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revista Estampas

Afán por las raíces

El próximo viernes 8 de junio se estrena en Venezuela la película El último bandoneón
del cineasta argentino —que estuvo radicado
en Venezuela— Alejandro Saderman, quien
dirigiera reconocidas producciones nacionales
como el drama Golpes a mi puerta, de 1993,
y la comedia 100 años de perdón, de 1998.
La cinta es una coproducción argentino-venezolana que cuenta la historia de Marina Gayotto (actriz argentina que se interpreta a sí misma) una
joven que se gana la vida tocando el bandoneón
en autobuses y trenes subterráneos. Esta mujer bohemia cambia su destino cuando decide hacer una audición para el maestro del tango Rodolfo Mederos (también interpretándose
a sí mismo), quien está en plena conformación de una banda joven del género.
Marina queda seleccionada por Mederos con una condición: debe reemplazar
su viejo bandoneón por un Doble A, el modelo más sofisticado de este instrumento.

Saderman conversó desde Buenos Aires,  con Estampas.

¿Cómo surge la idea para el guión?

“En una visita que hice a Buenos Aires, hace mucho tiempo, me enteré por un aspirante a bandoneonísta
joven que los bandoneones se habían dejado
de fabricar cuando comenzó la Segunda Guerra
Mundial. De hecho, el más nuevo es del año 39.
No es tan sencillo como ir a una tienda y comprar uno.

Por otro lado, yo tengo una gran amistad con Rodolfo
Mederos, el protagonista de la cinta, que es uno de
los tangueros más importantes del país. En su momento fue considerado un heredero de Astor Piazzola.
El me había comentado su proyecto de armar una orquesta como las de los tiempos de oro del tango
pero con gente joven. Fue así como se le dio forma
al guión que, en este caso, es más una guía narrativa,
ya que esto es docu-ficción: nunca hubo diálogos escritos sino pautas situacionales de rodaje. Si alguna virtud tiene la película es que no se siente cuándo pasas de la ficción a la realidad.  Fue toda una aventura que, por suerte, salió bien”.

Se ha comparado la cinta con Buena Vista Social Club...

“Digamos que no fue un intento de hacer Buena Vista Tango Club (risas). Buena Vista... es un documental de cabo a rabo. El hecho de haber rescatado a unos veteranos del bandoneón ha hecho pensar eso, pero esa es la única similitud. Creo que El último bandoneón es más bien un registro de ese reencuentro que está ocurriendo entre los jóvenes y el tango. Hay un afán por encontrarse con las raíces auténticas”. 

¿Es más fácil hacer cine en Argentina que en Venezuela? 


“El contexto es muy diferente. En estos momentos en Argentina se están produciendo de 60 a 70 largometrajes por año. Eso implica que hay una efervescencia permanente, pero también un nivel de competencia mayor. Acá el Instituto de Cine financia constantemente nuevos proyectos, en Venezuela el número de producciones por año es mucho menor y existen sólo dos convocatorias anuales para financiamientos. Es un tema determinante a la hora de hacer cine”.

Fotos: Cortesía Amazonia Films

 


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