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Simplemente
Draco

Muy lejos han quedado los días cuando Robi Draco Rosa formaba parte de la agrupación Menudo o dedicaba su tiempo a la producción de grandes éxitos ajenos —es el autor de Livin’ la vida loca y La copa de la vida de Ricky Martin. Ahora se habla del puertorriqueño como representante de lo mejor del universo musical latino no sólo por la calidad de su trabajo sino por su intensa personalidad. Del rollito comercial queda muy poco, por no decir nada. Raúl Chacón Soto / Puerto Rico / Enviado especial

Se ha vuelto a cambiar de nombre. Ahora le dicen Draco (dragón en latín), a secas, como aparece en los graffitis de las paredes y en los anuncios que promocionan sus presentaciones en el Centro de Bellas Artes de San Juan de Puerto Rico: Draco Live. En vivo, entonces, para sus incondicionales seguidores en la isla, quienes le profesan una admiración cercana al delirio, y que, como era de esperarse, han agotado las entradas para las cinco noches de conciertos; y también para los periodistas, quienes han llegado de diversos países de América Latina con la intención de aprovechar al máximo los minutos destinados a la conversación con el artista, y de verle en escena, donde dicen que se crece y sorprende, siempre dándole lugar a la improvisación, con el respaldo que suele darle su sólida banda.

Hasta hace muy poco era Robi Draco Rosa, artísticamente hablando, pues el nombre que le dieron sus padres es Robert Edward Rosa. Ha usado otros, como el de Ian Blake, un pseudónimo al que recurrió para firmar la autoría de temas de los que no se sentía precisamente orgulloso, pero que han significado para los artistas que los han interpretado la fama y, por qué no decirlo, cuantiosas sumas de dinero —no sólo ha escrito las canciones del boom de su entrañable amigo y ex compañero en Menudo, Ricky Martin, sino que ha compuesto éxitos para Ednita Nazario y hasta para Julio Iglesias—. Ahora quiere enterrar a “Robi” —según se lee en nota de prensa publicada a finales de octubre— en un pequeño ritual que desea llevar a cabo antes del próximo 6 de diciembre, fecha cuando lanzará al mercado su nuevo DVD que recoge las presentaciones en vivo que realizara en la isla hace aproximadamente un año bajo el título Al Natural —los temas pertenecen a su último álbum, Mad Love, un verdadero suceso de crítica y de ventas—, que constituyeron un gran éxito y que marcó una asistencia récord al Coliseo José Miguel Agrelot. “Hace muchos años me enteré de que hay maneras de cambiar los nombres y así lo hice... Voy a resucitar a Draco, pues hay mucha gente, incluyendo mis hijos, que simplemente me conocen como Draco. Mi pasaporte, mi licencia y certificados están bajo ese nombre”.

Que no es un hombre corriente se sabe, y no sólo por lo del cambio de nombres. Lo dice muy bien una periodista española que le entrevistara hace ya un tiempo para el diario El País: “No es un tipo normal. O al menos su vida, su obra y sus múltiples personalidades indican que no lo es. Su conversación tampoco es sencilla; es más, a veces peca de intensa y confusa”. Razones le sobran a la reportera. Basta asomarse a algunos episodios vividos por Draco en sus 35 años de existencia para confirmarlo: Infancia difícil en Nueva York —es nuyorican—; inicio de la carrera musical a los 14 años con Menudo, agrupación a la que dejó plantada en plena gira en 1987, días cuando declaraba, textualmente: “Tenía la sensación de que la industria y los adultos eran una asquerosidad, yo no quería ser como ellos. Por eso abandoné y me tatué las manos. Así, cuando me saludara la gente, sabría si se dirigían a mi espíritu mirándome a los ojos, o a los tatuajes para juzgarme”; primeros pasos en el cine, un medio que no le gustó mucho pero que le permitió conocer a su esposa, Angela Alvarado, su coprotagonista en la película Salsa, con quien tiene dos hijos; tránsito por la banda Maggie's Dream, un grupo multirracial que fundó en California y que mezclaba el hard rock, el soul y el funk; y, casi de inmediato, una inmersión profunda en el océano de las drogas, del que emergió, apartando razones personales, gracias a las bocanadas de aire que le proporcionaba su recién iniciada carrera en solitario, que tuvo como punto de partida el álbum Frío, grabado en España en 1994, pero, sobre todo, Vagabundo, considerado por la crítica como uno de los mejores trabajos de rock latino de la década.

