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Hasta los escombros hablan

Según cepillaba y limpiaba, el doctor Simpson sabía que ese cuerpo no era antiguo
ni tampoco era una víctima del bombardeo aéreo .
Max Haines

Los trabajadores de la demolición en el Londres destrozado por la guerra estaban acostumbrados a observar cosas extrañas mientras limpiaban los restos de los edificios bombardeados. Por eso ni parpadearon cuando se encontraron con un cadáver incompleto al remover un trozo de piedra en la iglesia Bautista en el 302 de Kennington Lane, Lambeth.

Los hombres se imaginaron que el cuerpo había sido una víctima de un bombardeo o, incluso, un cadáver legítimamente enterrado. Cerca de allí se encontraba un antiguo cementerio. El cuerpo fue entregado al doctor Keith Simpson del Hospital Guvs, quien fue el encargado de llevar a cabo la desagradable tarea de reconstruir el cadáver.

Tras examinarlo, el doctor Simpson descubrió que la cabeza había sido cortada y el cuerpo había sido quemado parcialmente. El torso también había sido cubierto con barro. El doctor estaba seguro de que la fémina que estaba examinando había encontrado la muerte unos 12 ó 18 meses antes. El cráneo tenía un pequeño trazo de pelo. Era marrón oscuro poniéndose blanco. Se estimó que la mujer muerta tendría entre 45 y 60 años. Los miembros parecían haber sido arrancados y una parte lateral restante del torso estaba quemada. Según lo limpiaba y cepillaba, el doctor Simpson supo que este no era un cuerpo antiguo ni una víctima de un bombardeo. Sentía que esta mujer había sido asesinada. Tras desmembrar parcialmente el cuerpo, el asesino había intentado quemarlo. Cuando esto falló, lo enterró en barro.

Simpson siguió su investigación. Estimó que la mujer medía 1,45 metros. Y aún más importante, descubrió que los huesos de la cavidad bucal estaban dañados.
Este hecho, acompañado por heridas en cada lado de la garganta, indicaban al médico que la víctima había sido estrangulada. Llamó a Scotland Yard.

Los chicos de Yard, quienes parecían hacer listas para todo, recopilaron una que contenía los nombres de todas las mujeres que habían desaparecido en los últimos dos años. La primera candidata de la lista resultó ser la señora Rachel Dobkin, quien había sido declarada como desaparecida por su hermana 14 meses antes. Rachel, de 47 años, medía exactamente 1,45 metros.

La policía obtuvo una fotografía de Rachel. La imagen se agrandó a tamaño natural. Cuando se sobrepuso sobre el cráneo sin mandíbula del cadáver, concordaba perfectamente. Rachel Dobkin resultó ser la desafortunada víctima cuando le enseñaron cuatro dientes al que fuera su dentista. El especialista identificó el trabajo de los dientes como el suyo propio. La gráfica dental de Dobkin verificó la identificación.

Para añadir credibilidad a la teoría de la estrangulación se descubrió un coágulo de sangre en la parte trasera de la cabeza. Esto sugirió que la cabeza de la señora Dobkin o bien se había estrellado al caerse hacia atrás o había sido empujada hacia atrás según la estrangulaban.

Ahora que la policía conocía la identidad de la víctima asesinada, procedieron con el siguiente paso lógico, la identidad del asesino. El hombre que estaban buscando había matado, arrancado, quemado y enterrado a un ser humano. El perpetrador de este tipo de crímenes tenía que tener la habilidad para dejar de lado la revulsión causada por tales actividades. Yard decidió comenzar su investigación cerca de casa con el esposo de la fallecida, Harry Dobkin.

A Harry se le pidió que pasara por la estación de policía de Southwark, donde se le comunicó que se había encontrado un cuerpo bajo la grava de la Iglesia Baptista y que eran los restos mortales de su esposa. También se le dijo que la investigación preliminar indicaba que él había estado de guardia para controlar el fuego en la zona de la iglesia en abril de 1941, cuando su mujer desapareció.

Los endurecidos oficiales habían visto a hombres fuertes derrumbarse ante tales noticias, pero Harry era diferente. Nuestro viudo era duro de conmover y ni pestañeó al oír sobre la muerte de su esposa, así como tampoco se inmutó ante la más ligera insinuación de que él podría resultar sospechoso. Al principio, Harry declaró brevemente que no tuvo nada que ver con la muerte de Rachel, pero su actitud cambió cuando se le leyeron sus derechos. Entonces, dio a la policía una larga declaración en la que usó la frase ‘muerta o asesinada’ para referirse a su esposa.
Se llevó a cabo una pesquisa sobre la muerte. Harry se mantuvo calmado mientras escuchaba la evidencia que rodeaba el descubrimiento e identificación del cuerpo de su mujer. Aquellos que se encontraban en la sala de juicio vieron cómo su cara se derrumbaba cuando el doctor Simpson subió al estrado para contar con detalle la condición física del cuerpo. Para Harry Dobkin, el doctor estaba revelando secretos que creía haber enterrado para siempre. Tras la conclusión de la declaración del médico forense, Harry fue arrestado por el asesinato de su esposa.

El 17 de noviembre de 1942, Harry Dobkin apareció en el templo de justicia, el antiguo Old Bailey inglés. Según progresaba el juicio, los abogados de la víctima revelaron que poco antes de la desaparición de Rachel, el matrimonio Dobkin había sido disuelto. Harry no llegó a pagar el dinero por manutención a su esposa. Cuando se atrasó, fue encarcelado. Rachel fue tras él tan pronto le liberaron. Le amenazó con volverle a llevar a la cárcel si no le pagaba a tiempo. Harry escuchó la evidencia dañina, pero nunca perdió la compostura hasta que se subió al estrado.

El ogro de Harry no pudo aguantar bien el interrogatorio de los abogados de la víctima. Su voz gritona se hizo gradualmente más baja. Su cabeza se inclinaba cuando cada pieza incriminatoria se revisaba una y otra vez. Las negaciones de Harry se hicieron menos forzadas. Cuando se bajó del estrado parecía un hombre destrozado.

Harry fue declarado culpable y sentenciado a muerte. Cuando se acabaron todas las apelaciones, fue ahorcado en la prisión de Wadsworth. Irónicamente, el doctor Keith Simpson, el hombre que había limpiado y cepillado un montón de huesos hasta establecer que se había producido un asesinato, llevó a cabo la autopsia en Harry Dobkin. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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