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Las mujeres y la comida

Desde las que siempre están cuidando su peso hasta las que evitan la balanza, las mujeres no comprenden si escogen vivir o hacer dieta. Bárbara Ellen

Las mujeres son diosas en tantas cosas, que alguna debilidad debían tener, y lo que parece su mayor debilidad es su actitud ante la comida. Una vez estaba en un restaurante con una amiga que pidió una pizza y luego procedió a rasparle todos los ingredientes. Se los llevaba a la boca y los masticaba, mientras la base de masa yacía abandonada, como si a su buen gusto aquello le pareciera incomible. Por otra parte, también tengo otras amigas que caen presa de ataques de pánico al ver una cesta de pan, como si los carbohidratos viajaran en el aire y fuera posible inhalarlos. Al observar todo esto, ya no me molesto; sólo me siento ligeramente preocupada -y extrañamente masculina, como si engullera toda la cesta de pan y devorara la masa de pizza que sobró. De hecho, me asalta la siguiente pregunta: ¿Es posible ser una mujer hoy en día y que toda ocasión social no esté signada por el tema del peso?
Hay un nuevo restaurante en Berlín que atiende sólo a personas con anorexia y trastornos relacionados con la alimentación. Los platos fueron bautizados con nombres "graciosos" para tentar a los clientes, tales como "Hola" para la sopa de langosta y "Hambre Feroz" para las costillas de cordero. (Evidentemente, los anoréxicos tienen una definición de "gracioso" distinta del resto de las personas.) La cosa no termina allí. Hay un centro de orientación al que la gente puede acudir cuando tiene un ataque de pánico; el gerente es anoréxico y la anfitriona sufre de bulimia. Bromas aparte, los desórdenes relacionados con los alimentos son un asunto muy serio, por lo que ofrecer esta clase de servicio tiene cierto sentido para los que sufren estos trastornos. Pero luego es inevitable pensar: ¿Realmente necesita el mundo un restaurante que atienda sólo a gente con problemas de alimentación? Hubiera pensado que hoy en día todos los restaurantes deberían hacer eso.

En una oportunidad un hombre me acusó de usar mi vegetarianismo como una máscara para ocultar una "dieta secreta". Quedé consternada por esta afirmación, aunque no tanto como él cuando con mala intención lo pinché con mi tenedor en el momento en que trató de "ayudarme" con mis papas. Era evidente que toda mujer con la que había salido este hombre tenía alguna peculiaridad en términos de la dieta -vegetariana, de desintoxicación o de otro tipo-, cosa que le desagradaba. Expresado de esta forma, parece que hay un enorme número de personas con "alergia al maíz" hoy en día, que de alguna forma lograron sobrevivir a su infancia sin que las llevaran al hospital después de comer impulsivamente un plato de hojuelas de maíz. Y no nos olvidemos de todas las "vegetarianas estrictas" que repentinamente comenzaron a comer la mejor parte de la vaca todos los días cuando se popularizó la dieta Atkins. Esto es suficiente para hacernos pensar: quizás digan que es un estilo de vida saludable, pero de una forma cada vez más clandestina, ¿no son la mayoría de las dietas de la mujeres regímenes de moda la mayor parte del tiempo?

No soy inmune al temor de engordar. Un romance nocturno con helados de crema terminó abruptamente cuando me inflé hasta parecerme al logo de Michelin. Mientras desechaba el último pote en el fregadero, mi corazón estaba hecho pedazos ("Te adoro, pero debo dejarte ir"), pero nunca se me ocurrió decirle a alguien que sufría de una "alergia a bebidas deliciosas que causaban gordura".

Las amas de casa de los años cincuenta pudieran parecernos hoy anacronismos dignos de burla, debido a su rechazo a las tortas y las conversaciones sobre las dimensiones de la cintura, pero al menos eran honestas y francas respecto de las dietas.

Ahora parece que tenemos una nueva tribu de gente en "dieta secreta" que no desea engordar -igual que las amas de casa de los años cincuenta-, aunque trata de ocultar este antiquísimo anhelo detrás de alergias falsas y un interminable parloteo sobre desintoxicación y estilos de vida.

Quizás se trata de que las mujeres modernas se han vuelto tan paranoicas sobre su peso que a veces están en dieta sin saberlo. O de que realmente creen que están interesadas en su "salud" cuando siguen las instrucciones en un manual de dieta de desintoxicación y pasan un mes completo comiendo sólo uvas y bebiendo el rocío sobre las hojas hasta que finalmente colapsan y mueren en el transporte público.
O tal vez sea que la gente que sigue una "dieta secreta" sabe exactamente qué está haciendo, pero considera que el fin justifica los medios -el "fin" se refiere a perder peso y aburrir a hombres estúpidos en los restaurantes. En el fondo, por supuesto, la culpa es de la sociedad y de las exigencias que impone a las mujeres, que van más allá de la delgadez. (Un reciente documental de TV sobre hombres que se dedican a conquistar mujeres regordetas demostró que son al menos tan sospechosos como los que se interesan sólo en mujeres delgadas.) Una cosa es segura: respeto más a la clásica "chaparrita" que se sube con desánimo a la balanza todas las semanas que a la nueva tribu de gente que hace "dieta secreta". Cómo lo expresó la comunidad gay: sal a la calle y siéntete orgulloso, y si no puedes sentirte orgulloso, sé honesto.

 
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