
¡Menuda cincuentañera!
A punto de pisar el medio cupón, la reina del pop relata cómo ser la mayor artista del mundo y, a la vez, entregarse en cuerpo y alma a los demás
POR LOUISE GANNO
Era un día nublado en Los Ángeles. En el Four Seasons de Beverly Hills, un pelotón de chicas escandalosas y fornidos guardaespaldas hacía mucho ruido. Delgadísima, con una mirada un tanto tensa, muy erguida y derrochando seguridad, llegaba Paris Hilton en un Mercedes plateado, supuestamente para reunirse con su problemática amiga Britney Spears -quien tenía una suite permanente allí, a pesar de que su casa está a escasos metros. Como a Mrs. Rochester en Jane Eyre, no se veía a Britney, pero se le sentía. Al parecer la habían pillado vagando por los pasillos del hotel sin rumbo fijo, sin zapatos y sujetando puñados de pelo falso. La imagen era algo triste.
El ejemplo perfecto de cómo tratar correctamente con la fama, de cómo mantenerse en la cumbre sin hundirse jamás, se encontraba dos pisos más arriba. Allí, relajada tras la puerta de la Suite Benedict, estaba la rubia más célebre de todas: Madonna Louise Ciccone. No había seguridad ni fans enloquecidos, tan sólo se oía el eco de su increíble nuevo álbum, Hard Candy, sonando en la habitación vecina y la explosiva risa ocasional de Su Majestad.
Igual que pasa con Paris y Britney, Madonna es una bomba cuando la tienes enfrente. Aunque, al contrario que ellas, lo de la diva del pop es para bien. Estaba impresionante vestida con una chaqueta de cuero oscura, unos pantalones negros ajustados y taconazos amarillos. Se le veía más delicada y con más curvas que nunca. Llevaba el pelo con un corte bob ondulado, adornado con dos horquillas infantiles con brillantitos rosas. Pero era su cara lo que realmente sorprendía: con forma de corazón, lucía fresca, juvenil y muy guapa. Puede que vaya a cumplir 50 años el próximo 16 de agosto; sin embargo, de algún modo, el tiempo no hace mella en ella.
Con su inquebrantable espíritu y la confianza que tiene en sí misma, simplemente no lo permitiría. "No quiero ser definida por mi edad. ¿Por qué debería serlo cualquier mujer? No voy a bajar el ritmo ni a quedarme en casa y ponerme gorda. ¡Ni en broma! Me siento genial y, si acaso, estoy acelerando. Tengo que trabajar mucho, unos hijos a quienes criar, un marido al que hacer feliz y un mundo que salvar. Me asalta una sensación de gran urgencia respecto a esto. No creo que lo haya hecho todo; sino que siempre quiero más y más".
Aun así, incluso con sus niveles antinaturales de energía, tienes que preguntarte cómo consigue Madonna estar como está. Ni una buena dosis de cirugía discreta puede regalarle esa especie de chispa en los ojos y el brillo en la piel que luce con orgullo. ¿El buen sexo te hace estar resplandeciente o es simplemente el resultado de sentirte amada? "Creo que uno se ve mejor cuando le quieren", dice coqueta con una sonrisa tentadora.
Esto es muy típico de esta reina del espectáculo. Nunca ha tenido miedo de decir las cosas claras si le lanzas una pregunta directa. Ese día estaba de humor para hablar. Y lo hacía. De la guasa a la sinceridad. De la fase gótica de su hija Lourdes y de los dulces caprichos que se permite de vez en cuando. De Amy Winehouse y de los tratamientos faciales de oxígeno. De las dificultades de una relación a distancia y de su carrera. De sus demonios no conquistados y -siempre- de su marido, Guy Ritchie (de quien se dice está separándose). "Estoy segura de que la gente no está tan interesada en mi vida sentimental", afirma con una mueca de complicidad. "Los Beckham son un reclamo mucho mayor. A lo mejor incluso Camila y Carlos de Inglaterra".
 
A la hora de la verdad, la cantante es como cualquier otra mujer que tiene una carrera, un marido y unos hijos que demandan toda su atención
Foto: EFE |
Dos de las canciones de su nuevo disco parecen brotar del complicado matrimonio de esta cazatendencias. La primera, Miles Away, habla de la tristeza que le produce estar alejada de su pareja tan a menudo. "Mucha gente tiene relaciones a distancia. No es fácil, hay que trabajar duro para hacer que funcione". La segunda, Incredible, es un tema retorcido sobre querer volver a como se estaba antes. En pleno apogeo de la dramática melodía se escucha: "El sexo contigo es increíble". ¿Otra sobre Guy? "Por supuesto, el sexo con él es increíble". Hay una pausa y los ojos empiezan a brillarle. Y, sorpresa, sorpresa, puede que no sea su canción favorita, pero sí es su frase preferida del disco.
Nunca lo ha tenido nada fácil en el amor. Después de estar casada tres años con el actor Sean Penn -fue desastroso-, probó suerte con Warren Beatty, Tony Ward, Vanilla Ice y Carlos León -el padre de Lourdes, su hija de 11 años. Cuando conoció al director de Snatch, cerdos y diamantes, Ritchie, en 1999, supo al momento que era uno de los pocos hombres que podrían lidiar con ella. Obsesionada por el control, lo que más le atrae a Madonna de su marido es que sabe decir no. "Eso es algo grande, pero también lo es su sentido del humor y su inteligencia. Tenía que casarme con alguien tan duro como yo. Guy no se rinde, es muy fuerte. Debía estar con un hombre que supusiese un desafío, porque, de otra forma, me aburriría".
