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Ternura mata a galán

El más humano de los dibujos animados ha vuelto para desterrar, de nuevo, a todo príncipe encantado que se asome a las taquillas. Estampas le cedió el micrófono al español Antonio Banderas y al mexicano Eugenio Derbez, las voces de los personajes más exitosos del film: el recién llegado Gato con Botas y el viejo cuate del burrito.
Enmar Pérez.
Ciudad de México.
Enviada especial

Dice el malagueño Antonio Banderas que lo único que tuvo que escuchar fue la palabra Shrek para decir que sí. Prácticamente no esperó a que su interlocutor finalizara: “la dos”. “Pero... ¿no quieres oír de qué iría tu personaje antes de darme una respuesta?”, tuvo que agregar al otro lado del teléfono Jeffrey Katzenberg, cofundador junto a Steven Spielberg y David Geffen de los estudios DreamWorks, artífices del film que se convirtiera en el primero en ganar un Oscar a la Mejor Película Animada en 2001. “No me hacía falta —añade el actor español— mi hija Stella tiene la cinta (la uno) y la habrá visto unas cinco veces, yo la he visto unas ocho. Soy un fanático”. La afirmación la hacen Banderas y Katzenberg durante un encuentro con la prensa en un salón del hotel Camino Real de Ciudad de México, con motivo del lanzamiento de Shrek 2 en el país azteca. Los acompaña el comediante mexicano Eugenio Derbez —un Emilio Lovera o Rolando Salazar de aquellas tierras—, quien otorgara la voz al ya conocido burro —y la especiara con mucho chile— para la versión que se está viendo en toda América Latina. El hispano, por su parte, asegura haberse divertido como nunca regalándole las cuerdas vocales, y muchas de las salidas, al Gato con Botas (Puss in Boots), el nuevo compañero del galán del pantano, con “tumbao” andaluz tanto en la cinta original en inglés como en la adaptación en español para latinos e ibéricos.

“Les agradezco que usen la palabra adaptación —interviene Katzenberg—, porque eso es lo que es, no una traducción. El film ha sido adaptado a 26 idiomas, y en cada país o región hemos buscado el mejor talento tanto desde el punto de vista actoral como de dirección para lograr que el resultado sea el más adecuado posible a cada cultura en particular”.

De hecho, tanto Banderas como Derbez expresan que los estudios les hacen llegar el material con todos los gags y su explicación, de manera que los mismos actores sugieren los diálogos y las bromas que más se ajustan para comunicar a la audiencia, en su propia lengua, el espíritu original del guión. “Claro está, para las adaptaciones ya estás atrapado en la matemática de la imagen, no te puedes escapar de los labios y ya eso es una especie de cinturón de seguridad que no te permite ser tan creativo como cuando te dicen: ‘el personaje es tuyo, tírate con él’”.

El gato andaluz. En el caso de Antonio, tuvo la ventaja de “hacer suyo” al felino en inglés: “Yo me lancé de cabeza a ese tarro, sin saber dónde estaba el fondo, y me dediqué a divertirme”. Esta experiencia, indiscutiblemente, le allanó el camino para el trabajo en castellano. “En este sentido, me pidieron una creación para la península ibérica, la del acento andaluz, y una con un acento más neutro para la cinta que se vería en América Latina, aunque yo no le encontraba mucha lógica y les explicaba que, de todas formas, en el continente americano existen grandes diferencias entre las idiosincrasias de los distintos países. Hice las dos, pero al final se quedaron con la andaluza para toda Hispanoamérica”.

Sea como fuere, el minino se ha metido en el bolsillo a todo el mundo en uno y otro lado del orbe. “Estoy muy contento con él, lo he llegado a querer más que a mí mismo. Aunque este bigotudo es más bien un manipulador que tiene un sentido del honor bastante extraño, y que sabe que con esos ojitos se puede ganar a cualquiera”, comenta riéndose.

