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El placer de las pequeñas cosas
El autor de este artículo, Nigel
Slater, es chef.
He aquí su propuesta de lo que deben ser esas diminutas delicias
que se ofrecen como pasapalos en épocas de celebración.
Nigel Slater
Cocinar es lo que me hace más feliz.
Sin embargo, tengo que admitir que prefiero hacer platos grandes,
como asados, parrillas, tortas, etcétera, que lo que llamo
"comida pequeña". No es que considere que los canapés
y los pasapalos no son encantadores; es sólo que no es mi
tipo de cocina, no es lo que yo hago.
Me inclino más a servir un plato con
diminutas almejas, que vienen calientes y crepitantes de la parrilla,
con ajo y pan rallado. También podría ofrecer unos
aros de calamares que paso por harina antes de freír hasta
que estén crujientes como una oblea, luego los rocío
con un chorro de jugo de limón. Las cosas pequeñas,
calientes y crujientes tienen cabida en mi mesa; lo que no puedo
encontrar tentador son los trozos de pan en miniatura en forma de
corazón con queso crema y huevas de salmón encima.
Quiero que mi comida sea abundante, incluso si son exquisiteces.
El esfuerzo que se requiere para cocinar unas papas con crema agria
y tocinetas no es mucho mayor al que se necesita para vaciar un
pepino, formar una canoa y rellenarlo con queso crema. Las papas
pequeñas se rocían con aceite de oliva y hojuelas
de sal marina, luego se hornean hasta que la piel esté crujiente.
Se pican por arriba, se les añade una cucharada de crema
agria espesa y un poquito de tocineta.
Asimismo, ¿no preferiría una
suculenta salchicha tipo coctel caliente con salsa picante que un
trozo de pimiento crudo y un insípido aderezo? Los abrebocas
calientes no dan mayor trabajo si los hacemos sencillos. Unos cuantos
pasteles miniatura de pescado, que se elaboran temprano en el día
y se fríen en el último minuto, pueden terminar siendo
mucho menos tediosos que un plato de tomates rellenos. Con una frescura
que causa hormigueo en la boca, serán mucho más tentadores.
Aún así, me siento más
feliz cuando termina el momento de los aperitivos y todo el mundo
está sentado a la mesa. Como primer plato en nuestra casa,
pasamos bandejas de salmón ahumado, o delgadas rebanadas
de jamón serrano o camarones en conserva. Podría haber
una ensalada con un poco de queso pecorino o quizás de cabra
o algunos higos. Podría haber abierto unas ostras o preparado
a la plancha unos langostinos. Sea lo que fuere, la comida se ofrece
en cantidades generosas y sin adornos insípidos.
Hay una gran cantidad de ideas para las pequeñas
cosas, esas diminutas delicias que parecen importar tanto en épocas
de celebración, tales como las que describo a continuación.
l Sumerja
unos langostinos preparados a la plancha con su concha en un aderezo
de limón caliente; luego sírvalos sobre rebanadas
de pan tostado.
l Mezcle
pan rallado suave, ralladura de concha de limón, ajo en trocitos
y perejil picado. Cocine un puñado de almejas en un envase
poco profundo con un poco de agua y tape hasta que se abran. Quíteles
sólo una de las conchas a cada una y coloque la mezcla de
pan, limón, etcétera, sobre la concha que tiene la
carne de la almeja. Rocíeles aceite de oliva y cocine a la
plancha hasta que crepiten.
l Ofrezca tazones de aros de
calamares fritos, rociados con sal, pimienta negra y jugo de limón.
Son maravillosos con margaritas.
l Corte higos frescos por la
mitad y colóqueles encima un trozo de queso azul tipo Roquefort.
l Cuando saque el pavo o el
asado del envase donde lo cocinó, agréguele uno o
dos vasos de licor al caldo que quedó para formar una rica
salsa. Uso vino para la carne y el cerdo y Vermouth blanco para
el pollo y el pavo.
l Rellene
unas hojas de escarola con una mezcla de Roquefort y nueces tostadas.
La combinación del amargo de la escarola con el fuerte sabor
salado del queso azul es sorprendente.
l Los cuadritos
de queso feta envueltos en eneldo y aceite de oliva son fantásticos
con cerveza fría o vino blanco. Las entradas sencillas como
trozos de salmón ahumado siempre son bienvenidas.
l La sopa de auyama es otra
opción. Añádale una cantidad muy pequeña
de pimiento picante, y salpíquele aceite de oliva y queso
Manchego rallado.
l Las peras maduras, acompañadas
con queso, que puede ser un pecorino, podrían ser el mejor
toque final de una cena.
l Prepare
un jugoso plato de papas para acompañar el pollo o el pavo
asado. Corte varias rebanadas de papas gruesas, hornéelas
con mucho jugo de limón, un poco de caldo de pollo y unas
cuantas ramitas de tomillo. El resultado es unas papas semiderretidas;
si aumenta el fuego al final de la cocción, quedan sublimemente
pegajosas y con sabor a limón.
l Unos
pequeños trozos de pescado frito son una excelente entrada.
Nunca he oído que alguien los califique como algo menos que
deliciosos.
l
El secreto para lograr una buena piel de pavo asado es empapar,
empapar y empapar el pavo con la salsa durante la primera mitad
del tiempo de cocción y luego dejarlo, sin tocarlo, para
que se tueste.
l
El apio España o céleri puede ser un buen acompañante
de una cena de gala. Fría brevemente los tallos cortados
en mantequilla, luego añada caldo caliente y cocine a fuego
lento, hasta que estén blandos. Saque el céleri y
aumente el fuego para reducir el caldo a un almíbar. Agregue
una cucharada de perejil y vierta sobre el céleri.
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Cocine un bistec, córtelo en tiras y añada hojas de
los vegetales que usaría en ensaladas y un aderezo de mostaza.
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La lechosa helada, pelada y sin semilla, se ofrece en elegantes
lonjas con jugo de limón y hojas de menta. También
puede colocar delgadas rodajas de piña en un plato, conservando
su jugo, y añadirle apenas un toque de Kirsch (licor de cereza).
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