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Víctima de una pasión

A veces las prostitutas se convierten en el único objeto del deseo de sus clientes. Max Haines

BILL DOUGLAS era un hombre grande e imponente, firmemente atrincherado como profesor de Anatomía y Biología Celular en la Escuela Universitaria de Tufts de Boston.

Bill y Nancy Douglas llevaban casados veinte años, tenían tres hijos y una cómoda casa en el suburbio de Sharon. No cabía duda de que el doctor de 42 años, había llegado muy lejos en el mundo académico.

Lo que el mundo académico no sabía, de hecho, lo que nadie sabía, era que el respetable doctor Douglas estaba profundamente relacionado con una prostituta de 20 años, Robin Benedict. A Robin la había recogido el profesor en el distrito rojo de Boston, comúnmente conocido como la "zona de combate".

Robin cobraba a Douglas 100 dólares por una hora de sus servicios. Aunque Robin consideraba al profesor uno más de sus clientes, Douglas quedó atrapado. Quería sexo de forma regular, pero también quería algo más. Disfrutaba de la compañía de Robin y le gustaba salir con ella socialmente. Iban al cine y al teatro juntos. A menudo hablaban sobre la carrera del profesor. Siempre, sin excepciones, no importaba la ocasión, Robin le cobraba su precio normal. Douglas quería ser tratado diferente a los otros clientes de la chica. Muchas noches trabajaba hasta tarde en el laboratorio, lo que le permitía tener una buena excusa ante su esposa, quien estaba acostumbrada a su extraño horario. Robin llamaba a Douglas después que su último cliente se había marchado. Entonces se juntaban y de esta forma él lograba una especie de satisfacción al saber que era el último hombre con el que dormía esa noche.

El esfuerzo de pagar 100 dólares por hora, lo que frecuentemente sumaba más de 500 por cita, empezó a afectar la economía del doctor Douglas. Para poder financiar su amorío, se le ocurrió una idea, que por un tiempo funcionó bastante bien. Puso a Robin en la nómina como asistente de laboratorio, presentándola a la universidad como una estudiante graduada del Instituto de Tecnología de Massachusetts.

Cada semana, Robin recibía un cheque por 200 dólares directamente de la universidad. No era mucho, pero cubría dos horas del tiempo del profesor. A pesar del costo, a Douglas le causaba gran placer hacerle regalos caros a Robin, para ello, a veces presentaba cuentas de gastos fraudulentos a la universidad. Hacía muy poco para esconder los gastos, que ya habían sido detectados por sus propios empleados. Douglas recibió un aviso de que sus gastos estaban siendo auditados. La amenaza de ser auditado no le asustaba. Ubicó gente ficticia en la nómina y le daba los cheques a Robin. En poco más de un año, había defraudado a Tufts en unos 67.000 mil dólares.

Durante este tiempo, Robin vivía bien. Se compraba regalos para ella misma, los cuales, combinados con los que recibía de Douglas, hacían que cada día pareciera Navidad.

En el otoño de 1982, Nancy Douglas finalmente empezó a sospechar. Las ausencias nocturnas de su marido ahora eran la regla en vez de la excepción. Confrontó a Bill, quien confesó que había otra mujer. Pero no estaba todo perdido. El rompería su relación con Robin y así salvaría su matrimonio. Bill mintió a su mujer. Siguió viendo a Robin.

Hacia fines de año, Robin se las arregló para extraer 25.000 dólares de Douglas, los cuales, junto a un préstamo bancario, le permitieron comprarse una casa en Malden. Dos cosas encendieron a Douglas. Primero, Robin no quería decirle la dirección de su nueva casa. Segundo, se enteró de que ella estaba viviendo con su proxeneta en la casa que él había ayudado a financiar. Ahora que había sacado hasta la última gota de sangre del tonto, Robin intentó salirse de la relación que tenía con Douglas. El profesor no se lo tomó tan bien.

