 |
|
La vejez de El Padrino
|
|
El una vez apuesto y sensual protagonista
de filmes como El Salvaje, Un tranvía llamado deseo
y El último tango en París no lleva una
vejez tranquila. La tercera edad está siendo para Marlon
Brando un reflejo de la vida inquieta que le tocó vivir.
Con 79 años recién cumplidos, el actor tuvo
que declararse en quiebra después de que su última
ex compañera lo demandara por 100 millones de dólares.
Se dice que esta estrella, que una vez paseó solitariamente
por su isla particular ubicada en el Pacífico, debe
sacar cuentas para que le rindan los 6.000 dólares
de pensión que recibe. En el mejor estilo de Greta
Garbo, Brando vive, prácticamente, en el ostracismo.
Rara vez franquea la puerta de su mansión en Beverly
Hills, y su cuerpo obeso y cansado recibió por estos
días la visita de un infarto que, afortunadamente,
no le causó mayores consecuencias. Después de
haber superado numerosos escándalos que incluyeron
juicios, demandas y contrademandas, el inolvidable Don Corleone
de El Padrino opta por el bajo perfil para así
elevar su cotización, y poder solicitar altas suma
de dinero a cambio de alguna entrevista en exclusiva para
la televisión.
|
El paraíso en la otra esquina

Como todo escritor de oficio, Mario Vargas
Llosa siempre tiene una historia entre manos, pero la que cuenta
en su más reciente novela, El paraíso en la otra
esquina (Alfaguara, 2003), tuvo que esperar pacientemente unos
diez años en el tintero. Después del éxito
de La Fiesta del chivo (2000), donde se revela con escrupuloso
y periodístico detalle los horrores de la dictadura de Rafael
Leonidas Trujillo, en República Dominicana, el autor peruano
se impuso nuevamente un intenso y agotador trabajo de investigación
para volver sobre la fórmula literaria que le permite ofrecer
una nueva mirada de la historia. En esta oportunidad no le bastó
un solo personaje sino que necesitó dos: la vida de la heroína
de orígen peruano Flora Tristán y la de su nieto,
el pintor francés Paul Gauguin.
En esta aventura narrativa de más de 400 páginas,
Vargas Llosa, a decir de la crítica, maneja con astucia el
arte de intercalar períodos históricos, con el fin
de recrear los diferentes episodios que definieron la vida de Tristán
y Gauguin. La primera, luchó por construir un mundo mejor,
el segundo, se planteó el mismo sueño dándole
rienda suelta a sus instintos. Más allá del parentesco
familiar, las vivencias de estos dos personajes están unidas
a través del hilo invisible de la utopía, amparadas
en la creencia de que, tal y como lo expresa el nombre del libro,
el paraíso está en la otra esquina.
El tema de la utopía no le es ajeno al autor de La Ciudad
y los perros. Así lo refiere Tomás Eloy Martínez,
quien, a propósito del lanzamiento de El paraíso
en la otra esquina, lo recuerda cuando en 1967 recibía
el premio Internacional de Literatura Rómulo Gallegos. En
aquel momento, rememora el periodista argentino, Vargas Llosa "defendía
el derecho del artista a la insurrección permanente".
Hoy, de cara a su nuevo trabajo, el autor sigue siendo fiel a sus
ideas. Señala que una sociedad impregnada de buena literatura
es mucho más difícil de esclavizar, de manipular.
"La buena literatura nos hace mejores, nos hace más
libres y nos predispone más a la felicidad." Que así
sea, pues.
Ver también en Protagonistas:
- El monitor. La colección
de André Breton.
- Territorio mutante.
|