|
Viggo
Mortensen
a
todo galope
Es pintor, fotógrafo,
poeta,
posee su propia editorial, y ha invertido dos décadas en
la actuación. El inolvidable
rey Aragorn de la trilogía
de El señor de los anillos, ahora regresa vestido
de cowboy y llevando las riendas en Hidalgo,
un film de acción y aventuras que regala nuevos bríos
a las carteleras del país a partir del 9 de abril
Enmar Pérez Garmendia. Los Angeles.
Enviada especial
"Cuando me detuve en el personaje
que había hecho Viggo en October Sky (Cielo de octubre),
una película que yo mismo dirigí, pensé que
era grandioso. Me dije: 'Este hombre oculta algo, lleva guardado
un secreto, es una suerte de cowboy'. Por eso le ofrecí el
rol principal en Hidalgo. Para entonces no había visto El
señor de los anillos". Quien así se expresa
es Joe Johnston, el director del nuevo film de aventuras de Disney/Touchstone,
Hidalgo, cuyo papel protagónico es interpretado por
el actor estadounidense Viggo Mortensen.
En la película, Mortensen,
a quien la fama le había sido esquiva hasta que empuñara
la espada del rey Aragorn en la trilogía fílmica de
El señor de los anillos -a pesar de llevar 20 años
en el oficio y haber participado en una treintena de largometrajes-,
se calza las botas de Frank T. Hopkins, un infante de caballería
que era considerado el mejor jinete de Estados Unidos a finales
del siglo XIX. En 1890, tras vivir una tragedia personal, Hopkins
recibe la invitación de un jeque árabe -¿quién
mejor que Omar Sharif en tal papel?- para participar con su caballo
Hidalgo en Océanos de fuego, una exhaustiva carrera de 3.000
millas a lo largo del desierto del Sahara que sólo los experimentados
jinetes de esas tierras y sus poderosos alazanes se atrevían
a enfrentar. El personaje es, en principio, real, y el evento está
registrado en los anales históricos del país del norte,
pero, al parecer, el verdadero Hopkins era una especie de barón
Münchhausen, cuyas habilidades como jockey eran sólo
comparables con las facultades que tenía para inventar gestas
heroicas. Cuánto hay de cierto en su hazaña, entonces,
no se sabe, pero lo que sí se puede asegurar, sin duda alguna,
es que el guionista John Fusco le añadió bastante
leña a ese crepitante fuego, y que la travesía de
Mortensen hacia el estrellato sigue a paso veloz sobre el lomo de
un hermoso alazán; en este caso, un mustang. Aunque, es menester
decirlo, el aclamado rey devenido en cowboy, quien es también
fotógrafo, pintor, músico, poeta, y posee su propia
editorial, Perceval Press, "un hombre renacentista, una especie
de Rafael (el pintor italiano) moderno", como lo ha bautizado
la prensa tantas veces, no está especialmente interesado
en el botín que podría obtener tras estas agotadoras
cabalgatas: el dorado reino de las alfombras rojas de Hollywood.
"Viggo no quiere ser una
estrella hollywoodense", ha dicho Peter Jackson, director de
El señor de los anillos. Al menos no una de las que
jamás desaprovecharía la oportunidad que representaba
la última entrega de las estatuillas de los Oscar, que puso
al equipo de El retorno del rey bajo los flashes del mundo
entero. "La angustia habría acabado con mis nervios",
se excusó más tarde. "Preferí observar
la ceremonia desde mi casa en compañía de mi hijo.
Pero me alegro mucho por Peter (Jackson)". No en balde, sus
compañeros de rodaje le habían puesto el sobrenombre
de "No-Ego Viggo".
No ego-Viggo
Actitudes como la anterior forman parte de su filosofía de
trabajo y hasta de vida: "Para mí lo importante será
siempre la historia, no se trata de premios o taquilla. Tampoco
tiene que ver con el tamaño del film, el presupuesto o el
tiempo que se invierta en él. Me atrae, más bien,
la experiencia misma de hacer una determinada película, lo
que aprendes de tu personaje, de los lugares y la gente que te rodea
durante ese proceso; cuando la ves y dices: 'hombre, qué
suerte tengo, yo estuve allí, nosotros hicimos eso'... Después
está la cantidad de personas que se acercan a verla. Esa
es la recompensa", comenta Viggo.
No es de extrañar, pues, que la tarde
que acude al encuentro con los periodistas para cumplir con las
promociones de Hidalgo, se mueva en los predios del hotel Four Seasons
de Beverlly Hills, con los pies, literalmente, en la tierra (en
este caso, en la alfombra), en calcetines, con un cómodo
pantalón caqui y una camisa de cuadros. Lleva el cabello
corto y prolijo, más parecido al estilo de un cantante de
rock que a cualquiera de sus héroes, y luce más joven
que en la pantalla o, vale decir, no representa sus 45 años.
