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Brasil
La joven promesa
Mario Aranaga. São Paulo. Enviado
especial
Brasil, el eterno país del mañana,
de la gente sin disimulos y del verano sin fin, tiene otra razón
para seguir confiando en su futuro: la moda.
Y es que la nación de los grandes contrastes lanza al mundo
una propuesta joven y sexy arropada por una industria poderosa que
adora el algodón y la lycra.
Será por la sensación que han causado en el mundo las
modelos brasileñas, encabezadas por la superlativa Gisele Bündchen.
Será por la madurez de sus diseñadores y el empeño
de la industria nacional, o será, como dicen allá, porque
el Cristo del Corcovado así lo ha querido. El caso es que desde
la región pobre del planeta llegan al negocio de la moda aires
de renovación que indican que algo está cambiando.
La decimoquinta edición de la São Paulo Fashion Week
consiguió que una parte significativa de la prensa internacional
se desplazará hasta allá -todo un mérito, considerando
la distancia y los tiempos entre las colecciones de Milán y
París- y se fuera totalmente sorprendida. Suzy Menkes, una
de las críticas de moda más respetadas y famosa por
sus columnas en el Internacional Herald Tribune y en la revista W
resumía así la razón de tanto revuelo: "La
moda brasileña ha explotado como un huracán de luz y
colores calientes". The New York Times publicó en sus
páginas: "La moda brasileña es increíble".
The Sunday Times predecía: "Brasil se convertirá
en la capital mundial de la moda, junto a las grandes ciudades europeas".
Y el periódico Women Wear Daily, la biblia entre las publicaciones
especializadas, llegó incluso a pronosticar que en cinco años
se conocería y hablaría de la moda brasileña
como se habla del fútbol y de sus estrellas.
Ser testigos por tercera temporada consecutiva de este fenómeno
nos da el privilegio de compartir ciertos entretelones de una cercana
y extraordinaria experiencia.
A
pesar de que la moda brasileña existe sólo desde hace
quince años y de forma profesional desde hace siete, tiene
a sus espaldas una industria textil de gran fuerza y tradición
-es el segundo sector con mayor número de empleos del país-.
Productores, compradores, diseñadores, promotores... todos
han sabido entenderse y trabajar en la misma dirección. La
inversión de los últimos cuatro años supera
los 7.000 millones de dólares para modernizar y proyectar
el negocio.
Los
bikinis mandan. El exceso de color y los diseños diminutos
marcan la tendencia. Psicodélicos, con rayas, con cómics,
bordados, brillantes, tejidos...
Amir Slama, diseñador de los trajes de baño Rosa Chá,
puntualiza: "Las mujeres brasileñas tienen una estupenda
relación con su cuerpo. Son libres y muy femeninas, todo
lo hacen por ellas mismas, no para los demás".
Sí.
Es un lugar común. Pero es verdad: los
brasileños son sexy. No es una cuestión de
edad ni de centímetros y tampoco de poder adquisitivo. Es
más bien una actitud. Existe un componente sexual que nada
tiene que ver con la vulgaridad. Sino con una relación natural
entre ellos y su cuerpo.
"A los brasileños les gusta enseñar el cuerpo.
Saben más cómo desnudarse que cómo vestirse.
Y en eso no hay ningún tipo de perversión", explica
Costanza Pascolato, ex editora de Vogue Brasil.
En
Brasil triunfa la estética informal. El estilo predominante
es el beach wear o mejor dicho la ropa casual. Con una prenda estrella:
el jean. Existen más de 400 fábricas de denim en el
país. Marcas como Forum, Ellus, Iodice, Tritón y Zoomp,
entre otras, lanzan dos colecciones al año. Toda las piezas
suelen ir acompañadas con otro barato y cómodo complemento:
las míticas sandalias havaianas, que ya empiezan a venderse
en Venezuela.
La
inspiración les viene de su propias raíces y de la
mezcla de razas. Muchos diseñadores coinciden en una palabra
para definir sus colecciones: mestizaje. Sin embargo, hay un hecho
curioso que afecta a ricos y pobres, se trata de la televisión.
Especialmente las telenovelas: "Los brasileños adoran
a la gente de la TV. Cada día millones de espectadores siguen
las historias de las telenovelas con verdadera pasión. Sus
protagonistas marcan la moda, todos quieren lucir como tal o cual
personaje", comenta Erika Palomino, columnista especializada
de la Folha de São Paulo.
En
São Paulo dos divas de la moda lucharon por el protagonismo:
Gisele Bündchen y Naomi
Campbell compitieron en belleza y malcriadez.
Gisele desfiló tres bikinis para la marca Cia. Marítima,
tenía camerino privado con agua de coco, mazapán,
bombones y cotufas color rosa. Cobró 40 mil dólares
y retrasó el desfile una hora porque no le gustó su
peinado. Por su lado, Naomi llegó sólo hora y media
tarde a maquillarse -un récord para su fama-, desfiló
dos bikinis para la firma Rosa Chá, cobró 70 mil dólares,
y en su camerino despachó a tres peluqueros y al maquillador
porque no estaba satisfecha. La prensa y el público deliraron
con su actitud en la pasarela y paralizó el desfile para
besar a su novio brasileño, el magnate Paulo Denis.
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