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Morgan Freeman y Jack Nicholson se unen en pantalla para encarnar a dos hombres acechados por la muerte, pero, paradójicamente, llenos
de vida.
Estampas conoció
de viva voz las impresiones
de estos colosos sobre
Antes de partir
Por Efraín Castillo. Los Ángeles

¿Se imagina a Morgan Freeman y a Jack Nicholson saltando juntos en paracaídas? ¿Le cabe en la cabeza que este par maneje vehículos de carrera cual duques del peligro? Sí, parece imposible, sobre todo porque ambos actores ya llegaron a los 70 años de edad, pero eso es exactamente lo que usted verá si se acerca a las salas de cine a partir del primero de febrero, cuando se estrene en Venezuela Antes de partir (The Bucket List), la más reciente película que los dos protagonizan. Eso sí, ni por un momento piense que las peripecias de Freeman y Nicholson son parte de una película de acción o constituyen una payasada de los filmes que buscan éxito a costa de cualquier fórmula. Al contrario, constituyen tan sólo la fibra jocosa o el gancho de una historia mucho más profunda: la de vivir, aunque quede poco tiempo para hacerlo. Nicholson y Freeman encarnan a Edward Cole y Carter Chamber, respectivamente, dos hombres con cáncer, quienes deciden invertir los últimos seis meses de su vida haciendo lo que alguna vez quisieron, pero que postergaron por miles de razones.

La aventura de Edward (empresario millonario) y Carter (mecánico de automóviles) se inicia en el cuarto de hospital que ambos se ven obligados a compartir mientras reciben tratamiento médico. Como quien sabe que la muerte se acerca, Carter (Freeman) decide escribir su "lista de cosas para hacer antes de partir" y Edward (Nicholson) decide acompañarle. A partir de entonces comenzará el viaje, que incluirá asuntos tan disímiles como "visitar la Muralla China", "comer caviar en París", "ayudar a un perfecto desconocido" o "besar a la chica perfecta". Todo esto matizado con diálogos a ratos hilarantes, a ratos muy conmovedores. Y es que aunque la temática de la muerte ronda la historia de estos personajes, para el director de la cinta, Rob Reiner (realizador de filmes como Miseria o Cuestión de honor), Antes de partir dista mucho de ser dramática o sentimentalista. "Lo importante era no caer en la tentación de hacer cosas cursis y encontrar una vía para que la gente se riera aun de estos asuntos tan serios. Nos aseguramos de que el sentido del humor siempre estuviera presente, porque de eso se trata: de lidiar con el humor y la emoción, como en la vida real. Tarde o temprano llegará la muerte, pero hay que enfrentarla con sentido del humor".

El guionista de la cinta, Justin Zackham, quien debuta en Hollywood con esta historia, dejó claro que siempre quiso hablar de vida. "Mientras escribía esta película, mi abuela se enfermó gravemente y decidí entrevistarla. Cuando me habló, vi en ella tanta alegría, tantas ganas de vivir a pesar de su estado, que supe que ése tenía que ser el tono del guión". Quizás por eso los personajes de esta historia disertan sobre la fe, la mortalidad y las relaciones personales mientras se tatúan la piel o vomitan por la quimioterapia. Risa y llanto, en la dosis justa.

Bajo presupuesto,
grandes actores

Antes de partir no es una superproducción. El dinero
que Warner Brothers invirtió
en esta película está muy por debajo de otras cintas del
mismo estudio. Su presupuesto se estima extraoficialmente
entre 40 y 60 millones de
dólares, poco menos de la tercera parte de lo que la empresa destinó a uno de sus proyectos más grandes de 2007: Harry Potter y la Orden del Fénix.

De hecho, durante el lanzamiento de la película en Los Ángeles, los productores reconocieron que tuvieron que utilizar los clásicos trucos de Hollywood para simular muchos de los escenarios donde se desplazaron los personajes. La treta está tan bien lograda que le costará creer que la escena en la que los protagonistas caminan junto a decenas de extras por los jardines del Taj Mahal en La India es sólo fantasía. "Cuando le dijimos al estudio que queríamos hacer una película de dos
ancianos que se estaban muriendo no fue mucho el dinero que quisieron soltar -bromea Alan Greisman, productor ejecutivo del proyecto. Por eso las locaciones alrededor del mundo no son tales, fueron hechas en un estacionamiento de Los Ángeles. Lo demás fue recurrir al montaje visual, tal y como se hacía en los años treinta y cuarenta".