Ha pasado todo el día en este trajín, y, sin embargo,
se muestra relajado y de buen humor. Cuando entra en la habitación
donde lo espera un nuevo grupo de representantes de los medios sostiene
en los brazos una caja de cartón. Lo primero que obsequia
es un saludo. Lo segundo: el contenido de la caja: uno de sus libros
de fotografias: The horse is good (El caballo es bueno).
Y he ahí la mejor de las sorpresas: The book is good
o, en claro castellano, el libro es bueno. El regalo es personal,
no es parte de las promociones de la empresa. Es su manera muy particular
de hablar sobre sí mismo y sobre las cosas que le interesan,
más allá de lo que imponga el frugal momento.
Es inevitable hojear rápidamente el
regalo, en varias de las gráficas, obtenidas durante el rodaje,
aparece T.J., el precioso ejemplar que fue escogido para las principales
secuencias de Hidalgo, "el que se llevaba los close-ups",
acotaba Johnston, y que sirvió de modelo para maquillar a
otros cuatro caballos que forman parte de un total de ochocientos
empleados en la filmación.
El
caballo es bueno
"Sí, compré a T.J", dice con voz amable
y pausada. "El es también protagonista del film. Cuando
ves películas sobre animales casi nunca ves al animal tal
cual es; es decir, siempre ves rasgos humanos impuestos en ellos.
En esta, el caballo es realmente interesante como caballo, y lo
que ve el espectador son gestos reales, no hubo efectos especiales
para forzarlos o animatronic. Hidalgo actúa como una especie
de conciencia de Hopkins, pero la mayor conciencia que tiene es
acerca de sí mismo. Se comporta, en fin, como un caballo.
T.J. hacía esas cosas, actuaba como creía que tenía
que actuar. Parecía tener una opinión sobre cada situación
y, claro, muchas veces hacía cosas que se suponía
no debía estar haciendo ante las cámaras. Es muy inteligente,
es adorable... Me quedé con él porque quería
asegurarme de tenerlo siempre cerca", añade riéndose.
Lo que en algunos podría sonar como
una excentricidad, en el caso de Mortensen es una pasión
ya conocida: monta desde que era niño y lo hace tan bien
-aunque, claro está, se sometió a fuertes entrenamientos
para las exigencias de esta producción-, que él mismo
hizo el 99 por ciento de las tomas. Sólo en una intervino
un doble. Las destrezas las adquirió en Argentina, país
donde vivió hasta los once años de edad. Hoy reside
en Los Angeles con su hijo de 16 años, tras dar unas cuantas
vueltas por el mundo. Nacido en Nueva York, descendiente de un danés
y una estadounidense, sus padres se mudaron por razones de negocios
en principio a Venezuela -aquí permaneció hasta los
dos años- y después a la nación sureña.
De allí que hable, además de inglés, danés
y perfecto español. Lógicamente, tiene un marcado
acento argentino.
"En efecto, me gustaría hacer algo
en español. Ya participé en La pistola de mi hermano,
de Ray Loriga, donde hacía un pequeño papel. Bueno,
de argentino en una película española. Fue muy divertido",
aclara bromeando en relación con su acento. "Pero podría
estar haciendo una más adelante...". No lo menciona,
pero se corre el rumor de que posiblemente encarne al capitán
Alatriste en la versión cinematográfica que el realizador
hispano Agustín Díaz Yanes prepara sobre la exitosa
serie de novelas del escritor ibérico Arturo Pérez
Reverte. Otras informaciones especulan en torno a que podría
interpretar el rol de villano en la nueva versión de Batman
que dirige Christopher Nolan (Memento). Cualquiera de los
dos personajes le calzaría estupendamente; aunque muy distintos,
para ambos haría falta un fino sentido del humor, y Viggo
tiene fama de poseerlo: "Sería un comediante genial",
había dicho unos minutos antes Joe Johnston. Bueno, Mortensen
no se cansa de ofrecer sorpresas. Eso sí, si le pulsan la
tecla reflexiva, se esfuerza por dar lo mejor, aun cuando la larga
jornada que le ha tocado este día deja a cualquier mortal
exhausto...
Todos contra uno
Como bien señalaras en las notas de prensa del film, "lo
importante acerca de Océanos de fuego (la carrera en la que
participa el protagonista de Hidalgo) no es quien gana, sino
vivir la experiencia, y lo que sucede a una persona como resultado
de esa experiencia"... Hopkins alcanza una suerte de autorredención
y, aparentemente, se encuentra a sí mismo. ¿Crees
que estas vivencias te hayan ayudado a encontrarte de alguna manera?
