| Un plan
para
cada piel
Cada persona tiene un tipo de piel diferente. Averiguar
cuál es el suyo, le ayudará a determinar el tratamiento,
los productos y los cuidados necesarios para mantener
un cutis saludable, lozano y joven. Carolina Quintero
Una amiga le comenta a otra que no entiende por qué su piel se ve tan arrugada y reseca si apenas tiene 33 años. La amiga le pregunta ¿cómo la cuidas? Su respuesta fue: con agua y jabón… y de vez en cuando me aplico una cremita aquí, alrededor de los ojos, “porque me preocupan estas arruguitas”. Este episodio es muy común entre algunas mujeres —y hombres también— que le restan total importancia al cuidado e higiene de la piel. Las excusas son variopintas: “me da flojera”, “nunca me acuerdo”, “las cremas hacen algo”, “con agua y jabón no es suficiente”. No. Todo lo contrario, es insuficiente.
Al nacer todas las pieles son perfectas, con sus nutrientes necesarios para desarrollarse correctamente. Con la edad, la herencia, los cambios hormonales, los factores ambientales y el estilo de vida, las necesidades de la piel van cambiando y con ello sus cuidados. Son muy pocas —y afortunadas— quienes al crecer aún puedan conservar una piel del tipo normal.
Y es que a partir de los 12 años de edad, cuando comienza la pubertad —en la mayoría de los casos—, el organismo genera una serie de cambios hormonales que en consecuencia determinaría el tipo de piel que tendrá cada persona. Si a esto se le agrega que el proceso de envejecimiento empieza, por lo general, a los 25, y que los primeros signos —líneas de expresión, manchas, ojeras— aparecen antes de los 30, esto demuestra que son poquísimos los años que tiene la piel para lucir espléndida. Lo grave es que durante ese período de tiempo se cometen todos los excesos: exposiciones prolongadas al sol sin protección, tabaco, consumo de alcohol exagerado, alimentación rica en grasas y pobre en vitaminas, pocas horas de sueño, en fin, factores estos que son los que realmente van a acelerar y a acentuar el paso del tiempo.
Cuidados cotidianos
Identificados los tipos de piel, cada uno debe ser atendido, según sus propias necesidades. Sin embargo, para cualquiera, los pasos a seguir son:
Limpieza: hacerla de manera profunda para eliminar los restos de maquillaje y las impurezas acumuladas durante el día; igualmente, los que se generan durante la noche: sudor-saliva-sebo.
Tonificación: elimina todo resto que haya quedado sobre la piel, cierra los poros y deja la piel suave y fresca, lista para recibir los productos de tratamiento. Humectación: conserva la humedad natural al mismo tiempo que protege la piel de los agentes externos.
Nutrición: para pieles maduras, se aplican cremas por la noche para ayudar en el ciclo de renovación celular. Importante para la juventud de la piel.
Es imprescindible, para todas las pieles por igual, aplicar un contorno de ojos para prevenir o minimizar las finas líneas o arrugas de expresión, así como también un protector solar diario, todas las mañanas. l
caroquint@hotmail.com
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Reconócela |
Qué necesitan |
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Cada piel es única y sus características dependerán de la herencia, el grupo étnico o raza, los niveles hormonales y el estilo de vida. Por su condición o tendencia se clasifica en normal, seca, grasa o mixta. |
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Tiene un aspecto liso, sólido y compacto. La epidermis no es ni muy gruesa ni muy delgada, y en ella todas las funciones biológicas son normales; es decir, no presenta exceso de grasa ni de sequedad. El color es homogéneo, los poros son diminutos y cerrados, lo que impide la formación de espinillas e impurezas, el semblante no luce opaco. No presenta manchas, rojeces o imperfecciones. |
Para la limpieza se recomiendan los productos en gel y espuma que se retiran con agua. Un tónico sin alcohol, para no dañar el pH de la piel, y una hidratante específica para pieles normales. Una vez a la semana puede aplicárseles una exfoliante y mascarilla para una limpieza más profunda. |
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Es de apariencia árida, poco elástico, se escama, agrieta, enrojece y palidece con facilidad y es propenso a finas líneas y arrugas precoces. Los poros son más pequeños y tiene un pH más ácido de lo normal. La epidermis tiene poco espesor, por lo que los vasos capilares son más indefensos ante los agentes exteriores y mucho más sensibles a los cambios climáticos. Es una piel que carece de grasa y humedad debido al mal funcionamiento de las glándulas sebáceas —producen poco sebo—, a una mala circulación y una débil barrera de humectación. |
No se deben utilizar jabones ni lociones abrasivos, porque pueden resecar aún más la capa córnea de la piel. Las cremas o leche limpiadoras deben ser emolientes. El tónico o loción debe tener ingredientes que ayuden a restituir el manto hidrolipídico. La hidratante debe ser una nutritiva que le aporte vitaminas, oligoelementos e ingredientes que ayuden a prevenir los signos de envejecimiento, ya que estas pieles se arrugan fácilmente. |
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Es de textura irregular, de aspecto brilloso, en ocasiones aceitoso, particularmente en la zona T (frente-nariz-barbilla). Los poros están dilatados y su pH es elevado (alcalino). La epidermis es de mayor grosor debido a que las glándulas sebáceas son más activas y propensas a producir una exagerada actividad de sebo. Por culpa de esta grasa, las células muertas se adhieren a la superficie dando un aspecto terroso, de un color grisáceo, mustio. Es propensa a formar una gran cantidad de granos, puntos negros y en ocasiones acné. Sin embargo, tiene la ventaja de ser más resistente a los factores externos y con tendencia a arrugarse más tardíamente. |
Se recomiendan los productos “oil free”, libres de grasa. Para la limpieza, usar un gel que remueva todas las impurezas de los poros, y un tónico astringente purificante, para un efecto mate y fresco. Para su hidratación, una crema que regule la secreción de grasa y evite la aparición de brillos. Igualmente, utilizar mascarillas limpiadoras profundas, una o dos veces por semana, y una exfoliante, una vez a la semana (siempre y cuando no haya acné). |
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Es la mezcla de los dos anteriores. Por lo general la zona T suele ser grasa, mientras que las mejillas, el contorno de ojos y el cuello, presentan piel normal o seca. Esta condición se debe a una fatiga de las glándulas sebáceas en la zona de los pómulos, o puede tratarse de una piel seca, debido a una mala alimentación, a la condición atmosférica o al uso inadecuado de productos cosméticos que la vuelven grasa en algunas zonas. Es el tipo de piel más común. |
Para la limpieza se recomiendan los productos libre de aceites y específicos para ésta. En la hidratación, utilizar cremas que aporten suficiente humedad a las partes más secas del rostro, además de utilizar mascarillas limpiadoras y exfoliantes, una vez por semana, para equilibrar la piel. |
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No responde a una tendencia, sino que se debe a una reacción de estímulos tanto externos como internos. Son pieles intolerantes a cualquier cosmético; se enrojecen o irritan al contacto con algunas sustancias, al exponerlas al sol, a los cambios de temperatura, a trastornos digestivos, situaciones de estrés. Es más común en personas muy blancas, tiende a presentar pecas. |
Utilizar productos hipoalergénicos para evitar reacciones alérgicas. Las hidratantes, como las de la piel seca, deben estar enriquecidas con emolientes que proporcionen la humectación necesaria para restaurar y mantener la piel suave. |
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