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No soportaba esa voz
Max Haines
El doctor Crippen ejerció la medicina en Toronto, cometió un asesinato en Inglaterra y fue detenido en Quebec

Hoy dia, podemos recurrir a las huellas digitales y al ADN. Cuando el doctor Hawley Crippen cometió un asesinato, una innovadora invención sirvió para capturar al asesino. Fue el llamado "telégrafo". Ciertos períodos de nuestra historia han sido bautizados "Epoca Dorada del Deporte" o "Epoca de la Cultura". Los 20 años transcurridos entre 1890 y1910 deberían denominarse "Epoca Gloriosa del Asesinato". Y es que con Lizzie Borden descuartizando a su madre y padre en Massachussets y Jack el Destripador degollando a toda mujer que se cruzaba con él en Londres, se movían más cuchillos que en una feria de carniceros. En esta sanguinolenta época hubo un personajillo de poca monta que nunca hizo daño a un alma hasta cortarle a su mujer la cabeza y arrojarla al Canal de la Mancha. La razón por la que este hombre afable no deja de sorprenderme es porque llegó a ejercer la medicina en Toronto, a perpetrar un asesinato en Inglaterra y a ser capturado en Québec. El doctor Hawley Crippen se casó con Cora Turner en 1889, cuando esta tenía 17 años. Hay adolescentes de 17 años que todavía son como niñas, pero hay otras que ya no lo son tanto. Cora pertenecía a esta segunda categoría. El doctor Crippen tenía 31 años y era oculista. Tenía debilidad por las mujeres, y estaba loco por Cora. No obstante, como a veces les pasa incluso a hombres mayores muy comprometidos cuando les da por las jovencitas, en poco tiempo Cora sacó fuera de sí al amable médico. Cora tenía varias costumbres desagradables, sobre todo, su pasión por el canto, lo que tenía el nocivo efecto de dejar sin dormir la mitad de la noche al pobre doctor Crippen, además de dejarle sin dinero, y, pese a ello, tener que seguir pagando las lecciones de canto y todo. En cualquier caso, aunque al médico su mujer le volviera loco y se viera asediado por sus acreedores, hay que decir que la movilidad del médico resulta bastante sorprendente si tenemos en cuenta que todo esto tuvo lugar en las postrimerías del siglo XIX. Se trasladó de Brooklyn a Nueva York, y de ahí a Toronto, luego a Salt Lake City y después a Philadelphia.
Pasó 11 años mudándose continuamente para huir de sus acreedores. En todo ese tiempo, Cora siguió recibiendo clases de canto y gastando dinero. Esos 11 años no fueron muy positivos que digamos para la señora Crippen. Siendo amables con ella, se podría decir que ya parecía una matrona a sus 28 años y, siendo maliciosos, pero honestos, se podría decir que estaba estropeadísima.
En cualquier caso, en esta época Crippen consiguió trabajar de vendedor para un laboratorio médico de patentados en Londres, Inglaterra.
En Londres, la vida del doctor Crippen y de su mujer no cambió mucho. Sobrevivieron hasta 1908, con el esfuerzo del doctor Crippen, y, mientras tanto, Cora siguió cantando. Luego, nuestro antihéroe conoció a una joven mujer con el extraño nombre de Ethel LeNeve. En poco tiempo, llegaron a un "acuerdo". Ethel y Crippen se convirtieron en amantes secretos y así estuvieron durante dos años.
Para entonces, el médico, quien tenía 50 años y una amante de la mitad de años que él, pasaba la mayoría de su tiempo con Ethel. Cuando iba a su casa en Hilldrop Cres, para guardar las apariencias, el médico no pasaba mucho tiempo con Cora ni con sus amigas coristas. Digamos que su círculo social de actrices y cantantes en ciernes le daba asco.
