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Budismo
Una visión de vida
Lama Ole Nydahl dedicó tres días a tejer y destejer un texto conocido con el nombre de Mahamudra o Gran Sello, agraciado por ser una de las máximas enseñanzas que dejó Buda como legado. Aquí un breviario de tal encuentro. Adriana Gibbs / Fotos: Natalia Brand
Se llama Ole Nydahl y es uno de los pocos occidentales plenamente cualificados como lama y maestro de meditación en la tradición budista del Camino del Diamante. En diciembre de 1969, él y su esposa Hannah iniciaron su formación bajo la tutela del decimosexto Karmapa, Rangjung Rigpe Dorje, líder del linaje Karma Kagyu. Este maestro les pidió a Ole y a Hannah que trajeran el budismo del Camino del Diamante a Occidente. Y ha sido así a lo largo de casi 30 años.
La vida de Nydahl ha sido un viaje incesante. Este hombre, nacido en 1941 en Dinamarca, y graduado en Filosofía en la Universidad de Copenhague, ha fundado más de 200 centros en todo el mundo. Desde hace buen tiempo, Ole visita a Venezuela una vez al año. En su más reciente venida dedicó tres días a la enseñanza del Mahamudra, texto conocido también como el Gran Sello. “La meta no es otra que el estado natural de la mente. De ese modo, surge la sabiduría liberadora y después la sabiduría iluminada. Al actuar comprendiendo que el sujeto, el objeto y la acción son interdependientes, sólo hacemos cosas que proporcionan crecimiento, significado y felicidad”, reflexiona.
El encuentro —que tuvo como grato escenario los espacios de Pozo de Rosas— reunió a gente diversa. Asistieron muchos hombres, lo que no suele ocurrir en estas movidas de meditación, yoga y afines. También muchos jóvenes y parejas que pública y libremente se miman, se besan, se expresan. Y, como es de esperarse, hay muchas mujeres. Hay pluralidad. Se advierte que Ole Nydahl tiene la gracia de convocar. Su desenfadada manera de llegar al recinto, trajeado de jean y franela, advierte uno de sus rasgos: es un lama mundano. Al rato de escucharlo, a este atributo se suman otros: es tremendo, provocador y tiene, además, un fino sentido del humor.
Iniciación
En sánscrito la palabra buda significa “alguien que está despierto”. Y en tibetano, “florecido”. El camino budista invita a experimentar la mente como luz clara. “Comprueben y sean sus propios guías. No quiero seguidores, quiero colegas”, dice Ole parafraseando a Buda, al tiempo de empezar a formular algunas recomendaciones del buen vivir: Desear felicidad a los demás, compartir en lugar de envidiar, hacer las cosas lo mejor que se pueda, tratar de no juzgar tanto, y pensar con claridad en lugar de estar confundidos.
Llegado a este último punto me pregunté: ¿Cómo pensar siempre con claridad, si todo o casi todo invita a la no certeza?, ¿cómo no confundirse cuando la vida no es blanco y negro?, ¿cómo aprender a moverse, con claridad, entre matices?
Se trata, para lama Ole, de un camino sin forma que debe transitarse sin rigidez ni egoísmos. Un camino, intuyo, que se debe emprender cargado de preguntas y no, precisamente, de respuestas.
Las enseñanzas budistas tienen tres pilares: visión, meditación y acción; esto es: recibir la información, llevarla de la cabeza al corazón, y luego practicarla en la vida diaria. “La mente es mucho más que intelecto. No está quieta, siempre en movimiento. Hay que entrenarla para estar consciente, pues ahí surge el entendimiento profundo. Cuando la mente se conoce a sí misma emergen la ausencia de miedo, el gozo y la compasión activa”, afirma.