Y es que el gran lujo de esta cinta no está en los efectos especiales, sino, precisamente, en los nombres de peso que encabezan las marquesinas: Nicholson y Freeman. Los dos ganadores del Oscar decidieron participar en el filme luego de que Nicholson leyera el guión. "Fue Jack el que nos dijo que ningún actor podría hacer mejor el papel de su compañero que Morgan Freeman", aseguró Craig Zadam, otro de los productores. "Inmediatamente llamamos a Morgan y al saber que Nicholson estaría allí, no lo dudó".

Estos monstruos del cine mundial tuvieron que esperar más de 50 años para trabajar juntos, pero dicen que es la mejor experiencia que han tenido en su carrera. "Morgan y yo nos conocemos desde hace tiempo y siempre quisimos hacer algo", dice Nicholson. "Tenemos la misma sensibilidad y nos entendemos tan bien que las escenas las hicimos en dos o tres tomas, todo un récord para la industria". "Para mí fue un sueño hecho realidad trabajar con Jack", suelta de inmediato Freeman. "Cada día fue perfecto e hicimos lo que quisimos".

Junto a ellos, destaca la actuación de Sean Hayes, quien con su papel en esta película pareciera zafarse de Jack, aquel hilarante y revoltoso homosexual con el que hizo de las suyas en la serie de televisión Will & Grace y por el que ganó un Emmy como Mejor Actor de Comedia. Aunque la participación de Hayes en Antes de partir es relativamente pequeña, su interpretación de Thomas,
el comprensivo (y a veces ácido) asistente de Nicholson luce convincente. "Lo que más me gustó de este personaje -aseguró Hayes en rueda de prensa- es la relación que tiene con su jefe, porque nunca lo trata como un superior. Siente que ambos son emocionalmente iguales y se convierte en mucho más que su asistente". Pero más que dejar atrás el personaje de televisión con el que siempre lo han asociado, Hayes cree que su mejor oportunidad fue estar en el mismo estudio con Nicholson y Freeman. "Es fenomenal trabajar con estas dos leyendas vivientes. Ellos aman actuar y yo adoro eso de ellos, aprendes mucho".

Durante la filmación de esta película los actores tuvieron tal libertad de trabajo que pudieron agregar textos que no estaban originalmente en el guión. "Unas semanas antes del rodaje, estuve interno con una gran infección", dice Jack Nicholson. "Y fue tan impactante la experiencia para mí, que decidí sumar esas vivencias a mi personaje. Le pedí al director incluir algunas frases que respetaran el sentido original de la historia". "Nunca había dormido en un hospital, por favor no permitas que despierte paralizado", fue una de las líneas que Nicholson sumó a su personaje Edward, gracias a lo que había vivido como ser humano. Para Rob Reiner, estas licencias creativas enriquecieron Antes de partir. "Todos los miembros del equipo incorporaron recomendaciones y eso se nota en pantalla. Estos dos actores son tan buenos que saben que el mejor regalo que pueden darle a su compañero de historia es una buena actuación, porque están conscientes de que, como en el básquetbol, trabajando en equipo pueden ayudar en su propio trabajo".

Justin Zackham, el guionista, usa una frase que resume lo que significó que estos actores dieran vida a su historia: "Qué bien sonaron mis palabras en sus bocas".

Vivir como si fuera el último día
"Encuentra la felicidad" le dice Carter (Morgan Freeman) a Edward (Jack Nicholson) mientras comparten sus últimos días de vida. Parece un lugar común o uno de esos consejos de libro de autoayuda, pero es quizás la lección más importante que deja Antes de partir, al menos para sus realizadores y protagonistas. "Yo no he encontrado esa felicidad -reconoce Sean Hayes, cuando se le pregunta. Pero ésta es una de esas películas que se quedan contigo porque te inspira, te hace pensar sobre lo corta que es la vida y sobre lo que puedes hacer para mejorar, para afectar positivamente a los tuyos. Creo que la gente se va a sentir muy identificada".

Hasta para Freeman y Nicholson este filme fue una razón para confrontar en la vida real sus miedos a la muerte o la enfermedad. "No creo que quiera vivir para siempre -dice Freeman- aunque me gustaría vivir por mucho más tiempo. Sin embargo, no le tengo tanto miedo a la muerte como a la forma en que pueda morir. No quisiera morir de una manera embarazosa". Nicholson es tajante, cree que el miedo a la muerte paraliza. "Mucha gente deja de vivir su presente pensando en que puede perder la vida en ello y eso me parece absurdo".