En enero de 1910 Crippen escribió una nota a una de estas amigas informándole que Cora ya no estaría más por ahí. Al parecer, un familiar rico del médico había fallecido en América y Cora había tenido que ausentarse rápidamente para salvaguardar los intereses familiares. Este pequeño invento no fue muy del agrado de las amigas de Cora, quien no solía marcharse así como así sin decir adiós. Cuando se vio a Ethel LeNeve, llevando joyas de Cora, fue demasiado. En este crucial momento, el doctor Crippen volvió a escribir a las amigas de Cora, informándoles de la triste noticia de que Cora había fallecido en California. A sus amigas les pareció que lo correcto sería mandarle flores. Crippen les dijo que Cora iba a ser incinerada y que le iban a enviar sus cenizas a él hasta Inglaterra.
Para consolarse, el médico se llevó a Ethel a Francia de vacaciones. Después, Ethel diría en el juicio que el amable médico llevaba una caja de sombreros cuando iniciaron la travesía del Canal de la Mancha pero, desgraciadamente, esa caja de sombreros se perdió durante la travesía y nunca se encontró. Hay que decir que tampoco se encontró nunca la cabeza de Cora.
Esto ya fue el colmo. Una de las amigas de la señora Crippen se puso en contacto con Scotland Yard. El inspector Dew fue a ver a Crippen y éste, inteligentemente, se inventó una historia plausible. Le dijo al inspector que su esposa no había fallecido. Le había dicho eso a todo el mundo para evitar una situación embarazosa. Su mujer se había fugado con otro hombre. El inspector se tragó este cuento. Crippen tuvo que suplicarle que viniera a registrar la casa de Hilldrop Cres, lo que hizo pidiéndole en todo momento disculpas al "atribulado" médico.
Al día siguiente, el doctor Hawley Crippen y Ethel LeNeve desaparecieron sin razón alguna.
El inspector Dew volvió a sentir curiosidad y esta vez encontró a Cora enterrada bajo el depósito del carbón en Hilldrop Cres, y sin cabeza.
Scotland Yard inmediatamente sacó carteles de busca y captura del médico y Ethel pero parecía como si se los hubiera tragado la tierra.
Luego ocurrió un acontecimiento que sacaría el caso Crippen del montón.
Scotland Yard recibió un telegrama del capitán Kendall, del Montrose, barco que había salido hacía dos días de Amberes con destino a Québec. Parece ser que el capitán llevaba a un tal George Robinson padre y a un George Robinson hijo, que no se comportaban como padre e hijo. La forma de andar del hijo y la manera en que el padre le agarraba de la mano le pareció sospechosa al capitán, que estaba seguro de que llevaba a bordo a Crippen y a LeNeve.
Después de que la policía le mandara un mensaje por radio de vuelta, todo el mundo se quedó convencido de que los fugitivos iban a bordo del Montrose. Scotland Yard envió al inspector Dew a bordo de un navío mucho más rápido llamado el Laurentic. Y logró interceptar al Montrose en el río San Lawrence a la altura del Father Point, donde Crippen y LeNeve discretamente admitieron su verdadera identidad. Fueron trasladados a Londres. Lo más dramático del caso ya había quedado atrás. Durante un tiempo, los fugitivos habían estado en alta mar sin saber que se estaban transmitiendo mensajes desde el Montrose a Inglaterra y que estaban ocupando los titulares en dos continentes. Guglielmo Marconi y su fantástico telegrama había servido para capturar a sus primeros delincuentes. Desafortunadamente para el médico, el caso terminó con su ejecución. Su último deseo fue que le enterraran con una foto de LeNeve.
Ethel fue juzgada como "cómplice tras cometerse el asesinato", pero logró probar que no sabía nada del crimen y fue liberada.
Cincuenta años después, en 1967, una mujer de pelo cano, enferma de muerte en un hospital inglés, pidió que la enterraran con una foto del doctor Crippen. Ethel LeNeve descansó en paz y sólo su marido conocía su verdadera identidad. l

 
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