El Gran Sello
Al leerlo, el Mahamudra se me antoja como una suerte de poema de largo aliento. Una de las premisas de esta plegaria es que todos los seres humanos tienen una naturaleza búdica. Que la idea es la de comportarse como un buda hasta lograr convertirse en un buda mismo. “En ese estado, el de la iluminación, se experimentan todos los pensamientos como sabiduría, todos los sonidos como mantras. La verdad más alta es el gozo más alto”, dice.
Dada la longitud del texto, me aventuré a lo siguiente: seleccionar fragmentos del Mahamudra, y acompañarlos con parte de la explicación dada por Nydahl:
“Absorber las enseñanzas del Buda libera
de los velos de la no comprensión (…) Mediante la luz producida por la meditación se reconoce la esencia de todos
los fenómenos, tal cual es”
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IMAGEN DEL KARMAPA XVI |
Explica Ole que se suele buscar la felicidad en cosas impermanentes y cambiantes. “La enseñanza ocurre —dice Ole— cuando dejamos de esperar, cuando dejamos de temer, de estar en el pasado o en el futuro, cuando dejamos de desear. La idea es poder desenvolverse sin expectativas. Los resultados llegan cuando se deja de aguardar”.
“La base de la purificación es la mente misma, la unión de claridad y vacío. El objeto de purificación son las fugaces impurezas ilusorias”
La mente, expone Ole, es pura en esencia, y la meditación es una de las herramientas para poder reconocerla. Advierte que en la propia práctica meditativa es difícil mantener la mente centrada en un punto, pues los pensamientos aparecen, juegan, se van y retornan. Cuando esto pasa una recomendación es dejarlos pasar como si fueran nubes, sin juicio. “Cuando pensamos, decimos y hacemos algo positivo la mente se relaja para el entendimiento. Es, de alguna manera, una ‘iluminación’ en la que todo se vuelve significativo”.
“Todos los fenómenos son manifestaciones
de la mente.
(…) Mientras esto no se
comprenda, se va a la deriva en el océano
de la existencia condicionada”
“Vemos las cosas según nos sentimos”, afirma Ole. Para el budismo, cuando la mente no se conoce se está en lo condicionado. “Vivimos atrapados en el mundo condicionado de las cosas que nos gustan y no nos gustan. Cuando esto pasa surge el apego por lo que queremos y la aversión por lo que no queremos, caldo de cultivo para el deseo, la envidia, el miedo”, dice Ole.
“Que aprendamos a dejar que la mente repose en su estado natural, sin artificios y seamos diestros en mantener esta práctica”
Ole insiste en la importancia de calmar la mente para poder “experimentarla”: su intuición, su propia sabiduría. La idea es pulir los ojos para ver las cosas como son. “¿Qué hace que los deportes extremos sean tan interesantes, que sea tan bueno lanzarse en paracaídas, manejar motocicleta, escalar montañas? Que en experiencias como éstas no hay lugar para distracciones. Uno no puede pensar en esto o aquello, sino que tiene que ser eso que está sucediendo. (…) Uno se da cuenta de que la profundidad del océano es más emocionante que todas las olas que van y vienen”.
“Bienaventuranza grandiosa, libre
del apego; claridad libre del aferramiento”
El apego ocurre, dice Ole, porque no se quiere perder el control, “estar sin ese ego que nos dice: ‘tienes que hacer esto y lo otro’. Aprender a trabajar el ego es como aprender a manejar. Lo primero es aprender a moverse, luego saber dónde se quiere ir y luego disponerse a ver todos esos paisajes. El ego debería ser un buen sirviente, pero no un mal jefe”, sentencia. Se busca un gozo libre de apego. Toda una proeza en estos tiempos.
“Al no ver las cosas como totalidad pasa que nos apegamos a lo que queremos y rechazamos lo que no nos gusta. De este apego y aversión surgen otros sentimientos. Del apego surge la avaricia, ya que queremos quedarnos con lo que nos gusta. De la aversión surge la envidia porque no queremos ver felices a lo que no nos gustan, y de la ignorancia surge el orgullo, ese que dice que uno es mejor que los demás”.
