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La última
mano jugada

Pronto el grupito de cuatro estaba manos a la obra, o mejor dicho, entró en combate. Max Haines

EN MI VIDA he tomado dos veces lecciones de bridge. Nunca me atrevo a decir la razón por la cual tuve un gran deseo de convertirme en un experto. Sólo que en ese momento, bajo amenaza de arrancarme todas las uñas de los dedos, mi esposa insistió en que aprendiera a jugar ese juego de cartas infernal. En ambas ocasiones, lo dejé antes de tiempo. No podía soportar los gritos.

Es asombroso descubrir que el bridge ha precipitado más que puros gritos… ¿Podría creer que llevó a cometer asesinatos sangrientos?

Myrtle Adkins, una dama simpática que provenía originariamente de Arkansas, se encontró por casualidad con John Bennett en un tren. Estos encuentros casuales son los que a veces alteran nuestras vidas. Incluso, les ponen punto y final.

En Europa arrasaba la Primera Guerra Mundial, pero el altercado tuvo poco efecto en los dos jóvenes, quienes tras el encuentro en el tren, se convirtieron en inseparables. El 11 de noviembre de 1918 se casaron en santo matrimonio en Memphis, Tennessee.

Los Bennett, quienes residían en Kansas City, tuvieron un feliz matrimonio durante 11 años. John se ganaba la vida cómodamente representando una compañía de perfumes. Todo era luz y fragancias hasta que llegó el 29 de septiembre de 1929.
El día se inició lo suficientemente agradable. Los Bennett jugaron una ronda de golf con sus queridos amigos Charles y Mayme Hoffman. Más tarde, el grupo se retiró al departamento de los Bennett. Cenaron y planearon ir al cine. Sin embrago, sus planes cambiaron cuando los hombres se quejaron de que había sido un día agotador y tenían ganas de quedarse en casa.

Alguien sugirió una partida de bridge, los Bennett y los Hoffman decidieron jugar medio centavo por cada punto. Todos pensaron que una partida ligera era una sugerencia fabulosa, y pronto los cuatro estaban manos a la obra, o mejor dicho, entraron en combate.

Al principio, los Bennett parecían tener la suerte de su lado. Sin embargo, la huidiza dama pronto empezó a favorecer a los Hoffman. Cuando cambió la suerte de los Hoffman, también cambió la actitud de los Bennett del uno hacia el otro. De vez en cuando, John usaba ciertos términos no muy gratos hacia Myrtle como, por ejemplo, idiota, estúpida, y en momentos de pura desesperación, zopenca.

John Bennett estaba barajando. Inició las apuestas con una espada. Charles Hoffman le siguió con dos diamantes, y Myrtle se aventuró con cuatro espadas. Mayme Hoffman pasó, John Bennett también pasó. Charles Hoffman duplicó la apuesta y el resto de los participantes pasaron, lo que concluyó con las apuestas y se inició el juego.

Myrtle Bennett puso su mano en la mesa. Haciéndose la tonta, se retiró a la cocina a preparar algo de comer. Cuando regresó a la mesa, descubrió que su marido había jugado por los dos. Le reclamó que ella había apostado demasiado y estaba muy furioso.

Bienvenidos, a los que se abstienen de jugar bridge. Cuando Myrtle regresó a la mesa de preparar los tentempiés, su marido estaba encolerizado por la forma en que ella había jugado su última mano. Myrtle no se tomó la crítica muy bien. Le dijo a John: "Eres un pésimo jugador de bridge".

Tengo entendido que en ciertos círculos tal crítica es el inicio de una posible furia irrefrenable por parte del ofendido. John contestó. De hecho, hizo algo más que contestar y le dio una bofetada sonora a Myrtle. Aparentemente pensó que este tipo de demostración estaba lejos de reivindicar sus sentimientos heridos. Repitió la bofetada, no una vez si no dos veces más.

Myrtle estaba humillada. Además, le dolía la mandíbula. Lloró. Mayme Hoffman consoló a su amiga. Charles Hoffman sumó el puntaje. Después de todo, lo divertido es divertido. Ellos estaban por delante.

Con un resultado calculado adecuadamente y con Myrtle todavía llorando, Charles reprendió a John por echarle la culpa a su esposa. Tales cosas eran poco frecuentes entre los de su clase social. John Bennett respondió a su consejo amistoso echando a los Hoffman de su casa.

A Mayme y Charles no se lo tuvieron que decir dos veces. Mayme se puso el abrigo. Charles estaba siguiendo a su esposa cuando Myrtle Bennett, quien había desaparecido por unos minutos, regresó revólver en mano.

Charles Hoffman tan sólo pudo tartamudear: "Dios mío, Myrtle, ¿Qué estás haciendo?". No era necesaria una respuesta. Incluso si se hubiera producido de inmediato, se hubiera visto apagada por el rugido del arma. Myrtle disparó dos veces, en la puerta de la habitación y en el marco. Después, mejorando con la práctica, hizo dos disparos a John.

No sería muy cándido de mi parte no señalar que el cuarto disparo entró fatalmente por la espalda de John Bennett. Los disparos recibidos por la espalda son los más molestos. Tienden a no probar que la persona que estaba apretando el gatillo lo hacía para defenderse.

Se ha reportado que el mismo día después del tiroteo, la señora Bennett dijo: "Nadie excepto yo y mi Dios sabemos por qué lo hice".

Myrtle fue detenida por asesinato. Cuando llegó el momento, se celebró el juicio. La defensa no lo tuvo nada fácil cuando se descubrió que el considerado de John había comprado un seguro que dejaba a Myrtle rica al obtener 30.000 dólares, si él moría de forma accidental.

La defensa declaró que todo el incidente fue un accidente desafortunado. Según Myrtle, su marido iba a salir de viaje a la mañana siguiente muy temprano. Ella trajo el arma para entregársela a John, cuando se tropezó con una silla accidentalmente. El revólver se disparó dos veces. Entre el segundo y el tercer tiro, John se avalanzó hacia Myrtle para intentar desarmarla. Durante la pelea que siguió, el pobre John resultó herido dos veces, una en la espalda.

El asesinato de la mesa de bridge, como se le llegó a conocer, tuvo un final feliz para todos excepto para John. El jurado de Missouri creyó la historia de Myrtle Bennett. Muchos estudiantes del crimen también sintieron que cualquier hombre que abofetea a su esposa enfrente de la visita merece que se le dispare, accidentalmente, por supuesto.

Myrtle Bennett fue declarada inocente, colectó 30.000 dólares y desapareció sigilosamente. No existe registro alguno de cualquier otra persona criticándola por su juego de bridge. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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