El alma cruda
“De conversación intensa y confusa...”, es cierto. A Draco se le da la mano mirándole directamente a los ojos, por supuesto. Aunque no podría haber sido de otra manera, pues él detiene fijamente su mirada en los del interlocutor mientras habla. Saluda cálidamente y agradece por el viaje que ha significado ir hasta Puerto Rico a verle. Está cansado, pero contento. Miembros de su equipo han dicho que casi no ha dormido, por lo que temen que no esté en su mejor momento para recibir a la prensa. Temores infundados. El artista atiende a las preguntas prestándoles toda la atención posible, y sus respuestas son reveladoras; más de lo que inicialmente se ha pretendido con ellas. Lleva encima un jean negro y una franela del mismo color con la inscripción: “Sólo la música armoniza las diferencias”. Los tatuajes, imposible no verlos al rato, son muchos, en ambos brazos... y ahora se han convertido en su sello al punto de que por esos días estaban subastando un auto decorado con dos de los diseños que cubren su piel. Está contento porque debutaba en el Bellas Artes, un lugar al que llegan los grandes, un sitio que para él, por haber crecido en la isla, tiene mucha significación: “La primera vez que toqué como solista en Puerto Rico a los promotores de estos sitios no les interesaba... a nadie le interesaba. Unos amigos me dieron la idea de ir a un almacén cerca de aquí. Fue intenso, con el gueto al lado... y abrimos este sitio e hicimos un show, y aparecieron 1.500 personas, y abrimos otro y otro... gente que trabajó en esa época está ahora aquí, el muchacho de las luces. Por fin llegamos al Bellas Artes. Pues sí, estoy emocionado, me trae recuerdos lindos”.

Al momento de la entrevista ya se había presentado dos de las cinco noches previstas. En la rueda de prensa dada a los medios puertorriqueños, Draco había declarado que habría mucha improvisación, mientras que los reporteros señalaban que siempre sucedía así con el artista, quien es una verdadera sorpresa en escena: “Nada, es que a veces saco canciones, coloco otras. Uno saca la guitarra y pasan cosas o a veces me enamoro tanto de una letra que digo, guao, tengo que hacerla, pero con otros acordes. Cosas así. Me gusta porque uno está vulnerable, se puede equivocar. Creo que eso es lo lindo de estar en un teatro. Se permite mirar a los ojos, y creo que tengo mejor oportunidad de que me lo vayas a perdonar, de que me digas, ‘oye, trata de nuevo, un poco así, más relajado’”. Los conciertos, según rezaba la nota de prensa, estaban siendo grabados para ser utilizados en algún nuevo trabajo del artista. ¿Otro DVD? ¿Acaso un CD con música en vivo aparte del que ya está anunciado para salir en marzo de 2006? La pregunta obedecía a recientes declaraciones del cantante donde aseguraba que ya no estaba muy interesado en producir su música en estudio —posee uno muy completo en West Hollywood de nombre Phantom Vox —sino en registrar sus presentaciones personales. “Más allá de hacer discos en los estudios yo lo que más deseo es poder viajar y llegar a este país o al otro, tocar en vivo y documentar... Todavía no sé si el álbum de marzo será en estudio o en vivo. Ahora, por ejemplo, tengo una canción nueva que hago en el concierto, que me gusta... esta canción va para el próximo disco... si sale una buena grabación en vivo, pues mira, a lo mejor la dejo en vivo”, aseguraba Draco, si bien ya ha declarado recientemente que en las grabaciones el concierto “suena increíble” por lo que de seguro habrá un álbum en vivo el próximo año. “Como se hacía antes no está mal —refiriéndose a las grabaciones en estudio—, pero no es la crudeza, esa cosa de tener el alma cruda, ese quebranto que tú consigues ahí, puro... pero puedo conseguir grabaciones bastante limpias y buenas también on the road... tampoco es que va a sonar tan en vivo... Quiero capturar un poco la energía y el curso distorsionado no tanto de la guitarra sino del surrealismo de las cosas que pasan en vivo”.

La pena negra
Su nuevo interés por el trabajo en vivo viene acompañado de algunas otras certezas. Sabe que va a viajar mucho, pero que eso no implicará el alejamiento de su familia: “No me preocupa que vaya a estar más alejado de ellos... ellos viajan conmigo. A mí me fascina la familia. Me encanta. Sin ella soy un ser perdido, sin un por qué en la vida. Si fuera por mí tengo 15 hijos. Es familia para toda la vida. Llevo eso y la pena negra hasta la muerte”. Sabe también que no volverá a producir canciones a otros. “Ya voy para casi siete años sin hacer una producción, pero de esos siete años, pasé cinco encontrando el groove de nuevo, ¿sabes? Estar encima de una mesa produciendo e ir a defender la música, ir a la carretera, son dos cosas muy diferentes. Gracias a Dios lo dejé, porque estaba absorbiendo una parte de mí que realmente no tiene precio. Y ya la rescaté. No quiero saber más de producciones”. Muchos hablan de una nueva etapa en su carrera, algo que él mismo confirma: “Sí, es una combinación de varias cosas. Es una etapa nueva por muchas razones... me ha pasado que soy mucho más productivo ahora”.

