Madam oculta un secreto
Si usted hubiera visitado Oxford, en California, a mediados de los años treinta, habría encontrado una cantidad desproporcionada-mente grande de habitantes de sexo masculino con una amplia sonrisa en sus rostros. Tenían un buen motivo para ello
Verá, una de las industrias más prósperas de Oxford era su casa de mala reputación, la cual dirigía una dama que respondía al nombre de Bessie Mount. Ahora bien, el segundo hogar de Bessie no era un burdel típico. No, señor, nada que ver. Las chicas de Bessie eran todas jóvenes hermosas que participaban en obras de caridad y, en general, hacían buenas acciones en todo el pueblo. Cada domingo se podía observar a las muchachas sentadas en la primera banca de la iglesia local.
Como resultado de sus buenas acciones, Bessie y sus empleadas eran apreciadas por las señoras decentes de la comunidad. No hace falta decir que la población masculina adoraba esta situación. Para que no se formen una impresión errónea, me apresuro a agregar que la propia Bessie nunca se acostaba con cualquiera. Por cuestión de vergüenza. Ella simplemente no era esa clase de chica.
Aquel era un negocio floreciente. Cada tanto, los políticos y los oficiales de policía pedían dinero a Bessie para donaciones. Esto no era ningún problema, toda vez que en la mayoría de los casos los que estiraban la mano para pedir eran también asiduos clientes. Las cosas marcharon estupendamente durante años, hasta que los japoneses bombardearon Pearl Harbor, ataque que empujó a Estados Unidos a la guerra.
Bessie participó activamente en la recolección de fondos mediante la venta de bonos de guerra. Se convirtió en voluntaria de la Cruz Roja. Siguiendo el ejemplo de su jefa, las chicas de Bessie se dedicaron en cuerpo y alma a tejer abrigos y organizar el envío de paquetes a los muchachos que hacían su parte en el frente. Por supuesto, todo este fervor patriótico se limitaba a las horas diurnas. Por la noche, las muchachas de Bessie se ocupaban de su profesión horizontal. El negocio nunca estuvo mejor. La guerra produce ese efecto en los burdeles.
Más adelante, Bessie se convirtió en observadora de aviones enemigos. Debido a esta actividad, que implica cierta soledad, Bessie se la pasaba en un acantilado, desde donde escrutaba los cielos de California en busca de aeroplanos japoneses. Bessie no pudo divisar ni un miserable avión, pero lo que sí logró ver fue a Carlos Perkins. Labraba la tierra cerca del área en que Bessie miraba el cielo. Debido a que trabajaba en lo que el gobierno consideraba una ocupación básica, no fue llamado al servicio militar. Además, prefería hacerle servicio a Bessie en la cima de ese acantilado de California.
Todos quedaron impresionados cuando Carlos se unió al ejército. Y quedaron perplejos cuando él y Bessie anunciaron su compromiso.
El gran día llegó, y fue un día memorable. Todas las chicas estaban presentes y se mezclaban con las damas de Oxford. Bessie estaba vestida de blanco. Carlos se veía apuesto en su uniforme militar. Para realzar la celebración, la boda se efectuó el día de Navidad de 1942. Policías que aceptaban sobornos y políticos en formación brindaron por la feliz pareja. Pocos días después, Carlos se marchó a la guerra.
Bessie regresó a sus obras dentro de la campaña bélica con renovado vigor. Las cosas estaban agitadas en Oxford. El gobierno estadounidense decidió abrir un campamento de entrenamiento del ejército cerca del pueblo. En el campamento había 40.000 posibles clientes que se morían por disfrutar de los muchos encantos de las chicas de Bessie. Aunque le agradaba la actividad adicional en su negocio, Bessie enfrentaba un dilema. Su establecimiento era conocido como un lugar exclusivo. Se atendía sólo por cita. Daba dolor rechazar a los clientes, pero ninguna casa podría prestar servicio a 40.000 reclutas sedientos de amor.
Bessie pensó y pensó. Luego se le ocurrió una solución. Abriría sucursales para atender a los militares y conservaría el establecimiento de Oxford exclusivamente para los clientes locales.
Durante unos meses el nuevo esquema funcionó bien, pero en poco tiempo los rumores llegaron a los sensibles oídos de Bessie. Se enteró de que los militares estaban contrayendo enfermedades venéreas de las chicas de sus locales satélite. Bessie simplemente no podía estar pendiente de todas sus casas. Se sentía consternada por la situación, pero antes de que pudiera hacer nada al respecto, la policía militar del ejército y las autoridades médicas locales allanaron todas las casas de Bessie.
A nadie le importaba mucho si las leyes sobre prostitución de California estaban siendo violadas. Las autoridades simplemente querían examinar a todas las chicas para detectar enfermedades venéreas, incluida nuestra Bessie.
¡Qué escándalo, pensar que la dama que fundó una de las pequeñas industrias más exitosas fuera tratada de esa forma! Era un ultraje. Bessie protestó. Bessie trató de evitarlo, pero al final fue obligada a someterse a un examen físico. Dos policías militares debieron contener a la histérica mujer.
Fue entonces que todos descubrieron el secreto de Bessie. Bessie no era una mujer de ninguna forma: ¡era un hombre!
Amigos, la noticia conmocionó a los admiradores como si fuera un terremoto. El verdadero nombre de Bessie era John Mount. John había juzgado correctamente los principios morales del pueblo de California. Veinte años atrás había comprendido que Oxford nunca aceptaría que un hombre fuera el regente de un burdel. Con una mujer respetable sería era algo muy distinto. Por supuesto, ahora todos sabían por qué la madam nunca se había acostado con hombres, al menos hasta que Carlos apareció en escena.
El papel de Carlos en el plan ahora se tornó más claro. Dado que el país estaba en guerra, ¿qué sería más patriótico que tener a un esposo en el ejército, mientras en casa la madam expandía el negocio del amor hasta convertirlo en una verdadera mina de oro? Esas noches solitarias en el acantilado, buscando aviones enemigos, no la habían pasado dedicándose al amor, sino planificando el falso matrimonio.
Las autoridades civiles tenían un verdadero avispero en las manos. Muchos de los oficiales que investigaban el caso eran los mejores clientes de John. Querían olvidar todo el incidente.
El ejército pasó un momento difícil a la hora de justificar la violación de una ley. Después de todo, tal cosa nunca había ocurrido antes. Más tarde se descubrió que John, haciéndose pasar por Bessie, había recibido cheques del ejército. Esto era un fraude.
Carlos Perkins y John Mount fueron enjuiciados, condenados y sentenciados a dos años en prisión. Sin embargo, fueron dejados en libertad después de cumplir sólo unos meses de su condena. Algunos dicen que fueron liberados con la condición de que salieran de California.
Si alguna vez pasa por casualidad por Oxford y menciona el nombre de Bessie a cualquiera de los jóvenes de la zona, seguramente no sabrán a qué se está refiriendo. No obstante, si habla con los residentes de más edad, notará un brillo en sus ojos. Estos ancianos recordarán a Bessie y su singular negocio.
TRADUCCIÓN: JOSÉ PERALTA. ILUSTRACIONES: DAVID MÁRQUEZ. DAVIDMARQUEZ@CANTV.NET |