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7 destinos
El
río de los pájaros. La industria petroquímica
no es, precisamente, de las menos contaminantes. El río Morón,
convertido en los años cincuenta en el brazo acuático
de un "polo de desarrollo", vio mermar su caudal en 94.3
por ciento. Se hizo menester entonces recuperarlo, y el plan fue
encargado a uno de esos genios poco reconocidos llamado Julio César
Carozzo. En 1969 comenzaría el proyecto, y los frutos están
hoy a la vista en la Reserva Hidrográfica de Palmichal,
muy cerca de Canoabo, Estado Carabobo, considerada el más
importante proyecto de recuperación fluvial de América
Latina. En este momento, el río tiene prácticamente
el caudal original y, gracias al ingenio de Carozzo, que utilizó
técnicas poco convencionales como darles chinas y semillas
de frutales a los muchachos de la zona a ver quién llegaba
más lejos, está habitada por especies de aves que
antes ni se acercaban a la región. La mejor noticia es que
el lugar, manejado hoy por Pequiven, puede ser visitado.
La
isla de las ruinas. Hera, la esposa legal de Zeus, era una
mujer celosa, que prohibió a todos los lugares en los que
se posaba la luz del sol que le permitieran a Leto, una de las amantes
de su marido, parir sobre ellos. Sólo un cayo pedregoso aceptaría
desobedecerla, y prestaría sus casi cinco kilómetros
de largo por menos de uno y medio de ancho para que naciera Apolo.
En la pequeña isla de Delos -sede de la liga creada por las
independientes ciudades-estado de Grecia para defenderse de la invasión
del imperio persa- 96 ruinas se tienden al sol para que los turistas
recorran, en visitas que no excedan las cuatro horas, materialmente,
las pocas que puedan. En la antigüedad, estaba prohibido nacer
o morir allí, y en la actualidad no se permite pernoctar.
Con algo de suerte, en medio de la carrera, puede verse, en la llamada
Casa de Dionisos, un inolvidable piso de mosaico que retrata a este
dios, copa en mano, cabalgando una pantera. La celosa Hera, por
cierto, también tiene su templo en el islote.
El
foro de los gatos. Alguna ironía histórica,
alguna perversa moraleja debe haber en el hecho de que
el Foro Romano, que alguna vez fuera el centro político del
mundo, esté hoy poblado por gatos, y más precisamente,
por gatos que han vuelto a ser fieras. Los biólogos que estudian
su comportamiento dicen que actúan, exactamente, como sus
primos los leones de la llanura. Pero que nadie se confunda: la
ciudad de Roma, la misma a la que siguen conduciendo todos los caminos,
los considera ciudadanos honorarios, y, de hecho, reconoce cerca
de 400 colonias de felinos, protegidas por leyes que impiden que
se controle el nivel de población
con medidas diferentes a la esterilización, por ejemplo.
Una vieja cultura como la romana sabe, es evidente, que el único
modo de ser verdaderamente civilizado es dándole espacio
y respeto a lo salvaje en dosis pequeñas, como los gatos.
La
plaza de los libros. Harvard es lo suficientemente famosa
como para no necesitar presentación, pero lo que pocos saben
es que en torno a Harvard Yard, la plaza que le sirve de centro
a la universidad, hay más kilómetros lineales de libros
usados que en cualquier otro lugar del mundo. De hecho, toda
la ciudad de Boston es un paraíso para el bibliófilo,
llena de librerías de segunda mano -aunque encontrar un volumen
específico parezca a veces como buscar una aguja en un pajar
lleno de agujas-. Especialmente recomendables son Avenue Victor
Hugo, en el 339 de Newbury Street -no es obligatorio acariciar al
gato, pero se puede- y Lame Duck Books, en el 55 de Temple Place,
donde los manuscritos de Huidobro o Alberti se codean con primeras
ediciones firmadas por Wilde o Rilke, por citar apenas cuatro ejemplos.
La
calle de la champaña. Dicen que la diferencia entre
un pobre y un rico en la provincia de La Champaña, en Francia,
es que el pobre lava su propio Mercedes. Y es que hay pocos lugares
en el mundo que produzcan un vino tan codiciado como ese espumoso,
que eleva el espíritu de tal manera que muchos médicos
lo recomiendan
para hacerle el tránsito más fácil a los moribundos.
Pocas experiencias pueden compararse con detenerse, un momento,
frente al número 20 de la Avenue de la Champagne, en Epernay,
sede principal de la compañía Moët & Chandon,
y enterarse de pronto de que allí, bajo los propios pies,
están almacenadas decenas de millones de botellas de champaña
esperando ser descorchadas, en una acumulación de riqueza
que hace que el fuerte Knox, tan lleno de lingotes de oro, parezca
poca cosa.
La
ciudad de los restaurantes. La Guía Michelin, rebautizada
hace poco como Guía Roja, era, cuando empezó -en la
época en la que viajar en carro
todavía era una aventura-, un simple recurso para que los
automovilistas supieran dónde comer y pasar la noche. Sus
estrellas se convertirían luego en indudable señal
de prestigio. Sorprende entonces que Donostia/San Sebastián,
en
Euskadi, sea el lugar con mayor número de estrellas Michelin
en menos espacio -aunque quizás sea un mito urdido por los
vascos, que son, si cabe, más nacionalistas en asuntos gastronómicos
que los franceses-. En todo caso, el centenario Arzak, en el 21
de Altos de Miracruz, es una parada inevitable.
La
abadía de los muertos. Apenas cruzado el umbral, el
visitante se percata de que la abadía de Westminster no es
cualquier iglesia. Justo a la entrada lo recibe la tumba de un soldado
desconocido que, en lugar de una llama eterna, dispone de flores
frescas que recuerdan, cada día, sus anónimos servicios
al imperio británico. Pero no es sólo este desconocido
quien emociona, sino sus célebres compañeros. Baste
mencionar a algunos. Enrique V descansa allí, como Isabel
I y María Estuardo, enemigas reconciliadas en
la muerte. El doctor Livingstone, se presume, aprovecha para discutir
algún tema científico con Sir Isaac Newton y Charles
Darwin, mientras que en el último rincón, como corresponde
a los poetas, escritores, actores y músicos, Geoffrey Chaucer,
Edmund Spenser, Alfred lord Tennyson, Charles Dickens, George Frederic
Haendel y Lawrence Olivier hablan de las artes. No hay, en el mundo,
un lugar en el que un simple mortal pueda hallarse en mejor compañía.
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