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Siete manjares que merece tu paladar
Los
pimientos de piquillo rellenos de
bacalao pil-pil
Si se los come en el Bar Basque de La Candelaria, preparados por
Blanca, la dueña de casa, seguro que disfrutará la
gloria de estar vivo. Prepare el estómago con una copita
de jerez seco y bien frío.
Aquí esta la manera para que se los cocine en casa, es más
fácil de lo que parece:
Con anticipación aliste los pimientos; puede comprarlos en
lata o asarlos usted mismo. Escoja unos que estén firmes,
de piel lisa y carnosos, los rojos son ideales por que tienen un
toque dulce. Para asarlos, úntelos con aceite y colóquelos
en una placa. Llévelos al horno bien caliente, voltéelos
cada cinco minutos y verifique que la concha se halla levantado.
Entonces pélelos bajo el agua del grifo. Consérvelos
aparte mientras prepara el relleno.
Bacalao al pil-pil: En la víspera, remoje el bacalao en agua
fría durante 24 a 36 horas, cambiando el agua varias veces.
Para cuatro personas, emplee medio kilo de bacalao (la parte lateral).
Una vez rehidratado, lavado y escurrido, píquelo en trozos.
En un caldero grueso coloque un poco de aceite de oliva, cuatro
dientes de ajo pelados y cortados a lo largo, junto a medio picante
pequeño. Cuando doren, retírelos y reserve. En este
momento coloque el pescado con la cara de la piel hacia abajo y
siga agregando aceite de oliva. Mueva tenaz y constantemente. De
esta manera, la gelatina que tiene el bacalao formará una
emulsión junto con el aceite, y el resto del pescado seguirá
uniéndosele para formar una especie de mahonesa de una textura
muy especial. Para terminar, agregue el ajo triturado y, si desea
picor, añada también el picante. Rellene los pimientos.
Métalos en el horno bien caliente por veinte minutos y bañe
antes de servir con una salsa ligera de tomate. En caso de que quiera
reservar en el Bar Basque, el teléfono es: 572.4857.
Merengón
de níspero
La combinación de capas de suspiro intercaladas con crema
chantilly y níspero maduro crea un placer del más
allá. Hacerlo en casa no es tan sencillo, aunque así
parezca, pues depende más de
la técnica que de los ingredientes para lograr los tostaditos
aros de suspiros. Pero este pastel de hadas, cronchi, dulce y especialmente
relleno de mucha crema, tiene a sus expertos hacedores en la capital:
la pastelería Danubio, esa misma que ha acompañado
con dulzura la infancia de muchos venezolanos. Tal delicia se debe
encargar con dos semanas de anticipación. Cuesta como 13.500
bolívares por kilo, y el teléfono es: 267.2209. Pregunte
por el señor Raúl Briceño.
Mango
bajito
La madre naturaleza da origen a los primeros manjares, ella es la
que ha confeccionado los mil y un tesoros ricos y listos para comer.
Las frutas, en general, son todas deliciosas, saludables y tienen
ese ready to go que las hace reinas en diseño de empaque
y contenido. Y, entre ellas, el mango tiene una cualidad oculta
para el que se atreve a probar lo diferente: la próxima vez
que haga parrillada sorprenda a todos colocando unos cachetes de
manga pintona salpimentada sobre la brasa. Resultan un acompañante
glorioso de la carne. Para los más cercanos al dulce, he
aquí la receta de otro manjar.
Tarta de mango.
Remoje 800 gramos de mangos cortados en rebanadas finas, y báñelas
con 1/4 de taza de ron durante una hora. Caliente el horno a 220
ºC. Forre un molde para tarta de unos 22 cm con patê
brisée sucrée (pasta quebrada. Ver receta), pique
la concha con un tenedor y hornee durante 15 minutos, disminuyendo
el fuego a 175ºC. Espolvoree dos cucharadas de azúcar
sobre el fondo de la concha de masa. Escurra el mango, guarde el
ron, y dispóngalo en orden sobre el azúcar. Hornee
durante 30 minutos. Con calor moderado, suba la temperatura a 220
ºC.
Bata tres yemas de huevo, junto a una taza de crema espesa, tres
cucharadas de azúcar y el ron que apartó. Vierta sobre
las rebanadas de mango. Esparza encima dos cucharadas de almendras
rebanadas finas y hornee por 15 minutos más. Sirva junto
a una bola enorme de helado de mantecado y una copita de cidra o,
por qué no, una copa de champaña helado.
Patê brisée sucrée.
Para prepararla se colocan ocho cucharadas (100 g) de mantequilla
cortada en trozos pequeños dentro de un tazón; se
agregan dos yemas de huevo y media taza de Nevazúcar (50
g); todo se amasa con ayuda de un tenedor o una batidora a velocidad
baja. Se le ciernen 11/4 de tazas (150 g) de harina, una miguita
de sal, y la ralladura de algún cítrico de su preferencia.
