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Will&Grace
Todos se roban el show
Enmar Pérez. Los Angeles. Enviada
especial
Allí está el detalle. La
comedia que transmite para Latinoamérica Sony Entertainment
Television, un rotundo éxito de audiencia en Estados
Unidos, es producto del armónico esfuerzo de un equipo concurrido
y talentoso. Estampas estuvo en el set de grabación
y echa el cuento de cómo la risa es lo más serio de
la jornada.
Un
martes, cuatro horas, 400 personas a mandíbula batiente en
las gradas del público, un animador al más rancio
estilo Sea World, una banda de música en vivo, un "Dj",
cuatro escenografías, cuatro cámaras, los escritores,
un guión con varios ases bajo la manga, el director, los
productores, los asistentes, decenas de técnicos, "el
empleado de la semana", los maquilladores, las chicas de relaciones
públicas, y cuanto gato se necesite para integrar un crew
eficiente y voluntarioso, por no hablar de cantidades ingentes de
chocolate, todo ello -y se sabe que la semana ha sido larga para
el staff- se necesita para grabar ¡22 minutos! (léase
un capítulo) de la comedia de situación Will &
Grace, la tercera más vista de Estados Unidos.
Lo anterior, obviando la punta del iceberg: los cuatro sobresalientes
actores que conforman el casting: Erick McCormack (Will), Debra
Messing (Grace), Megan Mullaly (Karen), y Sean Hayes (Jack), amén
de la extraordinaria Shelley Morrison (Rosario), los extra, y el
esperado quinto de tantas veces: la estrella invitada -para este
día en cuestión, una supernova de la comicidad: el
indefectiblemente "descabellado" Gene Wilder-. Y nadie
se pisa la cola. Aquí el relajo está meticulosamente
calculado. Nos encontramos en los grandes estudios de televisión
de Los Angeles (CBS), y no muy lejos el archifamoso letrero
de Hollywood se erige como una advertencia. Ya se sabe, el entretenimiento
por estos lares es profesionalismo puro y duro, y hasta las golosinas
tienen su cuarto de hora estelar...
El día de grabación de esta sitcom (contracción
de situation comedy en inglés) es un show, divertido
y relajado... ¿Acaso demasiado para un episodio?... Pues,
no.
Si se tiene en cuenta que sólo en el país del norte,
y de acuerdo al todopoderoso rating, del otro lado del televisor
se plantarán cerca de 21 millones de espectadores a sintonizar
la que es considerada hoy día una de las series más
hilarantes e inteligentes de la TV estadounidense, el multitudinario
esfuerzo ha valido hasta la última pena (o risa, depende
de donde esté usted ubicado). No en balde la televisora NBC
la proyecta en horario estelar en EEUU (jueves a las nueve de la
noche), y el canal por suscripción Sony Entertainment
Television hace lo propio para
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| Este es uno de los
cuatros escenarios que completan el set |
Latinoamérica (el mismo día,
en Venezuela, a las ocho).
Un gusto superlativo se debe dar Warren Littlefield, autor intelectual
de W&G, hoy ex presidente de Entretenimiento de NBC, junto a
los creadores Max Mutchnick y David Kohan, cada vez que le dan play
al cuento: "¡Es la peor idea que se te pudo haber ocurrido!",
recuerdan que le expresaron a Littlefield cuando la asomó
por primera vez. "¿El protagonista un abogado gay
de Nueva York, convicto y confeso, y la 'mujer de su vida' su mejor
amiga...?". ¡No way! Cinco años, 19 nominaciones
a los Globos de Oro y otras 37 a los Emmys más tarde -ocho
en mano-, los ejecutivos del consorcio no opinan lo mismo: "Es
la mejor comedia de la televisión", en palabras del
actual presidente de Entretenimiento de NBC, Jeff Zucker. "La
más 'sucia'", prefiere contribuir su productor ejecutivo
y director, James Burrows. Sí y no.
A pesar de la expectativa con ganas de controversia que desató
en sus inicios que los dos "galanes" de la serie fueran
homosexuales y sus dos compañeras no muy ortodoxas, las aguas
volvieron a su cauce no bien exhibidos los primeros capítulos.
En realidad, W&G es una comedia de corte tradicional, bañada
de un agridulce "humor pop", cuyo mayor acierto es valerse
con sutileza y refinamiento de la ironía y los códigos
que los mismos gays suelen usar, sin ridiculizarlos, sin traicionar
sus principios. Y lo consigue de una manera que los heterosexuales
también encuentran graciosa. Nadie sale herido. Allí
mueren los prejuicios.
Así que si se tiene en cuenta las influyentes opiniones antes
encomilladas, se podría predecir que la palma de la mano
de Will tiene la línea de la vida más bien
larga. Si el matrimonio audiencia-W&G, llega a vivir
la esperada comezón del séptimo año -el elenco
ha firmado contrato hasta 2005-, no hay problema: ese es el tiempo
estimado para que un verdadero éxito encuentre su fecha de
expiración de manera natural, el resto es (más) plusvalía.
