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Impulsos perversos

Las tendencias problemáticas y criminales se volvieron asesinas. Max Haines

Nacido en 1930, John Straffen era un rubio buenmozo, de ojos azules y amable disposición. Cuando su padre, un soldado de carrera, fue enviado a India en 1932, la familia Straffen completa estuvo feliz por la aventura venidera.

John vivió en India hasta los ocho años. Era un niño bien educado y popular en la escuela a la que iba. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, su padre fue transferido a Inglaterra nuevamente, donde la familia se instaló en una cómoda casa de siete habitaciones. De repente, la familia de John notó un cambio marcado en la personalidad del chico. Frecuentemente faltaba a la escuela y a veces no regresaba a la casa hasta entrada la noche. Se volvió introvertido y tímido.

Sin siquiera haber cumplido los nueve años, John le robó la cartera a una niña y fue aprehendido por la policía. Por este incidente fue puesto en estado de prueba y fue enviado a una escuela especial donde se lo certificó que tenía una tara mental. A los 16 años regresó con su familia a Bath, donde obtuvo distintos empleos. Pero John no lograba durar en los trabajos. Estuvo desempleado durante largos períodos y eventualmente cayó en la criminalidad. Cuando se le interrogaba por un robo en particular confesó haber robado en más de 20 casas, y parecía disfrutar mucho el hecho de llevar a la policía hasta la mercancía robada. Los motivos para los robos de John yacían en algún lugar oscuro de su mente, ya que nunca intentaba obtener ganancias materiales de los mismos.

Durante la investigación del caso, la policía descubrió que había entrado en un gallinero, sin una razón aparente, y había torcido el cuello de cinco pollos. Incluso más insidioso, una vez había  puesto su mano sobre la boca de una muchacha de 13 años, y le preguntó: “¿Qué harías si te matara?”.

John, ahora un muchacho de casi dos metros, una vez más fue certificado como mentalmente defectuoso y fue enviado a  Colony, Bristol. Eventualmente fue liberado y regresó con sus padres a Bath.

El 15 de julio de 1951, la pequeña Brenda Goddard, de seis años, terminó su almuerzo y fue a jugar al jardín trasero. A las dos de la tarde, cuando se fue a buscar a Brenda para que se alistara para ir a la escuela, no se le pudo encontrar por ningún lado. Una hora más tarde se reportó desaparecida ante la policía. Esa noche, alrededor de las siete, un policía halló su cuerpo en un bosque cerca de la casa. Había sido estrangulada, pero no había sido atacada sexualmente.

Un vecino dijo haber visto a Brenda con un hombre alto y rubio antes de que se le reportara como desaparecida. La descripción cuadraba con la de un hombre mentalmente perturbado que vivía en alguna parte de Bath. Con esto, la policía llegó hasta John Straffen, quien negó tener conocimiento alguno sobre la muerte de la pequeña. Si bien la policía tenía muchas sospechas, no había evidencia que conectara a John con el asesinato. Como resultado, no fue detenido.

Tres semanas después de la muerte de Brenda Goddard, Cicely Batstone, una linda niña de nueve años, salió de su casa en Camden Road para ir al cine. Nunca regresó. Se prendió la alarma y se organizó una búsqueda durante toda la noche.

Violet Cowley, la esposa de un detective, le dijo a su marido que ella había visto a un hombre alto y rubio y a una pequeña niña caminando juntos por un campo bastante desolado. La señora Cowley llevó a su marido y a otros oficiales al terreno. Allí encontraron el cuerpo de Cicely Batstone. Había sido estrangulada,  pero no se había abusado de ella en ninguna forma.

John Straffen fue llevado bajo custodia y fue identificado por la señora Cowley como el hombre al que había visto en el terreno con Cicely. Antes de ser interrogado, John preguntó: “¿Esto tiene que ver con la pequeña niña a la que llevé al cine anoche?”. Luego, con detalle, describió como había estrangulado a Brenda Goddard, y terminó su confesión diciendo: “No tenía sentimientos respecto a eso. Me olvidé de eso”.

John fue llevado a juicio pero no se le halló apto para ello. Fue enviado a Broadmoor, una institución para criminales locos, donde pareció amoldarse bien.

Seis meses más tarde, el 29 de abril de 1952, John, de alguna forma, obtuvo ropa de civil y se la puso debajo de su uniforme de trabajo de Broadmoor. Obtuvo permiso para salir a sacudir el polvo de su ropa. En segundos estuvo en un campo abierto. Usando latas vacías de desinfectante escaló hasta el techo de un cobertizo del lado de afuera de la institución. John escaló por la pared y saltó a la libertad.

Las actividades de John, una vez que cayó del otro de la pared, fueron muy bien documentadas. Fue precisamente a las 2:25 pm que escapó. A las 2:45 pm golpeó en la puerta delantera de una casa por la zona y pidió un vaso de agua. Luego de calmar su sed continuó con su camino. A las 4:30 pm había caminado 11 kilómetros hasta el pueblo de  Farley Hill. Una vez más se detuvo por agua. Esta vez le dieron té y galletas.

A las 6:30 pm la señora Dorothy Miles le dio a John una cola en su carro. Lo recogió en Farley Hill y lo dejó en una parada de autobús como él le pidió. Cuando se bajó del carro vio oficiales de la policía cerca de la parada y abruptamente cambió la dirección. La señora Miles informó a los oficiales y John Staffen, una vez más, fue llevado bajo custodia.

Entre las 4:30 y las 6:30 pm los impulsos perversos que vivían en la mente de John Straffen trágicamente se cobraron otra víctima.

La pequeña Linda Bowyer, de cinco años, montaba bicicleta por la calle frente a su casa a las 5:30 pm de ese día. Luego desapareció. Los padres de Linda, acompañados por vecinos y policías, buscaron toda la noche a la niña desaparecida. Justo antes del amanecer su cuerpo fue hallado en un bosque bajo un cedro. Había sido estrangulada.

John Straffen fue interrogado inmediatamente. Antes de que se le informara del por qué de la interrogación, él dijo voluntariamente: “Yo no maté a la pequeña”. Más allá de sus protestas se le inculpó por el asesinato de Linda.

Su juicio, que comenzó el 21 de julio de 1952, fue inusual por muchos motivos. Era la primera vez que un prisionero de Broadmoor era llevado a juicio por un crimen cometido fuera de la institución. Además, era mucho más inusual que un hombre al que se le había declarado no apto para ir a juicio ahora fuera calificado como sano. Para agregarle a la confusión, John se declaró no culpable.

Los procedimientos se volvieron una historia de horror cuando se determinó que los detalles de los dos asesinatos anteriores podían ser admitidos como evidencia. Por ende, por primera vez,  el público oyó los horrorosos hechos de un asesino triple.
El jurado sólo necesitó 29 minutos para hallar culpable de asesinato a John. Cinco días antes de su cita en la horca, recibió una suspensión de la ejecución y se le sentenció a cadena perpetua.

John Straffen, de 75 años ahora,  ha estado 50 en prisión y es el convicto que ha pasado más tiempo en una cárcel de Inglaterra. Es probable que nunca salga en libertad. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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