¿Él la ha cambiado? "He ido afinando mi lado femenino a su lado. Con él también he aprendido a ser más vulnerable, más maleable y a sentirme cómoda con ello".
¿Y ella a él? "Sí, ya no critica mi ropa".Hace una pausa y se ríe. "Y ha terminado durmiendo con su BlackBerry, como yo. Nos vamos a la cama juntos y ponemos las máquinas bajo la almohada". Le digo que nos acaba de arruinar la imagen que teníamos de ella disfrutando de una vida sexual bestial y suelta una gran carcajada. "Bueno, es muy romántico, podemos hablar con nuestros amantes mientras estamos tumbados", bromea.
Guy se queja de que su mujercita es una loca del control. Lo mismo por lo que protestan sus amigos. Está obsesionada con el deporte y la dieta. Y es que no hay atajos para ser Madonna. Es cuestión de trabajo, ya sea para componer, a la hora de actuar o para conseguir mantenerse en forma. "En un mundo ideal, me gustaría hacer ejercicio tres horas al día. No podría vivir sin él. Si quieres saber cómo estoy tan en forma es por machacarme en el gimnasio, hacer régimen y vigilarme constantemente. Juro por los tratamientos con oxígeno que no dejo que me dé ni un solo rayo de sol. No bebo mucho y ni hablar de las drogas".
Para llegar a donde está Madonna no puedes relajarte nunca. "No hay truco. Los trucos no funcionan; la disciplina, sí. Siempre he sido así, no lo puedo evitar. Es el resultado de mi infancia, de ese demonio que me acompaña y que tiene que ver con mi madre muriéndose cuando yo era joven. Eso aún sigue conmigo de muchas maneras. De niña, no tenía control y sentía que el mundo que me rodeaba era caótico. Ahí nació la necesidad de aplicarme autodisciplina. Era mi forma de sobrevivir". Dice que con la llegada de su hija empezó a lidiar con la muerte de su madre. "Aún tengo problemas con el abandono. No me gusta estar sola, no puedo con ello".
Si hay algo que endulza la cara de esta camaleónica artista es hablar de sus pequeños -Lourdes, de 11 años; Rocco, de siete, y su hijo adoptivo David, de dos. "La mayor se parece a mí. Está a punto de entrar en la adolescencia, así que es otro reto al que tengo que enfrentarme. Es mucho más rebelde de lo que era yo a su edad. Y mucho más descarada. Ahora mismo está en plena fase gótica, vive enfundada en sus vaqueros desgastados y critica todo lo que llevan los demás. Nadie está a salvo. Rocco es igualito a Guy: cauto, divertido, brillante y lleno de energía".

"no hay truco.
Los trucos no funcionan; la disciplina, sí"
Foto: AP
A pesar de la fama, sus problemas son los mismos que los de cualquier otra mujer trabajadora. "Tengo una carrera, un marido y tres hijos que demandan mi atención. Al final siempre termino fallándole a alguien e intento compensárselo como puedo a la semana siguiente... o al mes siguiente. De lo que más culpable me siento es de no poder pasar mucho más tiempo con mis niños. A veces pienso que habría tenido que estar ahí para una u otra cosa: la clase de ballet, la reunión de padres...". A pesar de todo, la estrella ha construido un hogar. Su casa sigue estando en Gran Bretaña -aunque hay rumores que aseguran que vuelve a Estados Unidos. "Allí estoy a gusto. Mis hijos van al colegio y tengo a mis caballos. Y adoro el clima. Además, la lluvia y la humedad son buenísimas para la piel". Madonna sigue luchando para derribar barreras y descubrir nuevas ideas. Liz Rosenberg, su publicista y un pilar fundamental en su vida, dice: "La gente me pregunta si ha cambiado, y puedo asegurar que es la misma chica que entró en mi oficina hace 26 años. Llegó encendida como un árbol de Navidad, estaba clarísimo que era especial. Cuando conseguí su primera actuación en televisión, el productor empezó a explicarle qué es lo que quería. Le dejó terminar y entonces le dijo lo que ella quería. "¿Quién carrizo se cree esta niña que es?", dijo él. Pues todavía es la misma, sin miedo, enérgica. Me he divertido mucho a su lado hasta ahora, y aún me queda por disfrutar".
Y es que hablamos de un icono que se niega a dormirse en los laureles. Su nuevo álbum está producido por algunos de los nombres más prestigiosos del negocio: Timbaland, Justin Timberlake y Pharrell Williams. "Muchas estrellas en la habitación", sonríe Rosenberg. "Fue interesante que trabajara con otras personas con ideas fuertes y objetivos claros". Como el disco se llama Hard Candy -lo que podría traducirse por Caramelo Duro- y, echando una rápida mirada a su cuerpo ágil y tonificado, es difícil creer que alguna vez pueda sucumbir ante las delicias de cualquier expresión del azúcar, me mataba la curiosidad. "Dios mío, ¿estás bromeando?", se sorprendía. "Una de las peores cosas de Gran Bretaña es que tiene dulces maravillosos. No puedo permitirme tomarlos muy a menudo. Pero si he hecho algo bueno, si consigo algo, me concedo una recompensa. Luego me aseguro de contrarrestarlo con una gran dosis de disciplina". ¿Podría ser ésta su metáfora para la vida? Paris, Britney, tomen nota. Madonna es imparable.
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foto: ap /
fotomontaje: javier Pino
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