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Will y Grace, amigos del "alma"
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La química entre los actores es
palpable
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Un invitado de postín,
Gene Wilder
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La risa crónica
"¡Bienvenidos! Mi nombre es Daniel y voy a ser su anfitrión
esta tarde. Vamos a pasarla bien. Vamos a reírnos. Recuerden
que la risa es importante...". Apenas el público, una
masa variopinta que inclina la balanza hacia los veintitantos años,
está ubicado en sus asientos, aparece en el centro Daniel,
un personaje entrado en carnes que, micrófono en mano, se
convertirá en la más "abultada" sorpresa
de la noche. Comediante profesional, se encarga de que el rato inicial,
mientras el equipo de filmación se pone a tono en el cercano
set y los actores terminan de ser maquillados, se convierta en un
calentamiento de motores para lo que ha de ser la "algarabía"
imparable de los espectadores durante cuatro horas (entre seis y
diez pm). Y es justamente el inesperado animador quien arroja luces
sobre el primer misterio que se esconde tras este tipo de programas:
las risas que se escuchan cada vez que los actores finalizan una
frase ingeniosa, no son montadas. Son, en realidad, el único
sonido deseable durante el lapso de filmación de cada secuencia,
y no sólo es deseable sino estimulado. Para eso está
Dan, para encender y mantener en high el buen humor de los asistentes
durante la extensa jornada: entre cada mandato de ¡corten!
y ¡acción! del director, cuando abajo todo se reduce
a problemas técnicos o conceptuales, este señor se
lanza a echar chistes, organiza concursos entre los asistentes,
reparte souvenirs y chocolates a los que más se rían
o aplaudan -y a la larga a todo el mundo-, cuenta chismes y se burla
de los actores. Se dispara las cuatro horas en ese plan, y dura,
y dura y... Para eso está también la banda, un grupo
"todero" que de tanto en tanto le hace el quite con temas
a lo Dave Mathews Band. Para eso está el "Dj",
a la postre un musicalizador que "adorna" con sonidos
las ocurrencias del imparable comediante.
De pronto Daniel hace mutis y uno de los productores anuncia
la salida del esperado casting. El cuarteto mejor ensamblado de
Nueva York desde que Jerry (Seinfeld), Elaine, George y Kramer dejaran
de llenar libretos, se para al frente, saluda, ríe y desata
la euforia y los comentarios de los fanáticos: "Son
todos más flacos de lo que se ven en pantalla...". "¡Hey!,
¿dónde está Rosario...?". "I love
you, Karen!
". Asimismo, presentan al invitado, un
sello indeleble del programa. Por allí han pasado Michael
Douglas, Cher, Matt Damon, Elton John, Demi Moore y Kevin Bacon,
entre otras luminarias, y los rumores conducen a que en pocas semanas
estará la muy (pop)ular Madonna -son más que rumores,
pero nadie suelta prenda-. ¡Con ustedes, mister Gene
Wilder! Los espectadores se alegran: habrá banquete. Caballero
sin peine, el rubio de La chica de rojo saluda cortés.
Luego, todos desaparecen tras bastidores, queda la estela y el animador
vuelve a la carga. La verdad es que el tío es tan tonto como
simpático.
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Sexo, mentiras y
videos se llama el capítulo
de este día |
Al rato se oye una campana: se dará
inicio a las primeras tomas. Son cuatro escenarios uno al lado de
otro. El capítulo se irá grabando en el mismo orden
que lo verán los televidentes, así los asistentes
al estudio siguen la historia en perfecta hilación. Allí
donde habrá comerciales, ponga usted a Dan y al grupo musical.
Todas las secuencias se filman dos veces. No bien finaliza la primera,
escritores y productores emulan una mesa redonda en el set. ¿Qué
discuten? Se sabrá cuando se inicie el rodaje por segunda
vez: la mayoría de las frases ocurrentes se cambian por otras
-infaliblemente- mejores. El público es tomado por sorpresa
y la risa incrementa sus bemoles. Alguien explica que la propia
audiencia sirve de termómetro la vez inicial (una especie
de focus group in situ). No se sabe si es cierto. Ya Sean
Hayes había adelantado en una rueda de prensa que el guión
es, casualmente, un arcoiris: tiene hojas azules, rosadas, amarillas.
Se supone que allí están las múltiples opciones.
Por eso, afirma Hayes, él ya no se aprende la totalidad de
memoria -"es que los chistes se cambian hasta el último
minuto, de allí que yo sostenga el script permanentemente
en las manos"-. De hecho, "Jack" es el que más
interrumpe la grabación para que le recuerden un parlamento.
Nada grave. El actor es cool en demasía -cuestión
de actitud-. Por su parte, la fresquísima Debra Messing y
el impecable Erick McCormack son los que más bromean con
el público en los recesos -no mucho-; Sean se les suma de
vez en cuando. Megan Mullaly es (vaya sorpresa) tímida, prefiere
mantenerse alejada, pero celebra la espontaneidad de sus compañeros.
