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Nadadores a toda prueba

Oriana Galindo Parparcén y Rolando Salas Alpino encabezan el ranking venezolano en la disciplina de aguas abiertas. En el río Orinoco, en Bahía de Ponce, Puerto Rico; en Belém do Pará, Brasil; y en Colón, Panamá, entre otros lugares, estos dos jóvenes bracean como peces en el agua. Adriana Gibbs. Fotos: Natalia Brand

Imbatible. Ella tiene 17 años y ha sido distinguida, en los últimos cuatro, como la Atleta No1 en aguas abiertas. Y pensar que su mamá la inscribió en natación cuando tenía apenas dos años de edad —por recomendación del médico— porque tenía problemas de asma, sin pensar que esa niña superaría en las aguas hasta el propio aleteo de las sirenas. Oriana Galindo Parparcén ha sido campeona absoluta, en tres ediciones, en el XIII Paso a Nado Internacional de los Ríos Orinoco y Caroní. En el Campeonato Suramericano Juvenil, realizado el año pasado en la ciudad de Joao Pessoa, Brasil, ganó medalla de oro en la distancia de cinco kilómetros y medalla de plata en los diez kilómetros. Fue también campeona en el Cruce a Nado Internacional en Bahía de Ponce, Puerto Rico, y en el Campeonato Suramericano de Mayores de Natación, en Mar del Plata, Argentina, obtuvo medalla de bronce.

Si bien nada desde pequeña, fue a los diez años cuando empezó a competir y a los 15 ya formaba parte de la Selección Nacional de Natación. Hace cuatro años sus compañeros y Rosalbo Verastegui, su entrenador, la motivaron a salir de las líneas rectas de la piscina, convocándola a probar las aguas abiertas. Su “bautizo” tuvo lugar en las aguas de Ocumare, y luego se aventuró en el cruce del Orinoco, el cual ha hecho cuatro veces, de las cuales tres ha resultado campeona absoluta.

Lo más sorprendente es que ella asegura ser cobardísima. “Cuando estoy en el agua cierro los ojos, nunca veo el fondo, y los abro sólo cuando levanto la cara para respirar”... Una ironía que ella lo diga, pues esta disciplina de la natación es, por sí sola, toda una audacia. Cuando se está en aguas abiertas los nadadores dependen de muchos más factores de los presentes en una piscina: el paisaje, las corrientes, las temperaturas. Oriana recuerda muy bien las aguas heladas del Mar del Plata, en Argentina, y el oleaje fuerte y las aguamalas de Ocumare. Ella se siente más que cómoda en la tranquilidad de Bahía de Pampatar, en Margarita, y sueña con volver a la calidez de las aguas de Brasil.

Confiesa sentirse más segura en las competencias de cinco kilómetros. “Las de diez me intimidan un poco, hay un momento en que uno no sabe qué pensar, uno duda de si podrá llegar a destino”. En algunas competencias se ha retirado. “Luego te da remordimiento, pero la presión es fuerte; he tenido apoyo psicológico para poder superar esa amenaza que sentía con los diez kilómetros. Creo que lo he superado”. Se define como una nadadora persistente que va al segundo intento cuando no lo logra al primero: “A veces tengo flojera para entrenar, pero no dejo de hacerlo”.
Es bachiller y aspira estudiar Odontología en la UCV. Vive con su mamá, abuelos y tíos. “Soy la consentida de la casa. Todos están orgullosos y siempre en las reuniones familiares brindan por mí. Los triunfos se los debo a mi mamá. Ella es la que me lleva y me trae, la que me apoya en todo, la que ha llegado a pagar los gastos para poder ir a una competencia cuando no he podido contar con todo el financiamiento”.