Se mezcla con la punta de los dedos y cuando todo forme grumos,
se rocía con un chorrito de ron y un tanto de agua, sólo
para humedecerla. Voltéela sobre una mesa de trabajo y compáctela
con ayuda de una espátula; envuélvala en plástico
y refrigere mínimo 30 minutos o hasta el momento de usar.
Costillas
de cordero tierno
Marcadas en la llama, horneadas con romero fresco y bañadas
por una una salsa de vino tinto de la misma maceración.
Hincarle el diente a este manjar es de seguro un placer que despierta
nuestros instintos. Debe acompañarlo con una guarnición
rústica de papas colombianas y coles de Bruselas en mostaza.
Compre un costillar de cordero de acuerdo con sus deseos, sumérjalo
en vino tinto seco, unas dos ramas de romero fresco, una cabeza
de ajo completa cortada por la mitad, dos clavos de olor trinchados
con unas hojitas de laurel a dos mitades de cebolla, una zanahoria
mediana en trozos, unos dos tallos de apioespaña, y la parte
blanca de un ajoporro. Deje reposar esta marinada y, al día
siguiente, retire el costillar del líquido, salpimiéntelo
y dórelo en mantequilla y un poquito de aceite para que no
se queme. Déle vuelta y vuelta sobre una olla gruesa, selle
todos los costados y métalo en el horno a 350º C. Por
unos 45 minutos, bañe con la marinada y continúe horneando
por una hora más. Luego retire su costillar y coloque en
una fuente hermosa, bañe con la salsa de vino de la marinada
colada y reducida. Sirva bien caliente y acompañe con el
mismo vino tinto refrescado con unos grados de frío.
Chocolate
caliente
El chocolate encabeza siempre cualquier lista de golosinas y tentaciones.
En este caso particular, les contamos sobre el chocolate que hacen
en la misma tierra que lo produce: Chuao. Subiendo desde una hermosa
playa se llega a la hacienda cacaotera que trabaja produciendo la
fruta de los dioses desde hace más de trescientos años.
Frente a los patios de secado del cacao, Rubén, hombre gordo
y de carácter, vende el dulce chocolate caliente y espesito
de Chuao, hecho con la misma semilla que ha seducido a indios, blancos
y negros por igual. ¿Cómo lo hace? Coloque una taza
de leche a fuego medio en una ollita de fondo. Agregue 40 gramos
de chocolate semidulce en trocitos, una pizquita de sal y una cucharada
de azúcar. Cuando hierva, espese con una cucharadita de maicena
disuelta en un poquito de leche fría. Siéntese en
su sofá preferido junto con unos bizcochos de azúcar
nevada, y, sin pena, introduzca el bizcochito inocente en el chocolate
y muerda con suavidad.
Arepitas
asadas con un poco de mantequilla
Acostadas junto a un lebranche abierto en mariposa y pintado de
ajo y sal.
No siempre los manjares están vestidos de dorado y suntuosidad.
A veces el placer está más cerca de lo que estamos
acostumbrados a buscar. Existe una posibilidad que alimenta el espíritu
mas allá de los convencionalismos.
Estando a la intemperie, luego de un día de exploración,
caminata y aventura, haga campamento antes de que oscurezca y busque
una leñita y tres piedras grandes de más o menos las
mismas proporciones. Los indígenas pemón disponen
un trío de piedras que funcionan mejor que muchas cocinas.
La separación entre ellas sirve para introducir las leñas,
graduar la llama y, además, de base para una olla, plancha
o parrillera. Ponga a asar, entonces, unas arepitas amasadas con
un poco de mantequilla. Acuéstelas junto a un lebranche abierto
en mariposa, pintado de ajo y sal. Siéntese frente al fuego,
tome una de las arepitas, y muérdala con los ojos cerrados,
que asada sabe como no es posible creer, pues toma un sabor de ceniza
y una textura porosa que se desmorona en la boca.
Camacutos
cocidos en leche de coco, ajo y cilantro
Si de sentarse a degustar
se trata, qué tal atreverse con estos majestuosos mariscos.
Se consiguen durante la temporada de lluvia -de julio a diciembre-.
Puede disfrutarlos en el restaurante Samui de Los Palos Grandes,
o, si prefiere, prepararlos usted mismo en casa, pues de la manera
que ofrecemos a continuación es muy sencillo. En una sartén
bien gruesa, ponga un trozo de mantequilla y un chorrito de aceite
de oliva. Salpimiente los camacutos, llévelos a la sartén,
voltéelos de tanto en tanto, agregue un diente de ajo picado
y báñelos luego con un chorro de vino blanco, leche
de coco y un pedacito de ají picante. Vuelva a salpimentar,
y, cuando ya los vaya a servir, con arroz blanco, como debe ser,
añada un buen puño de cilantro fresco picado grueso.
La misma receta sirve para unos langostinos jumbo. Los camacutos
los puede ubicar en Caracas a través del señor Arturo
Armas Bustillo (teléfono: 0414-936.1287). Para reservar mesa
en el Samui: 285.1003.
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