“Estos sentimientos perturbadores son como polvo o suciedad que, tratados con los métodos apropiados, pueden convertirse en diamantes o abono orgánico. Son realmente materia prima para lograr el estado iluminado de la mente. Donde solía haber ira surge una sabiduría que es clara como un espejo; donde había orgullo vamos a poder ver las distintas condiciones de las cosas; donde había apego vamos a poder discriminar entre las cosas; donde solía haber envidia vamos a poder ver cómo una cosa lleva a la otra, y donde había ignorancia habrá intuición. Todas estas sabidurías son inherentes a las emociones. Los errores no son un gran estigma. Son, más bien, algo con lo que podemos trabajar”.
“Cuando la compasión se expresa a sí misma, libremente, resplandece su naturaleza vacía en el momento mismo del amor”
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IMAGEN DE UN ARBOL DEL REFUGIO |
“Las emociones perturbadoras —explica Ole— se pueden transformar de tres maneras distintas. Si no nos sentimos muy fuertes, recomendaría evitarlas; no meterse en situaciones donde saben que van a cometer errores. Lo siguiente es tratar de ver la emoción como si se tratara de un sueño; ver que antes no estaba ahí y que no estará ahí más tarde.
Entender que los sentimientos perturbadores desaparecen, son condicionados; enfocarse en su transitoriedad y en su naturaleza cambiante.
Otra manera consiste en no darles ningún tipo de importancia, honor, o energía, y continuar haciendo lo que tenemos en frente de nuestra nariz. Mientras hacemos esto se observa como los sentimientos aparecen y desaparecen de nuevo. Este tipo de actitud nos libera y nos ilumina muy rápido. No honren, no jueguen con sus tragedias, no se involucren. Todos los sentimientos son condicionados, aparecen cuando distintas condiciones aparecen, cambian, y luego desaparecen cuando las condiciones cambian. No puede haber un ‘yo’ duradero en un cuerpo que está cambiando todo el tiempo”.
Las personas son distintas y así los caminos. Si cada quien lo toma desde su intuición, desde su mente en calma, ese será el mejor camino.
agibbs@eluniversal.com
Esas interrogantes
¿Quién es Buda?
Nació aproximadamente hace 2.560 años atrás al norte de
la India. Después de una larga búsqueda, él reconoció, estando
en meditación profunda, la naturaleza de la mente y se iluminó. Después, dio enseñanzas
durante muchos años.
¿Qué es la meditación?
La meditación en el budismo
significa reposar sin esfuerzo
en el aquí y el ahora. Este estado
se puede alcanzar calmando
la mente.
¿Cuál es la diferencia entre los distintos caminos budistas?
El Buda dio enseñanzas para tres tipos distintos de seres humanos. A aquellos que
les gusta evitar el sufrimiento
les enseñó sobre causa y efecto;
a quienes les gusta hacer más por los demás, escucharon
enseñanzas sobre compasión
y sabiduría; a las personas
que tenían mayor confianza en su propia naturaleza búdica les enseñó el camino del diamante, donde se aprende a experimentar el mundo desde una visión autoliberadora. |
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Coordenadas
Centros budistas del Camino
del Diamante
Caracas
Contacto: Dilia Navarro
Telfs.: 284.9514 / 0414-239.6465
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Telfs.: 0243-217 2509 / 0414-460.5108 / 0416-439.4143
Mérida
Telf.: 0274-266.4326
Puerto Ordaz
Telf.: 0416-686.3741
San Felipe
Telfs.: 0254-231.6101 /
0414-547.4489
Valencia
0241-872.1124 / 0414-341.4548 |
Otras fuentes consultadas:
Revista Budismo Hoy, La totalidad de las enseñanzas del Buda, de Lama Ole Nydahl
http://www.budismo-camino-del-diamante.org/
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