A la par de los ojitos, uno de los grandes aciertos del Gato con Botas ha sido, justamente, parodiar al propio Banderas en su caracterización del Zorro. “Cuando me describieron este personaje, el primero que iba a ser latino (originalmente) en Shrek, me hablaron de un felino que maneja las espadas, es sexy, y tiene una personalidad que se las trae. En seguida pensé: ‘suena como Antonio Banderas para mí’”, señala Katzenberg. Suena, en efecto, como lo que las etiquetas suelen reconocer bajo el término latin lover, nada alejado, por cierto, del genuino Puss in Boots, un aventurero y timador nacido de la pluma de Charles Perrault.

Una vez reclutado el actor, se inicia la verdadera creación: se graban las primeras secuencias, los animadores comienzan a trabajar en la computadora sobre ellas para imitar los gestos y modulaciones del talento —en el caso de este equipo hasta tomaron clases de actuación para aprenderse las técnicas que maneja el cast a la hora de querer transmitir una u otra emoción— y el producto se va ajustando pausadamente. Toda una tarea de filigrana que, explica el ejecutivo de DreamWorks, se extiende hasta un año para tener listo un personaje novel. Shrek 2 está repleto de ellos: el embotado minino, el rey y la reina (padres de la princesa), el hada madrina y el príncipe encantador, entre los principales. En el film hablado en anglo estas voces las prestan: Banderas, lógicamente; el británico John Cleese y la estadounidense Julie Andrews como los reyes; y los ingleses Jennifer Saunders y Rupert Everett en los roles del hada y el príncipe, respectivamente. Vuelven Mike Myers como Shrek, Cameron Díaz como Fiona y Eddie Murphy como el burrito.

¿En qué se diferencia tu burrito del de Murphy?, se le pregunta al mexicano Derbez. “En que este come tamales, y en que yo creo que soy, ciertamente, más burro que Eddie porque no cobré la misma cantidad por hacer la voz”. Esto es: diez millones de dólares. Como para morirse de la risa.

¡Nuevo! ¡Nuevo! La fe ciega, casi religiosa, que los humanos profesan al “y vivieron felices para siempre” de los relatos de hadas, nunca ha sido cuestionada, quizá, porque son las historias que pueblan los dulces estadios de la niñez. Pero, la verdad sea dicha, al menos cabría preguntarse, un poco más adelante, ¡cómo fue que lo lograron! “Desde un principio, a pesar de que el primer film concluye con la boda de Fiona y Shrek y la aseveración de que serán felices eternamente, en DreamWorks habíamos concebido el relato en cuatro capítulos. Realmente queríamos contarlos todos. Cuando el primero tuvo éxito, fue como una especie de regalo para nosotros porque entendimos que tendríamos la posibilidad de, al menos, llevar a la pantalla el segundo. Sabíamos, lógicamente, que el reto para mantener la sorpresa era grande, y que mucho de lo que se pudiera alcanzar en este aspecto se tendría que deber a las nuevas caracterizaciones”, aclara Jeffrey Katzenberg. Los resultados en taquilla y crítica del volumen dos barrieron, por supuesto, con cualquier duda en relación con lo que vendrá: “Ya se está trabajando en el capítulo tres, que será proyectado en 2006, y el cuatro saldrá en 2009”, añade el directivo.

