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7 cosas que nos facilitaron la vida

El teléfono celular
Hasta el fin del mundo
Algunos arguyen bromeando que, lejos de facilitar las cosas, los teléfonos móviles más bien las han complicado. Que a usted lo puedan ubicar en todas partes y a toda hora es conveniente según las urgencias con que se mire, argumentan. Lo cierto es que después del 3 de abril de 1973, fecha en que se realizó la primera llamada a través de un celular (DynaTAC, de Motorola), son demasiadas las emergencias (de toda índole e indolencia) que han concluido en la más feliz de las soluciones. Y, bueno, la culpa de que usted no se quiera perder ni una sola de las llamadas que le hacen no es precisamente del aparatico.


Autoadhesivas
¡Qué buena nota!
¿Cómo pudimos haber vivido tanto tiempo sin "las hojitas amarillas" que se pegan en todas partes, sirven para recordarlo todo y crean una suerte de orden en un mundo más bien al borde del caos? La redacción de una revista, por ejemplo. Inventadas por 3M, las notas autoadhesivas se vendieron por primera vez en 1980 (Post-it). Son la esencia de las cosas simples que nos volvieron los días bastante más "llevaderos". ¿Cuántas veces no se ha sentido perdido el día que se dio cuenta de que sólo le quedaba una y el compañero de al lado se la acaba de arrancar?


La laptop
Con la oficina a cuestas
La primera computadora (Eniac) ocupaba una habitación entera y generaba suficiente calor como para "veranear" allí mismo. A finales de los años ochenta, con la llegada de las "portátiles" (Macintosh Power Book e IBM Think Pad), las computadoras se han convertido, literalmente, en una "sucursal" de nuestra oficina. Si a eso le sumamos la coletilla de Internet y el correo electrónico, ya podemos llevar a cuestas durante todo el día justo aquello de lo que queríamos olvidarnos "aunque sea por un ratico".


Cajeros automáticos
Tiempo contante y sonante
En una escueta información, en una perdida esquina de Nuestro Tiempo. Gran Enciclopedia Ilustrada del Siglo XX de Editorial Blume dice: Novedades de 1969: Cajero automático (Chemical Bank de Nueva York). Y allí concluye todo. En fin, eso es lo único que usted, mortal común y corriente, hoy necesita saber. Allí está el dato, contante y sonante: ése fue el primer cajero automático que se instaló en el mundo. Ahórrese las horas que le tomará seguir buscando la historia en una larga cola de su banco de libros. Si el tiempo es oro, los cajeros automáticos nos han proporcionado unos cuantos lingotes. ¿Cuántas veces ha preferido a uno de ellos que a muchos de los de verdad verdad?


Bolsas con cierre mágico
En un click
La historia de la civilización ha sido, de muchísimas maneras, la historia de los materiales que nos han permitido conservar las "sobras". Después del ahumado, la sal y el hielo, un buen día llegaron el papel encerado y el de aluminio, dos indiscutibles aliados. Más tarde, la sencilla bolsa de plástico con su tirita de alambre para entorchar y cerrar, resultó un aporte casi perfecto, sólo que, justo cuando más se le necesitaba, el famoso alambrito perdía sus valiosos nudos. Entonces, en 1972, Ziploc lanzó al mercado las bolsitas con cierre mágico. Elegantes, eficientes, instantáneamente indispensables. Si usted ha pensado sólo en 1.000 usos para este tipo de bolsitas, pues... se ha quedado corto.


El microondas
Y todos derretidos
Los primeros hornos de microondas medían dos metros de alto y pesaban 250 kilogramos. El costo, además, le descongelaba las ganas a cualquiera en pocos minutos. La novedosa maravilla, descubierta en 1946 por el ingeniero físico Percy Spencer, sólo tenía cabida para la época en la desenfrenada rutina de un restaurante. No fue sino hasta 1967 cuando salió al mercado el primer horno familiar (Amana). Higiénico, práctico y portátil, para qué decir que el mundo se derritió a sus puertas, y que el tiempo ahora se mide, tres veces al día, a la velocidad de su plato giratorio.


El pañal desechable

"Colitas" al futuro
Pregúntele a una madre cualquiera cuál es el invento más extraordinario de las últimas décadas, y la respuesta absorbe toda la simpleza del mundo: los pañales desechables. El logro no puede ser atribuido a una sola persona o empresa, ya que es el resultado de muchas pequeñas mejoras, pero se sabe que los precursores fueron lanzados al mercado a mediados de los años cuarenta en Suecia. En la década de los cincuenta eran todavía un lujo que podía dejar seco el presupuesto familiar. El verdadero boom ocurrió en los setenta, y las empresas pioneras en avances y ventas fueron Procter & Gamble, Kimberley Clark y Johnson & Johnson. El resto es historia a prueba de humedad. ¿Quién pone en duda que esta idea era todo menos desechable?

 
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