Se percibe a todas luces -de estudio-, que se entienden y se disfrutan
entre ellos.
Del otro lado, cuando Daniel hacía de las suyas y se creía
que ya nada más podía sorprender, un productor anuncia
al público que premiarán al empleado de la semana:
llaman a la vestuarista: Lori Eskowitz-Carter. La gente aplaude.
Esto sí que ha sido el non plus ultra de lo "americano".
Pero, vale: el productor explica en qué consiste el invalorable
rol de la diseñadora. Todos cuentan. Queda claro: todos se
roban el show.
El tiempo comienza a conspirar, las sillas también. Dan vendrá
al rescate: "En vista de la gran cantidad de veces que se equivoca,
los productores y yo hemos decidido botar a ¡Jack! ¿Hay
algún gay en la sala, además de mí...?".
Hasta el director suelta una carcajada. Suena la campana. Todos
a sus esquinas. Entonces, el animador se apura: "Vamos a hacer
silencio, muchachos. Atentos con el ruido del papel de los chocolates.
Y acuérdense de reír, la risa es importante...".
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| DEBRA MESSING
Atractiva y estilizada como una maniquí, y espontánea
y sencilla como su personaje, Debra Messing es Grace Adler,
la diseñadora de interiores que funge de amiga del alma
de Will -ya se sabe, sólo del alma, para este par de
cuerpos es otra la historia-. Su estilo y talento para la comedia
son comparados por la prensa estadounidense con los de la también
pelirroja Lucille Ball, cosa que, cómo no admitirlo,
la halaga en profundidad. Nada sorprende, pues, su permanente
presencia en la lista de las nominadas como mejor actriz de
comedia a los Globos de Oro y a los Emmys, aunque no se ha llevado
ninguno. No obstante, sus elegantes andanzas por las rojas alfombras
de dichos premios la han catapultado como icono de la moda -portada
de Vogue incluida. Bueno, llena eres de gracia. |
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ERICK
MCCORMACK ¡No soy gay! Grita un desesperado
Erick McCormack frente a una audiencia en su mayoría
masculina en un sketch de Saturday Night Life. "Nosotros
tampoco, Erick -le contesta una pareja de chicos-. Pero acláranos
una cosa: de qué color son en realidad tus ojos".
En el programa están bromeando y McCormack se burla de
sí mismo. Sabe que su caracterización del leguleyo
Will en la serie, un homosexual asumido y sin problemas, no
sólo le ha valido un Emmy como mejor actor sino que lo
ha convertido en símbolo gay en Estados Unidos.
Gajes del oficio. En realidad, el muy guapo actor es casado
y tiene dos hijos. "Desde la década pasada, todos
los comediantes que pretendan retratar a una familia típica
americana tienen un problema: ya nadie podrá hacerlo
mejor que Los Simpsons", dice en honor y defensa
de la diversidad. Vale. |
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| MEGAN MULLALY
"La gente espera encontrarse con mi personaje cuando me
conoce, pero yo soy muy diferente a ella. Soy más bien
tímida", sorprende Megan Mullaly, la excelente actriz
que asume a la cáustica millonaria Karen Walker en W&G.
Y se le nota. Comenzando por su voz natural, ciertamente dulce
y que ella misma califica de "lacónica", y
concluyendo por su apariencia de intelectual neoyorkina -lentes
de pasta incluidos- que la ubican a años luz de la muy
emperifollada Karen. "Tuve que inventar esa voz -como de
'ambulancia de sirena', señala un periodista- para darle
punch al personaje. Para hacerla más como de comiquitas
y algo molesta". La "agudeza" le ha valido un
Emmy como mejor actriz de reparto en una comedia, sopotocientas
nominaciones, y el amor-odio de la audiencia. Ahora también
lleva la voz cantante en su propio CD: Big as a Berry.
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SEAN HAYES
El tontuelo y frívolo Jack, amigo de Will en la serie,
nunca conocerá la madurez: "Interpreto a mi personaje
como si fuera una 'niña' adolescente", dice el estupendo
Sean Hayes, quien le da cuerpo y morisquetas a la criatura.
Toda una monada que le ha acarreado una lluvia de nominaciones
y un Emmy como mejor actor de reparto. Amable, ocurrente, dueño
de una limpia mirada azul y admirador incondicional de sus compañeros,
Hayes advierte que a diferencia de Jack "yo soy en la vida
real un tipo más bien aburrido. La verdad es que no conozco
mucho de lugares elegantes y esas cosas". De lo que sí
conoce el actor es de música: es pianista clásico.
"En los ratos libres me dedico a componer un poco y a tocar.
Me gustaría volver a hacerlo frente a una audiencia,
hace tiempo que no tengo el chance". Y ahí nos dejó
esa melodía. |
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