Douglas pudo convencer a Robin para irse de viaje tres días con él a Plattsburgh, Nueva York. No sería barato. El precio sería de 1.000 dólares dólares por día. Cuando se acabó el viaje, el profesor tuvo problemas para reunir los 3.000 dólares. Cuando el tiempo empezó a pasar, Robin insistió en que se le pagara y demandó una suma adicional de 2.000 dólares en intereses.

El 5 de marzo de 1983, el profesor Douglas convenció a Robin para que lo visitara en su casa mientras su familia se encontraba afuera, con el pretexto de que tenía la suma total de 5.000 dólares para dársela. Según la última declaración de Douglas, Robin llevaba un martillo de kilo y medio con ella. Sin embargo, es posible que él tuviera el martillo a la vista de Robin.

Se encontraron en el cuarto. Según Douglas, Robin le golpeó en la cabeza con el martillo. El se lo quitó y golpeó la cabeza de ella, partiendo su cráneo y exponiendo su cerebro. Douglas curó su propia cabeza antes de tirar sus sangrientas ropas en una bolsa junto con las de Robin. El gran martillo lo puso en un bolsillo de una chaqueta, pero parecía ser demasiado grande. Devolvió la chaqueta al armario y puso el martillo en una bolsa.

Sorprendentemente, había poca sangre por la habitación. Douglas limpió la sangre con toallas de baño. Entonces arrastró el cuerpo y las bolsas con el material incriminatorio hasta el auto de Robin.

Douglas tiró la bolsa con ropas en un barril de basura que se encontraba en la autopista. Continuó manejando hasta Rhode Island donde tiró el cuerpo de Robin en un basurero que se encontraba cerca de un centro comercial. Cubrió el cuerpo con basura y manejó hasta Providence, donde estacionó el auto.

A la mañana siguiente, Nancy Douglas se encontró con su marido en la parada del autobús de Sharon cuando él llegó a casa. El la había llamado para que se encontraran allí. Aunque ella le pidió que le dijera qué había estado haciendo toda la noche, él se negó.

Más tarde, Douglas recogió el auto y manejó hasta la ciudad de Nueva York, donde lo dejó en un garaje. Tomó la precaución de quitarle las placas con la matrícula. De hecho, Douglas abandonó el coche.

Un día después de haber depositado las sangrientas ropas en la basura, dos hombres que andaban buscando botellas vacías descubrieron las ropas e informaron a la policía. Se chequeó la ropa con las personas desaparecidas. El proxeneta de Robin había denunciado su desaparición. Informó que cuando la vio por última vez ella se había ido a la casa del profesor a colectar su deuda. También contó a la policía de la larga relación entre Robin Benedict y el profesor.

Cuando los detectives llamaron a la puerta del profesor, ya era un sospechoso, aunque no se había recuperado el cuerpo de Robin. Muchas cosas del interior de la habitación de Douglas fueron enviadas a un laboratorio forense para ser analizadas. Dentro del bolsillo de una chaqueta los técnicos del laboratorio pudieron aislar una diminuta partícula de cerebro humano, que, no cabía duda, provenía de la cabeza del martillo cuando Douglas lo puso ahí temporalmente.

La ropa llena de sangre encontrada por los buscadores de botellas se identificó como perteneciente al profesor y a Robin.

El profesor Douglas fue arrestado y acusado de asesinato. Durante un año aseguró que Robin se había ido de su casa esa noche viva y bien, y que esas evidencias incriminatorias habían sido plantadas en su cuarto.

Dramáticamente, la mañana del juicio por asesinato, Douglas confesó y se declaró culpable de asesinato no intencionado. Fue sentenciado a entre 18 y 20 años en la prisión estatal de Walpole.

El cuerpo de Robin Benedict no fue encontrado nunca. Se cree que está en un basurero central usado por una compañía de recolección de basura, que recogió el cubo de basura en el que el profesor depositó el cadáver. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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