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En 2004
ellos se fueron a los extremos

Unos tocaron el cielo, otros el fondo del mar y otros llegaron a tierras remotas. Ellos no conocen de medias tintas y desafían los elementos de la naturaleza por alcanzar una meta. Son las hazañas logradas, este año, por varios deportistas y expedicionarios venezolanos. Aventúrese a saber quiénes son y cómo lo hicieron. Idalia De León

Lejano Polo Norte
Proyecto Cumbre
No sólo fue plantearse coronar con éxito la montaña más alta del mundo, el Everest (Tibet), meta alcanzada en mayo de 2001, sino poner el pie y sembrar la bandera venezolana en el inhóspito y lejano círculo polar ártico. El mes de abril fue la fecha en la que Martín Echevarría, Carlos Castillo, Marco Cayuso, Marcus Tobía y Carlos Calderas, los cinco expedicionarios pertenecientes a la organización Proyecto Cumbre, llegaron al Polo Norte en una travesía de 17 días. Puestos a comparar, no fue escalar el Everest, la aventura que se les hizo "más cuesta arriba" a los de Proyecto Cumbre, sino caminar por el extenso y congelado Océano Artico, en medio de un paisaje uniforme, que les hizo sentir como si marcharan sin avanzar, como si andaran por sobre una banda transportadora de hacer ejercicios. No se tropezaron con ellos, pero vieron las huellas de los osos polares; sufrieron una temperatura de 20 grados bajo cero, y supieron lo que era pasar los días sin que llegara la noche. A pesar de la frustración que llegaron a sentir, lograron la meta felices, tanto, que ya está programada la expedición al también remoto Polo Sur. Ambos viajes se enmarcaron en el programa Desafío Polos: Venezuela en los Extremos de la Tierra.

 

En el fondo del mar
Carlos Coste
No le llaman pulmones de acero, pero sí Rey Neptuno y acquaman. Con 27 años de edad, el apneísta venezolano Carlos Coste, considerado como uno de los mejores del mundo, estableció este año dos nuevos récords mundiales. El primero fue en la modalidad de Peso Constante, y las aguas de Puerto Cruz, Estado Aragua, fueron el escenario. Allí, el joven se zambulló en la tarde del 3 de octubre, tardando sólo 3 minutos y 33 segundos en sumergirse 90 metros y subir a la superficie. El récord anterior le pertenecía al francés Guillame Neury, quien había descendido 87 metros. Para los que no lo saben, la modalidad de Peso Constante consiste en sumergirse (sin tocar el fondo) y emerger del agua con la única ayuda de las piernas y sin valerse de ningún otro recurso artificial. El otro récord lo alcanzó en Mochima, el pasado 28 de octubre, y fue en la modalidad de Peso Variable (ayudado con un lastre) al sumergirse en el mar 135 metros de profundidad y ascender en 4 minutos 36 segundos. El récord mundial no oficial le pertenecía al italiano Gianluca Genoni, quien descendió 133 metros, y el oficial, avalado por la Asociación Internacional de Apnea (AIDA), a Patrick Musimu, de Bélgica, quien había descendido 120 metros.

 

Juan Carlos Riveroll González
y John Machado Añez

Pisando alto
Son los más jovenes en haber alcanzado la cima del Cotopaxi, el volcán activo más alto del mundo y la segunda montaña más alta de Ecuador con sus 5.897 metros -la más alta es Chimborazo de 6.310 metros-. "Llegar a la cima fue tocar el cielo. Estaba agotado, es verdad, pero muy emocionado", dijo el joven de 17 años, quien realizó esta aventura en compañía de su primo John Machado, y otros familiares. Se prepararon subiendo El Avila, trotaban tres días a la semana, montaron bicicleta; le exigieron a su cuerpo lo máximo, todo, para que el volcán no se quedara esperándolos, para que la cima les fuese un objetivo posible. En efecto, el 7 de septiembre, después de haber coronado el volcán Carihuairazo (5.020 metros), emprendieron el reto que los llevó a Ecuador: llegar a la cima del Cotopaxi.


Rui Mendes
Al imponente Kilimanjaro
"El Kilimanjaro -escribe Ernest Hemingway en el cuento Las nieves del Kilimanjaro- es una montaña cubierta de nieve de 5.895 metros de altura, y dicen que es la más alta de Africa. Su nombre es, en masai, Ngáje Ngái, 'la Casa de Dios'". Y hasta allá, hasta esa cima donde habita Dios, quiso llegar -y llegó- Rui Mendes. Sin conocimientos de alpinismo, con la experiencia que sólo da el coraje y el haber recorrido medio mundo, logró llegar a la cumbre luego de haber rodado, durante 42 días, por varias regiones de Africa. Pero el reto fue gratificante, emocionante. Mendes coordinó la Expedición Africa Kilimanjaro 2004 en la que también participó un grupo de 15 españoles, quienes, a los ocho días de iniciar la travesía, decidieron seguir otro rumbo, dejando a Rui solo con su objetivo de escalar el Kilimanjaro. En el camino pasó -así no más y por mencionar sólo algunos destinos- por el Desierto del Kalahari en Botswana, vio de cerca las Cataratas Victoria -ubicadas entre Zambia y Zimbabwe-; conoció la selva húmeda de Africa Central, el parque natural Serengeti de Tanzania y las estepas de la reserva Masai-Mara en Kenia. Namibia y Malawi también se sumaron a la hoja de ruta. En total recorrió 31 días en solitario, fue víctima de un robo, y vio muy de cerca la realidad de la hambruna de Africa. Escribirlo es fácil, pero pregúntele a Rui, él le contará.

Albeo Otazo
Pedal montaña arriba
Tiene 64 años y el orgullo de poseer la medalla de oro en el Campeonato Mundial de Mountain Bike Cross Country de Canadá, que se llevó a cabo en septiembre de este año. Le dieron la medalla porque en su categoría, master 60-64, fue el primero en completar las dos vueltas de siete kilómetros en el tiempo de una hora tres minutos y siete segundos. Otazo, barquisimetano y con más de 48 años pedaleando, se impuso sobre 32 corredores de alto nivel. "En 2003 me caí cinco veces, y les advertí que regresaría para vencerlos", dijo en una entrevista concedida a El Universal, y en efecto, volvió con más brío, porque en esta oportunidad les hizo morder el polvo de la derrota a los triunfadores del año pasado. Igualmente, en noviembre de este año ganó el Campeonato Nacional Master Categoría C (más de 50 años).

"Soy el primer latinoamericano que gana un campeonato mundial en ciclismo, y el primer venezolano que ostenta un título mundial en un deporte que, aunque cueste creerlo, está catalogado por la Unión Ciclista Internacional como el deporte más arriesgado y peligroso del mundo", señala orgulloso Otazo. l


Ver también en Encuentros:
- La nueva gran estafa (Ocean's Twelve). Una broma de buen gusto

 
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