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7 hábitos culturales que debes cultivar

Escribir
Mejor hecho a mano
La sorpresa de encontrar en el viejo baúl de los abuelos un atado de postales y cartas amarillas, ya es cosa del pasado. Las esquelas de hoy no se escriben en una perfumada hoja de papel sino en la moderna pantalla de una computadora; sin embargo, más allá del soporte siempre prevalecerá el deseo de comunicarse con belleza y propiedad, a través del género epistolar. Aquello que es fruto de la experiencia y del ingenio, y que siempre se desea transmitir, encuentra en la carta, en especial si es escrita a puño y letra, un sendero mil veces transitado pero infinito en sus posibilidades de expresión.

 

Leer
El camino de la imaginación
Dicen que la lectura es una conversación con los hombres más ilustres de los siglos pasados; es, también, un viaje por parajes insospechados, la aproximación a culturas recónditas y la oportunidad de descubrir mundos reales e irreales. Es conocer, además, las posibilidades que ofrece el lenguaje y las mil formas de expresar las ideas y los conocimientos. Leer cuanto llegue a las manos es una práctica que, sin duda, amplía el bagaje y, por sobre todas las cosas, es un ejercicio en el que los hombres se unen a través de un código común.

 

 

Consultar un atlas
La vuelta al mundo

El simple gesto de pasear el dedo índice por las hojas de un atlas, detenerse en el mapa de un continente, de un país, de un pueblo, intentar aprender sus nombres de memoria, identificar su ubicación, es un hábito cultural al alcance de cualquier individuo. Es un bello ejercicio que, lejos de ser ligero, regala a quien se aproxime a esta experiencia, el gusto de pasear por los "mares azules de los atlas y por los grandes mares del mundo", como dijo Jorge Luis Borges.

 

Ir al cine o al teatro
La vida en escena
En una sala oscura es mucho lo que puede pasar ante los ojos. Sólo basta un par de horas para que el espectador se sumerja en historias divertidas, tristes, profundas. Una película o una obra de teatro siempre abrirá una ventana hacia nuevos conceptos, puntos de vista. Si el entretenimiento y la expresión de una idea son algunos de los aportes de estas dos actividades del arte, son igualmente caminos que, como la literatura, transportan a un mundo siempre presto a ser descubierto. Al subir el telón o al apagarse las luces, se inicia una travesía para conocer nuevos paisajes, culturas y más, un poco más, sobre la controvertida naturaleza humana.

 

Llenar crucigramas
Memoria y conocimiento
Es mucho más que un hobby dominical. Es un hábito que exige de dos herramientas principales: el lápiz y la memoria. Llenar un crucigrama es un placer sólo equiparable a la deliciosa tarea de armar un rompecabezas. Es una pequeña competencia individual de conocimiento en la que entran en juego importantes facultades humanas como ejercitar la memoria, resolver problemas y seguir instrucciones. También es la oportunidad de indagar sobre áreas tan disímiles como la historia del arte o la matemática. Perderse en ese laberinto de palabras, buscar respuestas a la larga lista de interrogantes es, además, una invitación a adquirir otro hábito cultural: consultar el diccionario.

 

Viajar
Transitar lo desconocido
Entregarse a conocer los olores, sabores y colores de lugares distintos a los que se aprecian cotidianamente, es una experiencia que va más allá del acto de hacer turismo. Viajar es recorrer los infinitos parajes que existen cerca y lejos, esos que son una inagotable fuente de estímulos para quien asume el viaje como un alimento para el espíritu y para el intelecto. Es preciso aproximarse a los diferentes destinos geográficos con la mirada extrañada y curiosa de un niño que recién descubre el mundo que le rodea, sin desestimar el sinfín de caminos, paisajes y personas que decoran el planeta. "La diferencia entre un turista y un viajero es que este último no sabe cuando volverá al lugar de partida, pues realizar un periplo implica también transitar hacia el interior de sí mismo", decía el escritor Paul Bowles.

 

Escuchar musica
De muy buena onda
No implica ningún esfuerzo. Llega a los oídos con absoluta y total libertad. Y qué maravilla que un deleite como escuchar música no sólo sirva de alimento para el espíritu. Se sabe que dejarse llevar por los ritmos y caprichos sonoros creados por los compositores, potencia varias áreas de conocimiento, favorece la capacidad de concentración y contribuye a perfeccionar el lenguaje. A las muchas virtudes que otorga al hombre este antiguo hábito, se suma el acceso al vastísimo mundo de la historia de las tendencias y estilos musicales. ¡Qué melodía!


 
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