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Parejas
que no pueden dormir juntas
El necesita la radio encendida para poder
dormir; ella no puede conciliar el sueño
en medio del ruido. El comportamiento a la hora de ir a la cama
basta para mantener a cualquiera despierto toda la noche.
Stefan Demetriou
Son las dos de la madrugada en este momento.
Mi esposa ni siquiera sabe que estoy aquí escribiendo ya
que está en el piso de arriba durmiendo como un tronco. Estaría
con ella en la cama sólo con que me permitiera tener la luz
encendida o estar leyendo lo más reciente de Tom Wolf -o
bien si ella estuviese dispuesta a conversar lo sucedido en el día.
Desafortunadamente, en el mundo del sueño profundo, somos
dos polos opuestos. Del resto, tenemos una relación espléndida
y complementaria. Desde luego, peleamos por el control remoto o
por la decisión de dónde pasar las vacaciones. Sin
embargo, la mayor parte del tiempo nuestras vidas transcurren armoniosamente
-hasta que llega el momento de ir a dormir.
Pero no soy el único. Casi un
50% de las personas encuestadas recientemente en un sondeo de opinión
pública admitieron que, cuando se trata de dormir, son incompatibles
con su pareja. De hecho, prefieren leer un libro o ver la TV que
hacer el amor o conversar con sus cónyuges en la cama.
Para una tercera parte de las parejas
en países como el Reino Unido, el problema es tan grave que
respondieron que pasarían mejor la noche si pudieran ir a
la cama solos. Además, es alarmante que una de cada diez
haya aseverado que se sentía más cómoda con
su edredón que con su pareja. No es de extrañar que
todos estemos obsesionados por el singular asunto de cómo
comportarnos a la hora de ir a dormir. Esto no tiene nada que ver
con el hecho de sostener discusiones acaloradas. Ese es un asunto
totalmente distinto. Pero sí tiene mucho que ver con el respeto
al sueño de tu pareja. Es un asunto bastante serio. Si el
sueño es la nueva forma de tener sexo, la incompatibilidad
puede ocasionar la ruptura de la relación. El estudio revela
que es más probable que las parejas estén irritables,
deprimidas, no puedan concentrarse o sean propensas a buscar discusiones
con su pareja cuando han pasado una noche pésima.
En opinión del doctor Chris Alford,
el científico que compiló el estudio, "el sueño
es una necesidad básica y vital del ser humano. La falta
de sueño tiene un efecto perjudicial en la salud y en el
bienestar tanto físico como emocional de las personas. En
vista de que se pierde un mayor número de días de
trabajo por falta de sueño o problemas al dormir que por
ataques de asma, es sorprendente el hecho de que muchas parejas
estén sufriendo las consecuencias de incompatibilidad a la
hora de ir a dormir".
En lo personal, es un asunto en el que
estoy a punto de solicitar la intervención de Naciones Unidas
o, al menos, de establecer cierta forma de zona desmilitarizada.
Bastaría con un tabique. Mi esposa disfruta dormir al menos
ocho horas seguidas y, preferiblemente, mucho antes de la medianoche.
Las condiciones también tienen que ser las ideales: la habitación
tiene que estar totalmente oscura, la ropa de cama tiene que soportar
temperaturas árticas y no puede escucharse ruido alguno,
en lo absoluto.
Por mi parte, prefiero mantenerme hasta
el último minuto posible viendo la TV. De modo que, cuando
me voy a la cama, bien adentrada la madrugada naturalmente, me gusta
tener la luz encendida o escuchar mi iPod hasta que me quedo dormido.
En vista de estos patrones de sueño antagónicos, no
es difícil observar que tenemos una visión completamente
distinta de lo que significa exactamente REM (siglas que en inglés
corresponden a movimiento rápido del ojo, un tipo de sueño)
en la cama. Durante años, mi esposa me ha preguntado cada
mañana por qué nunca se me ha ocurrido la idea de
subir, cepillarme los dientes, desearle buenas noches, apagar la
luz y contar ovejas hasta que amanezca. Para ser sincero, ella me
dice todo eso con los ojos aún llenos de lagañas y
mientras me amenaza con lanzarme un tazón de cereales mientras
desayuna. "Sencillamente, no soy así", replico
en forma de protesta. "Margaret Thatcher sólo necesita
dormir cuatro horas".
En medio de bostezos, mi esposa le da
a esta excusa la falta de respeto que merece. Sin embargo, existe
un punto a mi favor. En lugar de dar vueltas en la cama toda la
noche pensando en lo que se me olvidó hacer en la oficina,
preferiría, con la cabeza todavía sobre la almohada,
chequear mis correos electrónicos a las dos de la mañana
o escuchar mis mensajes de voz en el celular. No creo que este comportamiento
sea una triste crítica de la era moderna, sino más
bien un empleo valioso de un tiempo que de otra forma se desperdiciaría.
Recientemente, me obligué a irme
a la cama junto a mi esposa y lo único que conseguí
fue tener un terrible sueño en el que el planeta era invadido
por insectos asesinos procedentes de Marte. No pude más que
atacar a uno de los extraterrestres. ¿Cuál fue mi
sorpresa al despertar? Le había dado un puñetazo a
mi mujer por la nariz. Tuvo que ir a trabajar con un ojo morado.
En realidad, no es una apariencia muy agradable en un periódico.
Durante mucho tiempo después de este incidente, a ella no
le importaba realmente dónde durmiera yo con tal de que no
fuese a su lado. Me levantó las sanciones sólo después
que una buena amiga de ella, que acaba de dar a luz, le explicó
que mi total desvelo nocturno sería una bendición
cuando decidiéramos tener un hijo.
Según la doctora Petra Boynton,
psicóloga especializada en sexología y relaciones
conyugales, nos presionamos demasiado a nosotros mismos si nuestras
costumbres a la hora de ir a dormir no coinciden con las de nuestra
pareja y no podemos lograr "un modelo idéntico de afecto".
"A causa de la presión social",
señala, "pensamos que nuestras relaciones tienen valor
si estamos completamente sincronizados entre nosotros". Agregó
que, en vista de que somos individuos, que sin duda llegamos a sentir
una atracción en parte por nuestras mismas diferencias, la
búsqueda de la relación ideal no es viable cuando
la aplicamos a los patrones nocturnos, en particular cuando todos
tenemos hábitos, rutinas y necesidades de descanso totalmente
distintas. Para empeorar las cosas, cuando no podemos lograr un
comportamiento semejante, automáticamente sentimos que hemos
fallado el uno al otro y entonces empiezan a surgir los sentimientos
de culpa y, por ende, los conflictos.
Si bien la doctora Boynton sostiene que
el entendimiento es un factor clave en todos los aspectos de una
relación, opina que es necesario que bajemos la presión
para estar a la altura de una relación ideal. Dormir en camas
separadas pudiera ser una buena alternativa. Ello no significa que
haya menos amor.
Así que esta batalla en torno
al comportamiento a la hora de ir a dormir quizás tenga un
final feliz. Luego de seguir el consejo de la doctora Boynton, mi
esposa y yo hemos aceptado que ambos tenemos razón, que los
patrones de sueño de cada uno son normales. Es algo obvio
-aunque fundamental- de entender. En nuestro caso, ahora me voy
a la cama junto con mi esposa, y una vez que ella "logra"
quedarse dormida, puedo salir de la habitación: ir abajo,
trabajar, leer o hacer cualquier cosa. La moraleja de esta historia
es que pase lo que pase, siempre nos despertaremos juntos. Después
de todo, esa es la regla más importante de todas, ¿cierto?
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