"No, yo creo que saber
quién eres es un proceso que puedes explorar toda la vida
y nunca llegas al final. Y eso está bien. Historias como
esta me interesan porque son acerca de grandes pruebas, y si sobrevives
a ellas aprendes algo, cada gran prueba que puedes superar es un
progreso en tu vida de cierta forma...".
De pronto, el comunicativo Mortensen
pareciera perderse en sus propios pensamientos. Alguien le hace
una broma. "¡Es que de repente hacen preguntas en las
que realmente tengo que pensar!", exclama riéndose.
"Pero, okey, las grandes pruebas son buenas", añade
con un dejo de ironía. "Hay mucha gente que ha respondido
de una manera más inteligente a como yo podría hacerlo
hoy, pero en términos de vida Joseph Campbell (escritor estadounidense
especializado en mitología y religión comparada) dijo:
'All life is sorrowfull'. Toda la vida es triste -hace él
mismo la traducción-. Eso no lo podemos cambiar, pero podemos
cambiar nuestra actitud hacia eso, y hasta hacer de ello una especie
de celebración".
¿Cómo era la relación
entre las personas de las dos culturas que están representadas
y participaron en el film..? (Musulmanes y cristianos).
"Me interesan más las similitudes que las diferencias
entre las culturas y es a esto a lo que presto atención.
Creo que está demostrado en la naturaleza que todos estamos
conectados de alguna manera, que tenemos una raíz común,
y eso es lo que trato de indagar. Cuando voy a Nueva York, por ejemplo,
y tomo un taxi, usualmente los choferes vienen de otras naciones,
entonces comienzo a hablar con ellos y a preguntarles acerca de
cómo llegaron allí... siempre estoy listo para oír
una historia. Es una forma de averiguar cuán similares somos
a otras personas. Para mí lo importante no es dónde
estás sino cómo eres".
¿Cómo fueron tus vivencias
en un lugar como Marruecos?
"Bueno, cuando estábamos filmando en el Sahara nos encontrábamos
en medio del desierto, y, como me parecía una oportunidad
tan interesante estar en el desierto, y también porque quería
descansar y tener un poco más de privacidad, cuando el equipo
se iba a lugares cercanos, que quedaban como a una hora, yo prefería
permanecer allí. Era bellísimo. Todos se retiraban,
la noche iba cayendo, las estrellas comenzaban a aparecer... era
muy tranquilo. En general, no había nada que perturbara esa
calma. A veces el clima, o una llamada desde Los Angeles para hacer
una entrevista telefónica en relación con Las dos
torres (segunda parte de El señor de los anillos)...
(risas) .... pero, luego, siempre podías apagar el celular
y lo único que se escuchaba era tu respiración. Era
grandioso experimentar esa sensación".
Durante la filmación de Hidalgo
ocurrió la invasión a Irak por parte de Estados Unidos.
Ustedes estaban haciendo un film sobre un héroe norteamericano
que va a retar a los árabes en su propio terreno...
"Sí, era obvio cuando estábamos allá que
la invasión iba a suceder. Era claro para nosotros y también
para ellos (los musulmanes involucrados en el proyecto). No me hubiese
sorprendido si nos hubiésemos tropezado con una suerte de
'animosidad universal'. Lejos de eso lo que me encontré,
casi siempre, era gente interesada en la cultura de nuestro país,
en la idea de la democracia representativa y esas cosas. Se entendía
claramente que esto era un film de aventuras cuyo cuento ocurre
en el siglo XIX, que nada tiene que ver con los hechos políticos
de la actualidad, y que no puedes culpar a cada estadounidense por
lo que pudiera pasar. A veces me decían: 'Me gusta su país,
lo que no entiendo es por qué no pueden controlar a su gobierno',
lo que era comprensible...", concluye con picardía.
¿Cómo encuentras tiempo
para hacer tantas cosas; es decir, actuar, pintar, escribir...?
"Bueno, siempre llevo la cámara conmigo, y cuando estuve
filmando Hidalgo hice algunas pinturas, tomé muchas fotos,
escribí algunos poemas... también me aprendí
algunos chistes, pero, lamentablemente, se me olvidaron... Soy muy
malo para acordarme de los chistes".
El encuentro se relaja un poco. La ronda
se hace ciertamente breve y está llegando a su final. Hay
quien insiste en el trasfondo político o religioso que se
podría desprender del film por estos días. La verdad,
no tiene mucho sentido. Mortensen ya lo había aclarado en
una anterior oportunidad: "Hidalgo es, como El señor
de los anillos, una historia acerca del autosacrificio, la amistad,
el amor, la compasión hacia otros y de cómo encontrar
un origen compartido. Esos son los valores que subyacen en la película.
Y las reacciones, hasta ahora, de hombres, mujeres, jóvenes,
viejos, musulmanes, cristianos, han sido unánimemente positivas".
Tiene razón: no hay que buscarle una quinta pata a este brioso
alazán.