Los minutos pasan volando, pero aún hay tiempo para hablar de percepciones, las propias y las ajenas. Sobre su último álbum, Mad Love, una interesante propuesta que desafía la clasificación en cualquier género—acá la voz de Draco recuerda, en momentos, a la de Sting—, se escribió mucho y muy bien. “Mad Love es sexy y misterioso. Retador pero accesible, y sobre todo, una propuesta fascinante proveniente del lado riesgoso del pop”. Así han dicho en el prestigioso site Allmusic, y así se le ha leído a Draco: “Todo el mundo intenta clasificarme. A mí me gusta la música. No me gusta toda, pero hay una gran parte que me encanta. El jazz, por ejemplo. El pop no sé si lo entiendo. Esa es una percepción de la gente. Canciones que yo he escrito, que están en mis discos, son canciones preciosas de amor. Porque el amor, entiendo yo, es de todos. A lo mejor sí, en un disco vas a encontrar unas piezas fuertes y otras que no lo son, porque soy un ser humano como cualquier otro, con mis altas y mis bajas. Hay días en que estás más relajado, no eres el toro y hay otros en que amaneces con una pasión diferente. No busco un enfoque. No digo ‘vamos a hacer esto en un disco porque la gente espere que yo sea de una manera...’. Encuentro que soy una persona ecléctica y encuentro que el mundo en sí es bastante ecléctico. Hay unas ciertas reglas que están establecidas y que son arcaicas, pero yo tengo mucha más fe en el público, en el pueblo. Pienso que si das cosas nuevas vas educando y después se convierten en parte de la vida de ellos. La vida es muy dura, muy cruzada, y yo estoy aquí para brindar un poquito de surrealismo... —y agrega en tono de complicidad— una noche tuya tú pones Mad Love con tu pareja y man... dime tú... llámame por la mañana y dime si no la pasaste bien”.

Asunto de percepción, también, el que muchos le consideren un hombre difícil, inclasificable, alejado de lo normal. Draco achaca lo de difícil al hecho de que es un hombre exigente en su trabajo, pero conmueve al querer explicarse más allá: “Bueno, me imagino que... yo nací con unos fallos, como tenemos todos nosotros. Un desequilibrio emocional, químico. Me gusta encontrar sensaciones nuevas. Me gusta sentir fuego y agarrar, qué sé yo, el mar abierto de frente. Y muchas veces en mi vida, pues me he ido al mar abierto, con olas fuertes, sin nada, con unos shorts y con un botecito pequeño, siempre con la fe de que me toca estar aquí y con la posibilidad de que acabe todo. La música y la vida las llevo así. Sólo le temo a Dios, ¿entiendes?”
Cómo no entenderlo. Es una respuesta del mismo hombre que alguna vez ha declarado: “Quiero seguir puro y natural, a mi aire, arrancándole sonrisas a la vida”. ¿Le has arrancado alguna últimamente? “Es difícil, man. Es importante que lo menciones. Con todos los dones que me ha dado Dios para hacer música, hay otro lado mío que es débil... en el sentido de que sufres y sufro contigo. Tengo que evitar lo que leo en los periódicos a veces, porque sí, porque me deprimo, y siento, como te dije, que la pena negra siempre está, Pero yo estoy tratando de buscar la fucking luz. Me cuesta, pero entiendo que soy así. Pero man, una sonrisa, de vez en cuando, es bastante agradable. Y Dios quiera que encuentre varias esta noche”. Las hubo, Draco. Las hubo.
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Disculpas
En la noche, durante el concierto, Draco interrumpió un tema para pedirle disculpas a su público con el que se comunicaba constantemente. Al detener abruptamente la canción explicó que, a su pesar, por más que intentaba lo contrario, le estaba saliendo la peor presentación de todas. Dijo que lamentablemente no podía quitarse de la cabeza la visita de un grupo de personas que podía tener cierta incidencia en su carrera. Prometió, entonces, no pensar más en ellas para bien del espectáculo. Sus seguidores; es decir, todo el teatro, no pareció notar menor entrega por parte de su admirado cantante. Los críticos dijeron que fue una presentación “gótica y sombría” —mucho más intimista— donde prevalecieron los temas de su álbum Vagabundo. Lo cierto es que su música —quizás no tan conocida entre los venezolanos— es sorprendente por su calidad. Tanto él como su banda sortearon con éxito desde los temas más delicados hasta los más duros... muy lejanos, en efecto, a las
repeticiones anodinas del pop. Más adelante Draco agradecería a los nunca identificados visitantes por haber venido de tan lejos sólo para verle y escucharle actuar. No es un tipo normal.

 

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