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Piel sana y radiante

La salud de la piel, íntimamente ligada a la del organismo, es  fuente de belleza
y bienestar.  Algunos cuidados básicos ayudan a revitalizarla.
Sandra Herrera

El cuidado de la piel ha sido siempre una de las  prioridades estéticas de las  mujeres y hoy lo es también de cada vez más hombres. Pero  no sólo hay que cuidarla para  mantenerla bonita sino también porque realiza numerosas funciones. El conjunto de sus estructuras conforma una barrera muy eficaz que protege al organismo y al mismo tiempo lo conecta con el cosmos; de ahí la  palabra (cosmética). La piel es un órgano extremadamente sensible: al contacto, la presión, la temperatura, el dolor... La acupuntura y los masajes aprovechan los estímulos cutáneos en determinadas regiones para tratar de influir sobre los órganos con los que se relacionan esos puntos. Por otro lado, los eccemas y otras afecciones  dermatológicas a menudo son  una señal de aviso que refleja un desorden interno tanto físico como psíquico.

La naturaleza es sabia y la piel está protegida de forma constante por el llamado manto hidrolipídico. Se trata de una finísima emulsión natural compuesta por agua, grasa y restos de células muertas. Esta capa protege de agresiones ex¬ternas y mantiene el pH de la  piel dentro de los límites idóneos para evitar infecciones.

Limpieza
Al limpiar la piel se debe respetar al máximo su pH natural, usando jabones, geles de baño o lociones limpiadoras que no modifiquen las defensas naturales de la piel. El pH natural de la piel es ligeramente ácido. Sus valores están entre cinco y seis, con objeto de  que las bacterias y gérmenes  no puedan sobrevivir y las células cutáneas se regeneren y  reproduzcan. En un medio alcalino la piel enferma, envejece y está sujeta a posibles infecciones. Por otro lado, es importante cuidarla y limpiarla sin exagerar para no alterar su estabilidad. Aunque el agua no es suficiente para limpiar la  piel a fondo, el uso excesivo de jabón puede eliminar el manto protector, favorecer la desecación y debilitar la piel. Lo más aconsejable es lavarse el cuerpo completo con  jabón o gel de baño sólo en días alternos. De resto sólo se necesita asear con ellos las partes fundamentales. En la limpieza facial se debe utilizar una loción limpiadora suave, adecuada al tipo de piel. En los stands de las firmas cosméticas le pueden orientar en este sentido.

Exfoliación regular
La exfoliación de la epidermis es importante pues facilita la  renovación de la piel, que con  el tiempo se va haciendo progresivamente más lenta. El momento idóneo para la aplicación de una preparación exfoliante de cuerpo es después de la ducha, con la piel  todavía mojada. Se hace un  masaje suave y circular con ayuda de un guante de crin, sin necesidad de rascar para no lesionar la epidermis y poniendo especial atención en brazos y piernas. Lo ideal es repetir esta operación cada 15 días.

Para exfoliar la piel más delicada del cutis existen los peeling gommage. Se aplican formando una fina capa y luego se van retirando con un ligero masaje. Para aclarar, basta con un poco de agua o tónico. Si se prefiere un exfoliante natural, se puede utilizar una rodaja de limón. Pasada suavemente por la cara, dos veces al mes, facilita la regeneración celular.

Hidratación a la medida
Es necesario hidratar la piel después de la  ducha, sobre todo si se vive o  se trabaja en ambientes secos o con aire acondicionado. Sólo así se puede mantener fresca y elástica.

El cutis requiere una hidratación especial según la edad. Para una piel joven, sana y elástica, las cremas hidratantes ligeras son suficientes. Con el paso del tiempo, sin  embargo, la piel evoluciona según sus propios procesos fisiológicos naturales y presenta  varias alteraciones: se engrosa, se vuelve más seca, pierde elasticidad y aparecen consecuentemente las primeras arrugas. Además, el tabaco, el alcohol, el estrés o un exceso de sol favorecen que se deteriore prematuramente. En estos casos la piel necesita cuidados  más concretos. Las cremas con alfahidroxiácidos (ácidos frutales) reducen las manchas de la piel y  ejercen un rápido efecto regenerador. Es aconsejable utilizarlas por la noche. Las cremas con vitaminas A,  E o C retrasan el envejecimiento cutáneo por su acción antioxidante, además de aportar luminosidad a la cara. Por su parte, las llamadas cremas nutritivas son adecuadas para restablecer el manto hidrolipídico en pieles maduras y secas. Las mejores firmas cosméticas tienen gran variedad en fórmulas muy avanzadas.

Para la hidratación corporal se puede optar por lociones o por aceites, según las preferencias personales. También se pueden elegir productos hidratantes con factores regeneradores de la piel,  como la vitamina E y el Aloe Vera. l

 

NUTRIR LA PIEL POR DENTRO

El cuidado de la piel empieza con una alimentación equilibrada, rica en antioxidantes naturales.

En el mercado existen complementos alimentarios pensados para la piel, basados en antioxidantes. Son recomendables a partir de los 40 años, pero una dieta armónica debería proporcionarlos de forma natural.

Las vitaminas A, C y E, presentes sobre todo en alimentos vegetales, así como los ácidos  grasos poliinsaturados, nutren la piel y estimulan su regeneración, retrasando el envejecimiento cutáneo y contrarrestando los efectos de la contaminación y del humo del tabaco.

El licopeno, responsable del característico color rojo de los tomates, es señalado por las últimas investigaciones como un gran antioxidante. Actúa protegiendo las células de la acción de los radicales libres.

 


 
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