Acuático. “Soy cumanés de pura cepa y desde siempre mi vida ha sido el mar”. Así se presenta Rolando Salas Alpino, joven nadador de aguas abiertas quien, al igual que Oriana, encabeza el ranking en esta disciplina. Tiene 22 años, estudia Contaduría Pública en la UCV, pero su oficio de estudiante no le ha impedido una reconocida trayectoria acuática: el año pasado fue el campeón absoluto en el XIII Paso a Nado Internacional de los ríos Orinoco y Caroní, y obtuvo el primer lugar en el Campeonato Nacional Copa Danny Chocrón. Fue subcampeón en el Campeonato Suramericano de Mayores realizado en la ciudad de Belém do Pará, en Brasil, campeón de la Vuelta Acuática a Colón, en Panamá, y subcampeón en el Cruce a Nado Internacional en Bahía de Ponce, en Puerto Rico.

Empezó a competir a los 12 años de edad y a los 13 ya era integrante de la Selección Nacional de Natación. A los 14 años se inició en aguas abiertas, en el Orinoco. “Me gustó más que la piscina, y me quedé enganchado con ese río. Todo lo que he logrado hasta ahora se lo debo a ese cruce. Yo siempre estoy pensando en el Orinoco, incluso, cuando estoy en otras aguas el Orinoco viene a mi mente”. En ese cruce ha sido campeón tres veces, y también tres veces subcampeón.

No es asustadizo, aunque anécdotas no le faltan. En las aguas cristalinas de Egipto, durante un entrenamiento, vio a un tiburón. Salió de inmediato del mar y, claro, miedo sintió y mucho. También se ha topado a lo lejos con una que otra mantarraya.

“En 2001 entré en un ciclo en el que comencé a ganar todas las pruebas. Pero en diciembre del año pasado perdí una importante competencia en Puerto Cabello. Un ligero extravío me significó el quinto lugar. Había estado enfermo, y en la competencia me desvié sin quererlo. Me sacaron del Suramericano. Sentí que perdía lo logrado”. Rolando no se rindió, siguió entrenando duro y se cambió al Centro Natación Caracas. “En aguas abiertas, más allá de la condición física, es indispensable la preparación psicológica. A mí me ha ayudado mi forma de pensar, en el agua sé resolver y puedo responder con rapidez a las circunstancias”. Inauguró el año con buenas aletas. Nuevamente ganó con ventaja en el cruce del Orinoco, y volvió a entrar en la selección nacional.

-¿Un récord que le gustaría batir ?
“Seguir representando bien a Venezuela”. l

Agua por delante

Además de sólidos logros en la especialidad de aguas abiertas, Oriana Galindo y Rolando Salas tienen varias cosas en común. Los dos entrenan todas las mañanas de 5:00 a 6:00 am. Luego del entrenamiento Oriana vuelve a su casa, mientras que Rolando va a la universidad. En la tarde vuelven a entrenar de 6:00 a 8:00 pm. En total, hacen diariamente cerca de 10.000 metros en piscina. La alimentación varía de acuerdo con la cercanía de la competencia. Rolando cuenta que días antes de un certamen debe tener dos kilos de más, pues esa es justamente la cantidad de kilos que pierde cuando hace el cruce de cinco kilómetros.

Rolando no tiene novia, y admite que es un poco difícil, pues no puede trasnocharse. “Una noche de parranda representa para mí una semana mala de entrenamiento. Así de sencillo. Por eso, suelo dormirme a más tardar a las 10:30 pm, detalle que no todas entienden”.

Oriana no tiene novio. “Tuve uno, pero es muy difícil, pues ellos se obstinan porque uno no puede dejar de entrenar. Creo que lo mejor es buscarlo en este medio”. Tras esta afirmación, y una mirada pícara de mi parte a los dos, no titubearon en aclarar al unísono: “Somos panas, nos queremos como hermanos”.

De momento, ambos están estrenando duro. Carmen Caraballo, directora de Aguas abiertas en la Federación Venezolana de Deportes Acuáticos, informa que ambos harán el cruce a nado en Bahía de Ponce, Puerto Rico; y a finales de año los esperan las aguas abiertas en Dubai, Emiratos Arabes, para un campeonato internacional. Queda, pues, bastante agua por delante.


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