Era de imaginárselo. Más allá de los indiscutibles logros técnicos en los terrenos de la animación por computadora —que esta vez alcanzan niveles superlativos que el ojo educado podrá apreciar—, si hay algo que distinguió a este film, fue la falta de concesiones a todo convencionalismo, el afilado y muy agridulce sentido del humor, y las múltiples referencias y parodias a los personajes que pueblan las fábulas de todos los tiempos. Una amalgama que logró arrastrar a las salas audiencias de todas las edades. Un universo paralelo a los cuentos de hadas, donde las creaciones de los hermanos Grimm, Charles Perrault y Hans Christian Andersen sufren una suerte de liberación —¿humanización, cabe decir?— que los acerca más a los delirios de la realidad que a los patrones de la ensoñación. Un festín para aquellos que gustan excavar en las subyacencias “torcidas” del imaginario fantástico. Por supuesto que daba para más. En este sentido, la segunda parte no defrauda. A pesar de que los problemas de flatulencia de Shrek, ahora compartidos en total empatía por Fiona, ya no causan la sorpresa de la primera vez (los más pequeños, siempre tan escatológicos, siguen desternillándose de la risa), adolescentes y adultos no podrán resistirse ante los innumerables nuevos llamados a películas y personajes, ya no sólo de los cuentos, sino también de la cultura pop, por no hablar de lo que Antonio Banderas califica como “el lado oscuro del film. Ese que los niños no van a entender, porque ellos se quedan con lo bonito del cuento, con las bromas fáciles, con el mensaje que sigue siendo enaltecedor. Pero vaya que mis amigos, sí”, dice el actor entre risas.

Para muestra, algunos detalles: mientras Fiona y Shrek disfrutan de su luna de miel —así empieza la película— ruedan por la arena al mejor estilo de Burt Lancaster y Debora Kerr en De aquí a la eternidad o se dan un beso a lo Spider Man: de cabeza. De su lado, una de las hermanastras de la Cenicienta, cuya voz en inglés es nada menos que la del animador Larry King, ha quedado para atender la barra de una taberna llamada La manzana envenenada, una especie de guarida donde todos los villanos se reúnen a compartir los tragos; la insólita Joan Rivers —quien presta su propia voz en la producción anglo— cubre la llegada a la alfombra roja durante la fiesta de presentación del nuevo príncipe consorte a los súbditos del reino Muy Muy Lejano (Far Far Away), en el que viven los padres de la princesa y poseen sus mansiones la propia Cenicienta y Rapunzel —el equivalente a las estrellas del celuloide de hoy día—. Muy Muy Lejano es, entonces, un Hollywood medieval, donde la apariencia lo es todo: su calle principal se llama Romeo Drive (en lugar de Rodeo Drive) y está bordeada por las tiendas más exclusivas. La madrina de Fiona, un hada, faltaba más, es en realidad una calculadora empresaria. El príncipe encantado, hijo de la susodicha madrina y aspirante a la mano —y el dinero— de la princesa, es tan narciso que llega a lucir afeminado. Incluso Ricky Martin sale desbancado en esta oportunidad. La verdad es que cabe la pregunta: ¿Cómo van a hacer para volver a sorprender a la audiencia en la tres? “¡Caramba!, déjennos disfrutar el éxito que ha tenido la dos y después hablamos de eso”, expresa pelando los ojos Katzenberg. A los periodistas no les quedó otra que poner cara de gatitos... l

No me vengas con ese cuento
Rebozante de felicidad llega la verde parejita de su luna de miel a su residencia en el pantano, cuando un mensajero les corta —o más bien les lee— la nota: han sido invitados por los padres de la princesa a visitar su reino Muy Muy Lejano, con el fin de celebrar la unión y conocer a su yerno. Aunque nuestro dulce galán se niega rotundamente a la idea, presintiendo lo peor, terminan partiendo en compañía del burro. Los problemas no se harán esperar: los progenitores de la señora Shrek no tienen idea de su extreme makeover a la inversa; el rey oculta intereses particulares y posee uno que otro secreto, así que contrata al malandrín Gato con Botas para que saque al “ogro” de su camino; el hada madrina de Fiona es una interesada empresaria, cuyo único objetivo es casar a su hijo, el príncipe encantado, con la heredera del reino. Sólo los más nobles sentimientos podrían sacar a nuestros héroes de este verdadero pantanal: el amor y la amistad. Menos mal que en este caso están teñidos, como la esperanza, del más encantador y transgresor de los verdes. Nunca las computadoras consiguieron un relato más humano. No se la pierda.

FOTOS: CORTESIA UNITED INTERNATIONAL PICTURES (UIP)

Ver también en Encuentros:
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