| El raro y perturbado Fritz
En poco tiempo, Susie perdió a gran
parte de su familia
Max Haines
Había un buen motivo por el cual nadie escuchó ni vio a Delores Lynch ni a su hija, Janie, una tarde de domingo en el mes de julio de 1984: estaban muertas. Los amigos llamaban insistentemente. Janie, quien asistía a la escuela de odontología de la University of Louisville, tenía su propio apartamento cerca de la universidad, pero solía pasar los fines de semana con su madre viuda en su espaciosa casa campestre, que quedaba a unos 27 kilómetros de la ciudad.
El lunes, nadie respondía aún las llamadas telefónicas en la residencia Lynch. Para el martes, una amiga estaba tan preocupada que se acercó al lugar; fue ella quien encontró los cadáveres de Delores y Janie Lynch.
El doble asesinato resultó ser todo un misterio. El cuerpo de Delores yacía a un lado del garage; le habían disparado en la cabeza. Janie fue encontrada en el corredor, cerca del dormitorio de Delores: le habían disparado tanto en la cabeza como en la espalda.
La policía pensó que el móvil podía ser el robo, pero en la casa había dinero y joyas a plena vista de cualquier ladrón. Por la posición de los cuerpos, parecía que Delores había sido asesinada primero; Janie probablemente trató de huir antes de ser abatida. Se encontró sangre en la cocina, donde ella se detuvo momentáneamente en un intento de usar el teléfono.
Se realizó una autopsia a los cadáveres, lo cual confirmó lo que era obvio. Al hijo de Delores, Tom, odontólogo de Albuquerque, estado de Nuevo México, le comunicaron la noticia de la tragedia y viajó a Louisville para asistir a los funerales. La investigación de los asesinatos era interminable. No parecía haber ningún móvil. Era verdad que Delores tenía una personalidad mordaz, pero si todos en Louisville con una personalidad así fueran asesinados, la población de la ciudad se reduciría drásticamente. Además, ¿por qué Janie? Parecía que tanto familiares como amigos la apreciaban. El doctor Tom regresó a su práctica como odontólogo en Albuquerque. Él y su esposa, Susie, estaban en medio de un amargo divorcio. La pareja se conoció mientras estudiaban en la Wake Forest University y allí se habían enamorado perdidamente uno del otro.
Sólo había una piedrita en el zapato desde el inicio de su romance. Cuando Tom llevó a Susie a casa a conocer a su madre, las dos mujeres se cayeron mal de inmediato. A Delores le parecía que Susie, quien venía de una familia de clase alta en Reidsville, Carolina del Norte, veía por encima del hombro a ella y su familia. Ambas mujeres se evitaban como el vinagre y el aceite. Pero pese a las objeciones de Delores, Tom y Susie se casaron el 6 de junio de 1970. Durante los años del matrimonio de Tom, Susie y Delores hablaban mal una de la otra. La pareja tuvo dos hijos. Ambos padres adoraban a John y Jim, pero el matrimonio se deterioró.
Cuando Tom se graduó, abrió un consultorio en Albuquerque, algo muy alejado de las tradiciones y valores del sur de Estados Unidos que tanto apreciaba Susie. Ella detestaba la informalidad de la región occidental del país y no le dio a su nuevo hogar ni siquiera una oportunidad. Se quejaba constantemente del lugar, la gente y, al final, del propio Tom.
Cuando la madre y la hermana de Tom fueron asesinadas, él y Susie estaban enredados en una encarnizada disputa en torno a los derechos de Tom de visitar a sus hijos.
Desde hacía algún tiempo, Susie había estado en compañía de su primo hermano, Fritz Klenner. Hay que decir que este pariente era un tipo raro: había asistido a la University of Mississippi por dos años con intención de convertirse en médico, igual que su padre, pero cuando vio que por sus calificaciones no podría entrar en la escuela de medicina, le dijo a su padre que había sido aceptado en la escuela de medicina de la Duke University. En realidad, nunca asistió a esa universidad, pero engañó a su padre y sus amigos.
El doctor Klenner era reconocido por sus trabajos con la vitamina C. La mayoría de sus pacientes, quienes lo veían como una especie de dios, sufrían de enfermedades que otros médicos consideraban incurables.
El joven Fritz ayudaba a su padre en su consultorio casi todos los fines de semana, e incluso muchos de los pacientes lo llamaban “doctor”. Lo que nadie sabía era que Fritz vivía en un mundo de fantasía de armas, supervivencia, mentiras y engaño. Podía contar una historia increíble y a menudo narraba cuentos de sus milagrosas curas médicas, su servicio militar en Vietnam y sus actividades secretas con la CIA; pero todo existía sólo en su fértil imaginación. Sin embargo, él tenía un secreto que seguramente compartía con su prima Susie. Fue él quien se había dirigido a la residencia de las Lynch y había abaleado a Delores y Janie.
Ian Pearson, un amigo de Fritz, estaba totalmente convencido de que las fantásticas mentiras de su amigo eran la verdad absoluta. Él le había contado que trabaja en operaciones encubiertas para la CIA. Tenía un trabajo que hacer, y Ian podía acompañarlo para ganar experiencia. Dado que Ian estaba interesado en hacer carrera con la CIA, no perdió la oportunidad de acompañarlo. Fritz nunca le dijo la identidad de las víctimas, ni tomó parte ni presenció los asesinatos, pero lo acompañó en el trayecto. Durante todo el tiempo, pensó que estaba actuando en nombre del gobierno de su país.
En mayo de 1985, los padres de Susie, Bob y Florence Newsom, y su abuela de 85 años, Hattie, fueron asesinados en la casa de la anciana, cerca de Winston Salem; los tres recibieron disparos en la cabeza. Era mucha coincidencia que Susie Lynch hubiera perdido, en poco más de un año, a su suegra, su hermana, su madre, su padre y su abuela.
La policía investigó los antecedentes de la familia. Los agentes se enteraron de las rarezas de Fritz. Se enteraron del desagrado que sentía Susie por su suegra y de las muchas discusiones que sostenía con su propia madre. Era difícil creer que ella podía estar involucrada de alguna manera con los cinco asesinatos, pero de su primo se podía creer todo. Ian Pearson cooperó con la policía y ayudó a que se registraran las declaraciones incriminatorias que había hecho Fritz. La policía estaba lista para detenerlo; en ese entonces vivía con Susie y sus dos hijos, John, de 11 años, y Jim, de 9. Cuando los detectives llegaron a su hogar, Fritz y Susie acababan de cargar varias armas en un auto. John y Jim se montaron como pudieron en el asiento trasero. El auto se alejó velozmente mientras la policía les pisaba los talones.
Fritz abrió fuego. Durante la violenta persecución, tres oficiales de policía resultaron heridos.Finalmente, el vehículo de Fritz se detuvo. Mientras la policía se preparaba para un cruento tiroteo, una estruendosa explosión hizo pedazos el auto. Él, Susie y sus dos hijos murieron instantáneamente. El propio Fritz había colocado la bomba. ¿Por qué había ocurrido todo esto? Nueve seres humanos habían muerto. ¿Un hombre mentalmente perturbado no había logrado estar a la altura de las expectativas de su padre? ¿Una hija resentida había buscado venganza?
Ian Pearson fue acusado de ser cómplice de asesinato. Lo encontraron culpable, lo sentenciaron a cuatro meses de cárcel y le impusieron una multa de 3.000 dólares.
Un jurado investigador encontró a Susie Lynch y Fritz Klenner responsables por las muertes de Delores y Janie Lynch.
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