El director Rob Reiner lo resume de esta manera: "Hay una hermosa canción al final de la película, original de John Mayers, que dice "Say what you need to say" y de eso es de lo que se trata. De decir las cosas que necesitas a las personas que son importantes para ti, antes de dejar este mundo". Ojalá muchos puedan lograrlo antes de que la muerte toque sus puertas. A fin de cuentas, como dice uno de los personajes: "Vivimos y morimos y la rueda de este autobús sigue girando".

Fotos: Cortesía Warner Brothers

efcastillo@eluniversal.com

¿Rumbo al Oscar?
Considerado por sus propios productores como un filme "modesto", The Bucket List recibió críticas mixtas de la prensa de Estados Unidos. Pocos días después del estreno, páginas especializadas como boxoffice.com afirmaban: "Es imposible no darle un lugar como competidor en los Oscar". Sin embargo, hoy se sabe que es poco probable que esto ocurra. Lo cierto es que la cinta ya obtuvo un primer triunfo: La National Board of Review, organización de críticos de cine, la ubicó entre las 10 mejores. Y aunque no estén entre los favoritos, no sería descabellado que alguno de los dos protagonistas figure entre los nominados al premio de la Academia para el Mejor Actor. "Yo no selecciono papeles dependiendo de las posibilidades de que ganen un premio", es lo que dijo Nicholson al ser consultado sobre el tema.
 
En el mismo salón con Jack y Morgan
"Quisiera convertirme en un asesino en serie para matar a todos los que hagan preguntas estúpidas". Así comenzó Jack Nicholson la rueda de prensa con medios de varias partes del mundo, ofrecida a propósito de The Bucket List, en el hotel Beverly Hilton de Los Ángeles, California. La respuesta fue una demostración más del estilo de Nicholson, conocido no sólo por su extraordinario talento como actor, sino por su carácter irreverente y su humor negro. Nicholson no asume ninguna pose cuando habla y no teme ser políticamente incorrecto. Mientras escucha las preguntas, se echa hacia atrás en la silla que han dispuesto para él (quizás displicencia, quizás cansancio tras tres ruedas de prensa en menos de una hora) y a ratos responde con sarcasmo, a ratos reflexivo. Eso sí, siempre dirá lo que piensa, no importa si genera polémica o si los titulares de los periódicos se vuelven en su contra. "¿Qué incluirías en tu bucket list?", le inquiere un reportero. "Quisiera resucitar", responde. Las risas empiezan, todos creen que Jack bromea, pero quién sabe, muy probablemente Nicholson esté hablando más en serio que nunca. "Siempre he dudado de la gente que dice que no quiere vivir para siempre. Aunque he entendido que morirse es un asunto de equilibrio ecológico", agrega en tono filosófico o quizás invadido por la onda verde que impuso Al Gore en Hollywood.
Mientras Nicholson habla, Morgan Freeman lo observa cual compañero de juerga que disfruta de las travesuras de su amigo, el chico malo de la partida. Por momentos lo interrumpe con alguna frase, pero la mayor parte del tiempo se ríe a carcajadas, incluso cuando Jack habla de su rostro. "La gente me pregunta qué descubrí al trabajar con Morgan. Pues tengo años conociéndolo, pero nunca me había fijado en los lunares que tiene alrededor de sus ojos. Ése fue un gran descubrimiento". Freeman se gana a los periodistas en la sala con un gesto de cortesía: saluda en varios idiomas y coquetea inocentemente con algunas de las damas del grupo. "¿Estás casada? ¿No necesitas un novio?". Escucha atentamente cada pregunta del panel de reporteros, aunque tenga que hacer un esfuerzo para entender a algunos que no hablan bien el inglés. "Quisiera contar historias desde mi punto de vista, comenzando como productor", dice ante la pregunta de qué proyecto profesional quisiera desarrollar luego de tantos años de carrera. Jack Nicholson agrega: "Como actor uno hace lo mejor posible, o lo que le es posible, por eso a veces quisiera retroceder el tiempo y rehacer los personajes que he interpretado".
Al final, los dos se despiden amablemente, pero nada de fotografías o autógrafos. Sin embargo, queda en el ambiente el haber compartido, aunque sea por 20 minutos, con dos verdaderas luminarias de la industria del cine. Algunos incluso habrán tachado de su "lista de cosas por hacer" un ítem: "conocer a una estrella de Hollywood".


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