No bien entra la chica que señala
que el tiempo -el enemigo- se ha agotado, y aun cuando estaba prohibido,
los periodistas no pueden contener el impulso de solicitar un autógrafo
en el libro que Viggo ha obsequiado unos minutos atrás. El
no pone objeciones y, por el contrario, se toma la molestia de preguntar
a cada quien su nombre, cómo se deletrea, y redacta una dedicatoria
personal. Hace bromas, pregunta sobre el origen de algunos: "¡Ah!,
¿sos venezolana?, ¿sabés que yo viví
allá? No he vuelto, pero quiero ir". También
recibe una insignia de su equipo de fútbol argentino preferido:
el San Lorenzo, que un corresponsal del país austral le ha
llevado. Se emociona y se la pone de inmediato. Después permite
que le tomen fotos... Flashes van, flashes vienen... Como sus héroes,
ese día daba muestras de una innegable nobleza . l
|
El relato: Frank T. Hopkins
(Viggo Mortensen), un cowboy ya conocido por sus destrezas
junto a su inseparable alazán Hidalgo, entrega un mensaje
para que se inicie el desarme de un grupo indígena.
El episodio deriva en una masacre, y la culpa arrastra a nuestro
héroe (quien lleva sangre india en sus venas) hasta
las profundidades de las botellas de alcohol y los performances
baratos en shows del oeste. En una de estas actuaciones, recibe
la invitación de un representante de un jeque árabe
(Omar Sharif) para que compita al lado de los mejores jinetes
y sementales del Oriente Medio en Océanos de fuego,
una carrera de 3.000 millas a lo largo del desierto. Una vez
en la contienda, el mayor de los retos será vencer
las propias limitaciones, físicas y psicológicas,
ante una prueba llena de obstáculos que, de vez en
cuando, los efectos especiales ayudan a magnificar.
Las locaciones: Marruecos,
Montana, Dakota del Sur y California.
El espíritu: Devuelve
a las pantallas el encanto de los clásicos de aventuras
de los años cincuenta con un toque a lo Indiana
Jones.
En la dirección: Joe
Johnston. Inició su carrera al lado de George Lucas
en los efectos especiales de La guerra de las galaxias
y sus secuelas El imperio contraataca y
El retorno del jedi. Trabajó con Steven Spielberg
en los efectos especiales y la dirección de arte de
Cazadores del arca perdida e Indiana Jones y el templo
de la perdición. Debutó como director con
Querida encogí a los niños. Le siguieron,
entre otras: Jumanji, Cielo de octubre, Jurassic Park III.
A favor: La impecable fotografía
y dirección de arte, el estupendo Omar Sharif, y la
secuencia, sin efectos especiales, de 600 caballos corriendo
en libertad.
En contra: Se podían
haber ahorrado unos cuantos pies de película, en favor
de
la historia. El guión no logró desprenderse
de los clichés y presenta unos cuantos huecos.
Los otros:
Omar Sharif: El legendario Doctor Zhivago es el jeque
Riyadh, quien extiende la invitación a Hopkins, trata
de pararle el trote más de una vez, y es fanático,
a escondidas,
de los suplementos de Buffalo Bill.
Zuleikha Robinson: Esta es la primera "gran oportunidad"
de la joven de origen británico en el cine. Antes estuvo
en Timecode, de Mike Figgis. Su papel es el de Jazira,
la chica de la película, hija del jeque.
Said Taghmaoui: Francés, fue co-guionista y
uno de los protagonistas en el film galo El odio (La Haine),
de Mathieu Kassovitz. Participó en Three Kings
(Tres Reyes), de David O. Russel. Es el príncipe
Bin al Reeh, un recio jinete árabe, futuro consorte
de Jazira.
Louise Lombard: La actriz británica asume a
Lady Davenport, la infaltable seductora de alma tramposa.
|

¿Dónde
lo vi antes?
Su primera oportunidad en la gran
pantalla habría sido en 1984, en Swing Shift, de
Jonathan Demme, pero sus escenas fueron voladas del film.
De allí que sería en Witness (1985), de Peter
Weir, donde se inició su trayectoria, que acumula
una buena cantidad de variopintos personajes secundarios.
Entre sus apariciones:
The Indian Runner, de Sean Penn; Crimson Tide, de Tony Scott;
Carlito's Way, de Brian de Palma; Retrato de una dama, de
Jane Campion; G.I. Jane, de Ridley Scott; A perfect Murder,
de Andrew Davis -en la que su papel de pintor le permite
desarrollar una obra de su autoría ante las cámaras-;
A walk on the moon, de Tony Goldwyn; 28 días, de
Eddie Boone; y,
por supuesto, la trilogía de El señor de los
anillos.
|
Ver también en Encuentros:
- Todo sobre el calcio
- Torres de babel
|