras emblemáticas líneas como Sinueuse, Tulipe, Muguet, H, y Fleche.
Así las cosas, quien vistiera a la mujer para liberarla de un pasado triste como el de la II Guerra Mundial, y quien tuvo como musa a su madre, una dama muy elegante, también fue un excelente comerciante. Fue en 1948, a tan sólo un año de haber lanzado su primera colección, cuando abrió su tienda pionera en Nueva York y para 1957 sus salones se habían instalado en 24 países. No en balde su influencia en la moda hay que calificarla de determinante, y, tras 50 años de su muerte, su estilo continúa influenciando a los nuevos creadores. No todo fue color rosa
Es paradójico, pero a pesar de tanto reconocimiento y brillo a su alrededor, Dior nunca fue totalmente feliz. Este hombre con fama de educado y amante de la belleza, quien tenía entre sus amigos a Jean Cocteau, Christian Bérard, Georges Auric y Francis Poulenc, nunca estuvo conforme con su propio físico y sufría depresiones antes de cada una de sus presentaciones. Comedido, mimado, asustadizo, supersticioso y soñador, disfrutaba la comida, pero odiaba su figura regordeta. Quizá por ello fue algo desdichado en el amor. Se dice que sus relaciones no se concretaban, hasta que en 1956 encontró reciprocidad en el joven cantante norafricano Jacques Benita. Como todo enamorado, deseó entonces verse lo mejor posible y decidió someterse a una dieta. Viajó para ello a Montecatini, Italia, y se internó en un centro de estética. Esta vez no quiso hacerle caso a su consultora espiritual, quien le dijo que las cartas aconsejaban no realizar el viaje. Casualidad o no, su corazón cedió ante los estragos de la pérdida de peso y dejó de latir la noche del 23 de octubre de 1957. Tenía 52 años. Dicen que la última llamada fue para su ayudante, un jovencito llamado Yves Saint Laurent, quien le sucedió en la dirección de la Casa Dior.
¿Qué era el New Look?
Una silueta de hombros delicados, caderas redondeadas y cintura estrecha que llevaba faldas voluminosas. Varios metros de tela envolvían a la mujer. El New Look cambió las líneas andróginas imperantes en la época. Fue el éxito de este hombre, a quien Carmel Snow, la editora de Harper’s Bazaar, llamó el salvador de París. Era la contrarrevolución y traía el gran lujo. Dior dijo: “Europa ya ha sufrido demasiado como consecuencia de las bombas. Ahora quiere fuegos artificiales”. Y se los supo dar.
Pero CD también tenía sus detractores. Entre ellos estaba Cristóbal Balenciaga, quien nunca estuvo de acuerdo con el manejo que daba a las telas. Por su parte, Coco Chanel jamás lo consideró un miembro de la alta costura y decía que no vestía a las mujeres sino que las acolchaba. Pierre Cardin, de su lado, afirmó que con Dior había conocido la verdadera elegancia.
Más allá de toda polémica, el incansable creador fue pionero en más de un terreno. Fue él quien cambió la metodología de los desfiles, haciendo más rápido el paso de las modelos, y también quien incorporó los accesorios como piezas de importancia, de allí que sus maniquíes llevaban sombreros y carteras.
Igualmente, el hecho de definir la silueta lo condujo a crear una ropa interior especial que, por lo general, era de tul con ballenas de metal para marcar la cintura y obligar a la mujer a mantener una posición correcta. Asimismo agregó rellenos en el pecho para ganar exuberancia.
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| Los perfumes son también un sello de la Casa Dior |
Pero su legado a la moda no se limitó a los vestidos, también se le debe la creación de las franquicias, así como una serie de productos con su nombre: desde medias hasta perfumes. Llegó a tener una tropa de 1.700 empleados, y se cuenta que llamaba a las modelos cariñosamente “mis niñas”. De hecho, podría catalogarse como el promotor de las top models. En relación con los perfumes, consideró las fragancias como un complemento esencial de la personalidad femenina por lo que no dudó a la hora de crear uno propio. El primero se llamó Miss Dior y se convirtió en el aroma del New Look. En 1949 nació Diorama, dedicado al invierno. Esto hizo que las damas tuvieran un perfume para cada estación. Por último, llegó Diorissimo, el retorno a lo natural y a la simplicidad. Tuvo como base a su flor preferida, la muguet. Desde entonces, y para siempre, “huele a Dior”.
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LA CASA MUSEO EN GRANVILLE |
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EL DISEÑADOR
EN EL JARDIN DE SU VILLA |
El homenaje
El centenario del nacimiento del creador lo marca una
exposición excepcional que
se inauguró este verano en
la casona que fuera propiedad de la familia en Granville.
Se titula Christian Dior, hombre del siglo. Estará abierta
al público hasta el 25 de septiembre y en ella se resumen sus diez años de creación.
La curaduría logró reunir verdaderas piezas maestras de la moda, procedentes de museos prestigiosos, siendo la primera vez que se muestran juntas. La exposición es ambiciosa. Presenta las fuentes de inspiración de Dior, marcadas por su infancia en Granville; las tendencias de principios del siglo XX y del espectáculo del cine; su papel y su influencia en el tiempo y en el espacio
de Estados Unidos y Japón; sus amistades integradas
por los artistas del período comprendido entre las dos guerras mundiales; los bocetos realizados por él, sus
perfumes y archivos.
En el primer piso se rinde un homenaje a los años de creación de Dior y a sus 22 colecciones. Se podrán ver piezas claves que pertenecen al Museo Metropolitano de Nueva York, al Museo de
las Costumbres de Bath y
al Kyoto Costume Institute. Acompañan a estos trajes,
zapatos de Roger Vivier, joyas, sombreros y cosméticos.
La habitación de Dior se ha dedicado a su flor fetiche, la muguet. El segundo piso contiene los éxitos posteriores de la Casa Dior, desde Yves Saint Laurent hasta John Galliano.
Más que un catálogo, a esta exposición la acompaña un
libro de 246 páginas y 270 ilustraciones, editado en inglés
y francés. Se puede adquirir en Les Rhumbs por 35 euros. l Pagina web:
www.musee-dior-granville.com |
Ver también en Encuentros:
- En el jardín con John Galliano
- Malanga recoge sus pasos
- Vitalsexual
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